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Domingo, 29 de Marzo de 2026

El arte y lo sagrado: polémicas habituales y blasfemias selectivas

Cristina Pérez junto a la obra de su autoría que fue vandalizada.


  

El reciente escándalo en la Universidad Nacional de Cuyo por una muestra de arte devela una vieja tensión entre el arte y lo sagrado, donde aparece el concepto de blasfemia. Sólo que veces, parece haber cierta selectividad para blasfemar contra unos, pero no contra otros.





n 2004, un cardenal argentino repudiaba con estas palabras —dirigidas a sacerdotes, pero abiertas a toda la comunidad— una muestra de arte que consideraba blasfema: «Desde hace algún tiempo se vienen dando (...) algunas expresiones públicas de burla y ofensas a las personas de nuestro Señor Jesucristo y de la Santísima Virgen María; así como también a diversas manifestaciones contra los valores religiosos y morales que profesamos. Hoy me dirijo a ustedes muy dolido por la blasfemia que es perpetrada (...) con motivo de una exposición plástica. También me apena que este evento sea realizado en un centro cultural que se sostiene con el dinero que el pueblo cristiano y personas de buena voluntad aportan con sus impuestos. Frente a esta blasfemia (...) todos unidos hagamos un acto de reparación y petición de perdón (...)».

La muestra de la polémica era nada menos que de León Ferrari (1920-2013), considerado en su momento por el New York Times como uno de los artistas plásticos más provocativos del mundo. Y quien firmaba la carta de repudio era nada menos que Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, quien nueve años más tarde iba a ser ungido como papa Francisco, máxima autoridad mundial de los católicos.

Arte y religión: vieja relación

La tensión entre el arte y lo «sagrado», como está visto, ni es nueva ni es inédita en la Argentina. Por eso el escándalo suscitado en la UNCuyo por la muestra de arte a propósito del «8M» no resulta una extravagancia. En su momento, con piezas aun más sutiles y refinadas, Ferrari provocó las quejas de la Iglesia y sufrió el ataque de grupos radicalizados. Aquí se vio un eco de aquello, con obras pictóricas o escultóricas que representaban, por ejemplo, una versión femenina y con cabeza de vaca del Cristo crucificado o una vagina que transmutaba en la imagen popular de la Virgen María. Y se vio la queja de la Iglesia local por lo que consideraban una ofensa, de parte de una universidad pública que debería velar por el respeto general. Y se vio luego lo peor de todo: el ataque vandálico de los fundamentalistas, con acciones que fueron rechazadas hasta por el propio arzobispado.

Lo que prueba esta clase de hechos es algo que sorprende a quienes podrían pensar que el arte está exento de otro contenido que su propia estética (el arte por el arte). Entender que esto no es así permite, a la vez, descubrir algo más: que el afán blasfemo del arte en nuestro ámbito tiende a ser selectivo.
En nuestra cultura (en la que el catolicismo es parte basal de una estructura social, cultural, legal, etc.), las bellas artes no han sido solamente una expresión plástica, sino que han servido de exaltación, prédica y representación de contenidos religiosos, especialmente católicos. Algunas de las obras maestras de la pintura universal han tenido este fin: desde los manuscritos iluminados y Giotto a las obras finales de Dalí, pasando por El Bosco, Leonardo, Miguel Ángel, Velázquez o El Greco. Si se quiere, esa práctica llega hasta nuestros días y nuestra región, ya que, por ejemplo, la obra de un pintor como Sergio Roggerone puede encuadrarse en esta línea.

Blasfemias «selectivas»

Ahora bien, en cuanto a la blasfemia, hay que decir que este es un concepto complejo: la blasfemia puede tener un aspecto, digamos, «subjetivo» (lo que le parece blasfemo a uno puede no parecerle a otro) y otro «objetivo» (se practica con el conocimiento de que lo que se produce subvierte un sentido conocido y sabe de su repercusión).

Lo que se observa aquí es una blasfemia selectiva: se practica con la iconografía de una religión particular, pero se evita con sugestivo cuidado hacerlo con otras. Así, una muestra catalogada como «feminista» apunta su blasfemia, subjetiva u objetiva, más usualmente contra el catolicismo, pero no contra el judaísmo o el Islam. ¿Qué sucedería si se utilizara el arte con afán blasfemo —algunos con eufemismo lo llamarán «crítico»— contra la simbología o el credo judíos? ¿No se lo calificaría de antisemita? O, para ir más allá: ¿por qué no se blasfema artísticamente contra algunas leyes de la sharía, que prohíben a las mujeres mostrarse si su cuerpo no está tapado por el burka?

En este último sentido, es llamativa la selectividad, dado que los países en los que las democracias han florecido (y en los que la idea de libertad de expresión más se ha difundido) son mayormente aquellos en los que ha predominado el cristianismo. Y esto puede o debería verlo un ateo —como quien firma—, un agnóstico, un deísta o un creyente. Todo el mundo, en suma. Si la blasfemia, o la «crítica», se emprende con selectividad contra el cristianismo, tal vez (sólo tal vez) ello sea producto de una miopía ideológica traducida en arte.

El papel de la universidad

Por último, hay que preguntarse por el papel jugado aquí por la institución que avaló la muestra. En 2018, y con el fin de asegurar la «laicidad» de la institución, la UNCuyo decidió retirar todos los símbolos religiosos (algunos, en sí mismos, también obras de arte) de sus edificios. A pesar de ello, ahora propició una muestra plagada de imágenes religiosas, aunque fueran blasfemas.

Algunos querrán exorcizar o eximir a estas imágenes de la muestra «8M - Manifiestos visuales» de todo contenido religioso con el «agua bendita» del arte y la libertad de expresión. Sin embargo, ¿acaso esas obras artísticas exhibidas tendrían el mismo valor si no hicieran uso de la simbología religiosa? Si la respuesta no es afirmativa, ¿por qué entonces se exhiben en un lugar donde la simbología religiosa fue excluida?

También aquí, al parecer, hay selectividad, y unas simbologías son más simbólicas que otras.


Miercoles, 6 de Marzo de 2024

Benedicto XVI: ¿el adiós al Papa que perdió la fe?

Un guardia suizo custodia en el Vaticano el cadáver de Benedicto XVI. Foto: AP.




a muerte de Joseph Ratzinger, papa Benedicto XVI para la Iglesia Católica, ha permitido ver unas exequias inéditas en el Vaticano, la santa sede de esta religión, la mayoritaria en el planeta y basal para nuestra cultura.

Las claves que hacen tan especial el funeral de este papa católico tienen que ver con la excepcionalidad de su figura, al tratarse de un papa emérito, algo pocas veces visto en la historia. En particular, porque Benedicto XVI llegó a ese puesto tras una renuncia en 2013 a su cargo, al que había llegado para ocupar el puesto que dejó Juan Pablo II (Karol Wojtila) con su muerte, en abril de 2005.

El pontífice alemán termina sus días con una historia particular: llevó el hábito de papa emérito durante más años que el de papa efectivo, dejó lugar a la primera designación de un papa americano (el argentino Francisco I) y dejó una estela de misterio alrededor de las razones de su abdicación.

Por un lado, el fallecimiento provocará, entonces, algunos hechos nunca vistos en la historia de la Iglesia Católica.

Por ejemplo, el funeral a un papa estará encabezado por un papa. La muerte no llevará a la elección de otro. Y, finalmente, será destruido el anillo del pescador, emblema que lucen los papas en el anular de su mano derecha. Este anillo es legado de un papa a otro, pero en el caso de Benedicto XVI se construyó uno para que él siguiera luciendo el suyo y Francisco tuviera el propio.

Entre los pocos antecedentes a la renuncia del papado aparecen la de Celestino V (1294), quien al parecer no estaba en sus cabales. La última había sido la de Gregorio XII, quien dejó el cargo en 1415 como “sacrificio” personal para solucionar una serie de conflictos eclesiásticos que dio en llamarse “Cisma de Occidente”.

¿Por qué renunció el papa Benedicto XVI?

Ahora bien, ¿cuál fue la razón para que el 28 de febrero de 2013, Benedicto XVI acabara renunciando? Las excusas oficiales no tienen por qué ser rechazadas de antemano y hablaban de una debilidad de salud que le impedían a Ratzinger entregarse a pleno a su papado. Según el propio obispo: “Llegué a la certeza de que mis fuerzas, debido a una edad avanzada, ya no son aptas para un adecuado ejercicio del ministerio petrino”. Otras voces, sin embargo, han hablado de un debilitamiento en otro sentido: el que sintió el Santo Padre de los católicos por diversos escándalos y también por una intención de miembros de la iglesia que habrían propugnado un aire más progresista en la Iglesia. El alemán cargaba con una fama de conservador, a veces poco justificada si se tienen en cuenta cuestiones como que fue el primer papa en hablar del uso del preservativo como un “acto de responsabilidad” en casos puntuales.

Sin embargo, otra de las hipótesis que se manejan resulta, para muchos, más inquietante. Y tiene que ver con la aparición de una “noche oscura del alma”, que se extendió hasta el fin de sus días. Con ese término se alude al célebre poema de San Juan de la Cruz, poeta y místico español, que pone en palabras un momento de duda ante la fe religiosa.

En el caso de Ratzinger estamos no sólo ante un papa y nada más, sino a un teólogo y filósofo de gran magnitud, autor de textos notables, además de sus encíclicas y conferencias. Entre estas últimas, hay una que destaca sobremanera: el “Discurso de Ratisbona”, cuyo título original era “Fe, razón y la universidad: recuerdos y reflexiones”, y fue pronunciado el 12 de septiembre de 2006. Allí, reflexionaba sobre el entrelazamiento de fe y razón y tuvo un capítulo polémico por una dura referencia al Islam.

Esas reflexiones de Ratzinger sobre la fe dieron origen luego a un libro, editado en español bajo el título Dios salve la razón. En él, como cuenta la presentación del volumen, “diversos intelectuales de primera línea, provenientes de diferentes países, tradiciones religiosas y posiciones culturales, se dan cita en este libro para recoger el desafío planteado por Benedicto XVI en su célebre lección magistral en la Universidad de Ratisbona en septiembre de 2006: ampliar la razón. Desde diferentes perspectivas, coinciden en proponer un nuevo humanismo que integre de manera nueva la relación entre fe y razón”.

El texto más notable de ese volumen no era el del propio Benedicto XVI, sino el de un filósofo que escribía en castellano: el español Gustavo Bueno, un “ateo católico”, autor de un sistema materialista y probablemente el más notable filósofo de habla hispana de todos los tiempos. Su artículo, tan brillante y contundente, fue leído por el propio Ratzinger y, se dice, lo llevó a largas reflexiones. En él, Bueno decía que el Dios de las grandes religiones no es en sí racional, sino que ha sido la Iglesia la que ha “salvado la razón” para la tradición histórica, y ha permitido el desarrollo de imperios y culturas que hoy destacan en el mundo.

Consultado el propio Gustavo Bueno sobre si su texto habría dinamitado la fe del pontífice, este respondió: “Me han dicho algo así. No tengo ninguna razón para creerlo o para dejarlo de creer. Parece ser que lo leyó. (...) No creo que mi artículo de 2008 le haya planteado dudas de fe al papa, en todo caso habría ahondado en un proceso que vendría de más lejos”.

En esa posibilidad ahonda el profesor de filosofía Yago de la Cierva, quien trabajó en oficinas del Vaticano y para el Opus Dei. Para él, estuvo muy claro el porqué de la renuncia: “el único modo en que se consigue entrever qué puede pasar por la mente y el corazón del Papa es una crisis espiritual”. Podríamos agregar: el único modo de entender el sintagma “crisis espiritual” es pensar en una pérdida de la fe.

Un último dato anecdótico podría terminar de confirmarlo. En mayo de 2006, Benedicto XVI se detuvo a orar ante el “muro de la muerte” de lo que fuera el campo de concentración de Auschwitz, levantado por los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Allí fueron torturadas y asesinadas, según algunos cálculos, más de un millón de personas. Conmovido, Ratzinger exclamó en italiano: “Sólo se puede guardar silencio, un silencio que es un grito hacia a Dios: ¿Por qué, Señor, permaneciste callado? ¿Cómo pudiste tolerar todo esto?”.

Esas palabras de reproche a la divinidad, venidas de parte nada menos que de la máxima autoridad católica en el planeta (un apóstol de Cristo, según la creencia) no pueden ser ignoradas.

Tal vez ese brillante teólogo que fue Joseph Ratzinger tuvo su noche oscura, sólo que el azar le llevó a sufrirla siendo nada menos que Papa. Su inédito retiro, que lo recluyó hasta el fin de sus días, permitió tal vez una paradoja: que un papa no creyente fuera el que acaba de morir.

Viernes, 17 de Abril de 2020

La terrible lógica religiosa sobre el coronavirus

La pandemia de covid-19 ha ocupado casi todo el espacio noticioso y las prédicas de los clérigos no han escapado a esto. Sin embargo, explicar porqué su Dios, presuntamente amoroso permite tal tragedia, ha sido tarea reciente para muchos de ellos.

Las explicaciones religiosas no han sido unánimes, y mayoritariamente caben en estos tres tipos:


1) Castigo de Dios o resultado de la ira de Dios.
2) Es señal del fin del mundo o segundo advenimiento
3) Es una manera como Dios nos llama al arrepentimiento.

Todas ellas son absurdas e ilógicas. Un análisis de estas respuestas es lo que tratamos en este programa de Bogotá Atea que compartimos a continuación

La terrible lógica religiosa sobre el coronavirus

La pandemia de covid-19 ha ocupado casi todo el espacio noticioso y las prédicas de los clérigos no han escapado a esto. Sin embargo, explicar porqué su Dios, presuntamente amoroso permite tal tragedia, ha sido tarea reciente para muchos de ellos.

Las explicaciones religiosas no han sido unánimes, y mayoritariamente caben en estos tres tipos:


1) Castigo de Dios o resultado de la ira de Dios.
2) Es señal del fin del mundo o segundo advenimiento
3) Es una manera como Dios nos llama al arrepentimiento.

Todas ellas son absurdas e ilógicas. Un análisis de estas respuestas es lo que tratamos en este programa de Bogotá Atea que compartimos a continuación

La terrible lógica religiosa sobre el coronavirus

La pandemia de covid-19 ha ocupado casi todo el espacio noticioso y las prédicas de los clérigos no han escapado a esto. Sin embargo, explicar porqué su Dios, presuntamente amoroso permite tal tragedia, ha sido tarea reciente para muchos de ellos.

Las explicaciones religiosas no han sido unánimes, y mayoritariamente caben en estos tres tipos:


1) Castigo de Dios o resultado de la ira de Dios.
2) Es señal del fin del mundo o segundo advenimiento
3) Es una manera como Dios nos llama al arrepentimiento.

Todas ellas son absurdas e ilógicas. Un análisis de estas respuestas es lo que tratamos en este programa de Bogotá Atea que compartimos a continuación

Lunes, 22 de Abril de 2019

LOS VERDADEROS ORÍGENES DE LA PASCUA


Por guerreropirata*

Hoy celebramos el domingo de Pascua, una fiesta vacacional festejada por millones de personas alrededor del mundo que honran la resurrección de Jesús, tal y como aparece descrita en el Nuevo Testamento, sucedida tres días después de su crucifixión en el Calvario. También es el día en que los niños esperan con entusiasmo al conejito de Pascua que llegará para entregarles sus dulces huevos de chocolate.

Pascua es una fiesta “móvil” que se conmemora el primer domingo tras la luna llena del equinoccio de primavera. Ademas se produce en fechas diferentes por todo el mundo desde que las iglesias occidentales pasaron a utilizar el calendario gregoriano, mientras que las iglesias orientales siguen usando el antiguo calendario juliano. Pero, ¿cuándo comenzó esta fiesta “móvil”, y cuáles son los orígenes de las tradiciones y costumbres que se celebran en este día, tan importante en el mundo?

La mayoría de historiadores, muchos de ellos estudiosos de la Biblia, están de acuerdo en que la Pascua fue, originalmente, un festival pagano. Según el Diccionario Bíblico Unger: "La palabra Pascua es de origen sajón, Eastra, la diosa de la primavera, en cuyo honor se ofrecían sacrificios cada año en aquellos días. Desde el siglo VIII los anglosajones habían adoptado el nombre para la celebración de la resurrección de Cristo" . Sin embargo, incluso entre aquellos que sostienen que la Pascua tiene raíces paganas, surgen ciertos desacuerdos sobre cuándo surgió la tradición pagana de la fiesta. Aquí vamos a explorar algunas de estas perspectivas.

Resurrección como símbolo de renacimiento
Una de las hipótesis defiende que la historia de la Pascua, de la crucifixión y de la resurrección constituye un símbolo de renacimiento y renovación, narrando el ciclo de las estaciones, con la muerte y el retorno del sol.

Según algunos estudiosos, como el Dr. Tony Nugent, profesor de Teología y Estudios Religiosos de la Universidad de Seattle y ministro presbiteriano, la historia de la Pascua proviene de la leyenda sumeria de Damuzi (Tamuz) y de su esposa Inanna (Ishtar), un mito épico llamado "El Descenso de Inanna", que se encuentra explicado sobre tablillas de arcilla cuneiforme que datan del año 2100 a. C.

Cuando Tamuz muere, Inanna cae desconsolada y lo sigue al inframundo. Una vez allí, ella entra a través de siete puertas, despojándose de todos sus vestidos mundanos. "Desnuda y de rodillas" se la juzga, mata y luego se la cuelga de forma pública. Mientras, en su ausencia, la tierra pierde su fertilidad, los cultivos dejan de crecer y los animales dejan de reproducirse. Por tanto, a menos que se tome alguna medida, la vida en la tierra corre serio peligro.

Después de la desaparición de Inanna durante tres días su asistente se acerca a otros dioses, en busca de ayuda. Finalmente uno de ellos, Enki, crea dos criaturas que llevan la planta de la vida y del agua de la vida hasta el inframundo, esparciendo su presencia sobre Inanna y Damuzi, resucitandolos, y devolviéndoles el poder de volver a la tierra como la luz del sol, durante seis meses. Tras esos seis meses en el mundo físico exterior, Damuzi tendrá que volver al inframundo de los muertos, donde permanecerá durante otros seis meses más, junto con Inanna. Así son creados los ciclos de la muerte del invierno y de la vida de la primavera.



El Dr. Nugent señala que trazar paralelismos entre la historia de Jesús y la épica de Inanna " no significa necesariamente que Jesús no fuera una persona real y que no fuera crucificado, sino que la historia sobre él se estructura y embellece de acuerdo con un patrón muy antiguo y difundido ".

La diosa sumeria Inanna es conocida fuera de Mesopotamia con el nombre babilónico "Ishtar". En la antigua Canaán, Ishtar se conocía como Astarté y sus homólogas en los panteones griegos y romanos son Afrodita y Venus. En el siglo IV, cuando los cristianos identificaron el lugar exacto en Jerusalén donde se ubicó la tumba vacía de Jesús, seleccionaron el lugar donde ya existía un templo de Afrodita (Astarte – Ishtar - Inanna). Este templo fue derribado para construir la Iglesia del Santo Sepulcro, la más sagrada del mundo cristiano.

El Dr. Nugent señala que la narración de Inanna y Damuzi forma parte de una serie de relatos de dioses que mueren y resucitan y que representan el ciclo de las estaciones y de las estrellas. Así tenemos, por ejemplo, las historias de la resurrección del Horus egipcio; la de Mitra, que era adorado en primavera o la historia de Dionisio, resucitado por su abuela. En todas estas historias son predominantes los temas de la fertilidad, la concepción, la renovación, el descenso hasta la oscuridad y el triunfo de la luz sobre las tinieblas, o del bien sobre el mal.

Pascua como una celebración de la Diosa de la Primavera
Otra perspectiva defiende que, en lugar de tratarse de una representación de la historia de Ishtar, la Pascua fue originalmente una celebración de Eostre, la diosa de la Primavera, también conocida como Ostara, Austra y Eastre.
Uno de los aspectos más venerados de Ostara es, precisamente, su espíritu de renovación.

Celebrando el equinoccio de primavera el 21 de marzo, Ostara marca el día en que la luz se iguala con la oscuridad, a partir del cual se impondrá a ella. Como quien trae la luz después de un largo y oscuro invierno, la diosa a menudo se representa bajo la forma de la liebre, un animal que representa la primavera, así como la fertilidad de la temporada.

Según Jacob Grimm en su “Deutsche Mythologie”, la idea de la resurrección quedó arraigada dentro de la celebración de Ostara: " Ostara o Eastre parece haber sido la divinidad del alba radiante, de la luz naciente, un espectáculo que trae alegría y bendición, cuyo significado podría haber sido fácilmente adaptado para el día de la resurrección del Dios de los Cristianos ".

La mayoría de los estudios sobre el origen de la palabra Pascua sostiene que se trata del nombre de una diosa mencionada entre el VII y VIII siglo por el monje inglés Bede, que denominó a dicha festividad como Ēosturmōnaþ (“Mes de Eostre” en Inglés antiguo, traducido en la época de Bede como "mes pascual") y consistía en un mes inglés correspondiente con abril y añadió: " antiguamente fue llamado así por la diosa Eostre, en cuyo honor se celebraban fiestas en ese mes ".

Los orígenes de las costumbres de Semana Santa
Las costumbres más practicadas en el Domingo de Pascua se relacionan con los símbolos del conejo ("Conejo de Pascua") y el huevo. Como se ha señalado anteriormente, el conejo era un símbolo asociado a Eostre, que representa el comienzo de la primavera. Del mismo modo, el huevo ha llegado a representar la primavera, la fertilidad y la renovación.

En la mitología germánica se dice que Ostara sanó a un pájaro herido que encontró en el bosque, transmutándolo en una liebre. Pero como continuaba siendo un pájaro parcialmente, la liebre mostró su agradecimiento a la diosa entregándole huevos como regalos.

La Enciclopedia Británica explica claramente las tradiciones paganas asociadas con el huevo: “ El huevo como símbolo de la fertilidad y de la vida renovada se remonta a los antiguos Egipcios y los Persas, que tenían también la costumbre de pintar y comer huevos durante su festival de primavera ". En el antiguo Egipto, un huevo simbolizaba el sol, mientras que para los Babilonios el huevo representaba la eclosión de la Venus Ishtar, que cayó del cielo hasta el Éufrates.

En muchas tradiciones cristianas la costumbre de dar huevos en Pascua refleja el nacimiento a la nueva vida. Los Cristianos recuerdan que Jesús, después de morir en la cruz, resucitó de entre los muertos, lo que demuestra que la vida vence a la muerte. Para los Cristianos el huevo es un símbolo de la resurrección de Jesús y cuando se rompe, representa de alguna manera su tumba vacía.

Independientemente de los antiquísimos orígenes del símbolo del huevo, la mayoría de las personas está de acuerdo en que nada simboliza la renovación más perfectamente que el huevo: redondo, sin fin y rebosante de la promesa de vida.

Si bien muchas de las costumbres paganas asociadas con la celebración de la Primavera fueron practicadas, en una primera etapa, junto a las tradiciones cristianas de Semana Santa, con el tiempo llegaron a ser absorbidas dentro del Cristianismo, como símbolos de la resurrección de Jesús. El Primer Concilio de Nicea (325) estableció la fecha de la celebración de la Pascua: el primer domingo tras la luna llena (la Luna Llena Pascual) del equinoccio de primavera.

Se celebre como fiesta religiosa que conmemora la resurrección de Jesucristo o como un festejo familiar donde recibimos con nuestros seres queridos la llegada de la primavera, decorando huevos y conejitos, la festividad de la Pascua continúa conservando en la actualidad el mismo espíritu de renacimiento y renovación, que albergaba hace miles de años.










LOS VERDADEROS ORÍGENES DE LA PASCUA


Por guerreropirata*

Hoy celebramos el domingo de Pascua, una fiesta vacacional festejada por millones de personas alrededor del mundo que honran la resurrección de Jesús, tal y como aparece descrita en el Nuevo Testamento, sucedida tres días después de su crucifixión en el Calvario. También es el día en que los niños esperan con entusiasmo al conejito de Pascua que llegará para entregarles sus dulces huevos de chocolate.

Pascua es una fiesta “móvil” que se conmemora el primer domingo tras la luna llena del equinoccio de primavera. Ademas se produce en fechas diferentes por todo el mundo desde que las iglesias occidentales pasaron a utilizar el calendario gregoriano, mientras que las iglesias orientales siguen usando el antiguo calendario juliano. Pero, ¿cuándo comenzó esta fiesta “móvil”, y cuáles son los orígenes de las tradiciones y costumbres que se celebran en este día, tan importante en el mundo?

La mayoría de historiadores, muchos de ellos estudiosos de la Biblia, están de acuerdo en que la Pascua fue, originalmente, un festival pagano. Según el Diccionario Bíblico Unger: "La palabra Pascua es de origen sajón, Eastra, la diosa de la primavera, en cuyo honor se ofrecían sacrificios cada año en aquellos días. Desde el siglo VIII los anglosajones habían adoptado el nombre para la celebración de la resurrección de Cristo" . Sin embargo, incluso entre aquellos que sostienen que la Pascua tiene raíces paganas, surgen ciertos desacuerdos sobre cuándo surgió la tradición pagana de la fiesta. Aquí vamos a explorar algunas de estas perspectivas.

Resurrección como símbolo de renacimiento
Una de las hipótesis defiende que la historia de la Pascua, de la crucifixión y de la resurrección constituye un símbolo de renacimiento y renovación, narrando el ciclo de las estaciones, con la muerte y el retorno del sol.

Según algunos estudiosos, como el Dr. Tony Nugent, profesor de Teología y Estudios Religiosos de la Universidad de Seattle y ministro presbiteriano, la historia de la Pascua proviene de la leyenda sumeria de Damuzi (Tamuz) y de su esposa Inanna (Ishtar), un mito épico llamado "El Descenso de Inanna", que se encuentra explicado sobre tablillas de arcilla cuneiforme que datan del año 2100 a. C.

Cuando Tamuz muere, Inanna cae desconsolada y lo sigue al inframundo. Una vez allí, ella entra a través de siete puertas, despojándose de todos sus vestidos mundanos. "Desnuda y de rodillas" se la juzga, mata y luego se la cuelga de forma pública. Mientras, en su ausencia, la tierra pierde su fertilidad, los cultivos dejan de crecer y los animales dejan de reproducirse. Por tanto, a menos que se tome alguna medida, la vida en la tierra corre serio peligro.

Después de la desaparición de Inanna durante tres días su asistente se acerca a otros dioses, en busca de ayuda. Finalmente uno de ellos, Enki, crea dos criaturas que llevan la planta de la vida y del agua de la vida hasta el inframundo, esparciendo su presencia sobre Inanna y Damuzi, resucitandolos, y devolviéndoles el poder de volver a la tierra como la luz del sol, durante seis meses. Tras esos seis meses en el mundo físico exterior, Damuzi tendrá que volver al inframundo de los muertos, donde permanecerá durante otros seis meses más, junto con Inanna. Así son creados los ciclos de la muerte del invierno y de la vida de la primavera.



El Dr. Nugent señala que trazar paralelismos entre la historia de Jesús y la épica de Inanna " no significa necesariamente que Jesús no fuera una persona real y que no fuera crucificado, sino que la historia sobre él se estructura y embellece de acuerdo con un patrón muy antiguo y difundido ".

La diosa sumeria Inanna es conocida fuera de Mesopotamia con el nombre babilónico "Ishtar". En la antigua Canaán, Ishtar se conocía como Astarté y sus homólogas en los panteones griegos y romanos son Afrodita y Venus. En el siglo IV, cuando los cristianos identificaron el lugar exacto en Jerusalén donde se ubicó la tumba vacía de Jesús, seleccionaron el lugar donde ya existía un templo de Afrodita (Astarte – Ishtar - Inanna). Este templo fue derribado para construir la Iglesia del Santo Sepulcro, la más sagrada del mundo cristiano.

El Dr. Nugent señala que la narración de Inanna y Damuzi forma parte de una serie de relatos de dioses que mueren y resucitan y que representan el ciclo de las estaciones y de las estrellas. Así tenemos, por ejemplo, las historias de la resurrección del Horus egipcio; la de Mitra, que era adorado en primavera o la historia de Dionisio, resucitado por su abuela. En todas estas historias son predominantes los temas de la fertilidad, la concepción, la renovación, el descenso hasta la oscuridad y el triunfo de la luz sobre las tinieblas, o del bien sobre el mal.

Pascua como una celebración de la Diosa de la Primavera
Otra perspectiva defiende que, en lugar de tratarse de una representación de la historia de Ishtar, la Pascua fue originalmente una celebración de Eostre, la diosa de la Primavera, también conocida como Ostara, Austra y Eastre.
Uno de los aspectos más venerados de Ostara es, precisamente, su espíritu de renovación.

Celebrando el equinoccio de primavera el 21 de marzo, Ostara marca el día en que la luz se iguala con la oscuridad, a partir del cual se impondrá a ella. Como quien trae la luz después de un largo y oscuro invierno, la diosa a menudo se representa bajo la forma de la liebre, un animal que representa la primavera, así como la fertilidad de la temporada.

Según Jacob Grimm en su “Deutsche Mythologie”, la idea de la resurrección quedó arraigada dentro de la celebración de Ostara: " Ostara o Eastre parece haber sido la divinidad del alba radiante, de la luz naciente, un espectáculo que trae alegría y bendición, cuyo significado podría haber sido fácilmente adaptado para el día de la resurrección del Dios de los Cristianos ".

La mayoría de los estudios sobre el origen de la palabra Pascua sostiene que se trata del nombre de una diosa mencionada entre el VII y VIII siglo por el monje inglés Bede, que denominó a dicha festividad como ?osturm?naþ (“Mes de Eostre” en Inglés antiguo, traducido en la época de Bede como "mes pascual") y consistía en un mes inglés correspondiente con abril y añadió: " antiguamente fue llamado así por la diosa Eostre, en cuyo honor se celebraban fiestas en ese mes ".

Los orígenes de las costumbres de Semana Santa
Las costumbres más practicadas en el Domingo de Pascua se relacionan con los símbolos del conejo ("Conejo de Pascua") y el huevo. Como se ha señalado anteriormente, el conejo era un símbolo asociado a Eostre, que representa el comienzo de la primavera. Del mismo modo, el huevo ha llegado a representar la primavera, la fertilidad y la renovación.

En la mitología germánica se dice que Ostara sanó a un pájaro herido que encontró en el bosque, transmutándolo en una liebre. Pero como continuaba siendo un pájaro parcialmente, la liebre mostró su agradecimiento a la diosa entregándole huevos como regalos.

La Enciclopedia Británica explica claramente las tradiciones paganas asociadas con el huevo: “ El huevo como símbolo de la fertilidad y de la vida renovada se remonta a los antiguos Egipcios y los Persas, que tenían también la costumbre de pintar y comer huevos durante su festival de primavera ". En el antiguo Egipto, un huevo simbolizaba el sol, mientras que para los Babilonios el huevo representaba la eclosión de la Venus Ishtar, que cayó del cielo hasta el Éufrates.

En muchas tradiciones cristianas la costumbre de dar huevos en Pascua refleja el nacimiento a la nueva vida. Los Cristianos recuerdan que Jesús, después de morir en la cruz, resucitó de entre los muertos, lo que demuestra que la vida vence a la muerte. Para los Cristianos el huevo es un símbolo de la resurrección de Jesús y cuando se rompe, representa de alguna manera su tumba vacía.

Independientemente de los antiquísimos orígenes del símbolo del huevo, la mayoría de las personas está de acuerdo en que nada simboliza la renovación más perfectamente que el huevo: redondo, sin fin y rebosante de la promesa de vida.

Si bien muchas de las costumbres paganas asociadas con la celebración de la Primavera fueron practicadas, en una primera etapa, junto a las tradiciones cristianas de Semana Santa, con el tiempo llegaron a ser absorbidas dentro del Cristianismo, como símbolos de la resurrección de Jesús. El Primer Concilio de Nicea (325) estableció la fecha de la celebración de la Pascua: el primer domingo tras la luna llena (la Luna Llena Pascual) del equinoccio de primavera.

Se celebre como fiesta religiosa que conmemora la resurrección de Jesucristo o como un festejo familiar donde recibimos con nuestros seres queridos la llegada de la primavera, decorando huevos y conejitos, la festividad de la Pascua continúa conservando en la actualidad el mismo espíritu de renacimiento y renovación, que albergaba hace miles de años.










LOS VERDADEROS ORÍGENES DE LA PASCUA


Por guerreropirata*

Hoy celebramos el domingo de Pascua, una fiesta vacacional festejada por millones de personas alrededor del mundo que honran la resurrección de Jesús, tal y como aparece descrita en el Nuevo Testamento, sucedida tres días después de su crucifixión en el Calvario. También es el día en que los niños esperan con entusiasmo al conejito de Pascua que llegará para entregarles sus dulces huevos de chocolate.

Pascua es una fiesta “móvil” que se conmemora el primer domingo tras la luna llena del equinoccio de primavera. Ademas se produce en fechas diferentes por todo el mundo desde que las iglesias occidentales pasaron a utilizar el calendario gregoriano, mientras que las iglesias orientales siguen usando el antiguo calendario juliano. Pero, ¿cuándo comenzó esta fiesta “móvil”, y cuáles son los orígenes de las tradiciones y costumbres que se celebran en este día, tan importante en el mundo?

La mayoría de historiadores, muchos de ellos estudiosos de la Biblia, están de acuerdo en que la Pascua fue, originalmente, un festival pagano. Según el Diccionario Bíblico Unger: "La palabra Pascua es de origen sajón, Eastra, la diosa de la primavera, en cuyo honor se ofrecían sacrificios cada año en aquellos días. Desde el siglo VIII los anglosajones habían adoptado el nombre para la celebración de la resurrección de Cristo" . Sin embargo, incluso entre aquellos que sostienen que la Pascua tiene raíces paganas, surgen ciertos desacuerdos sobre cuándo surgió la tradición pagana de la fiesta. Aquí vamos a explorar algunas de estas perspectivas.

Resurrección como símbolo de renacimiento
Una de las hipótesis defiende que la historia de la Pascua, de la crucifixión y de la resurrección constituye un símbolo de renacimiento y renovación, narrando el ciclo de las estaciones, con la muerte y el retorno del sol.

Según algunos estudiosos, como el Dr. Tony Nugent, profesor de Teología y Estudios Religiosos de la Universidad de Seattle y ministro presbiteriano, la historia de la Pascua proviene de la leyenda sumeria de Damuzi (Tamuz) y de su esposa Inanna (Ishtar), un mito épico llamado "El Descenso de Inanna", que se encuentra explicado sobre tablillas de arcilla cuneiforme que datan del año 2100 a. C.

Cuando Tamuz muere, Inanna cae desconsolada y lo sigue al inframundo. Una vez allí, ella entra a través de siete puertas, despojándose de todos sus vestidos mundanos. "Desnuda y de rodillas" se la juzga, mata y luego se la cuelga de forma pública. Mientras, en su ausencia, la tierra pierde su fertilidad, los cultivos dejan de crecer y los animales dejan de reproducirse. Por tanto, a menos que se tome alguna medida, la vida en la tierra corre serio peligro.

Después de la desaparición de Inanna durante tres días su asistente se acerca a otros dioses, en busca de ayuda. Finalmente uno de ellos, Enki, crea dos criaturas que llevan la planta de la vida y del agua de la vida hasta el inframundo, esparciendo su presencia sobre Inanna y Damuzi, resucitandolos, y devolviéndoles el poder de volver a la tierra como la luz del sol, durante seis meses. Tras esos seis meses en el mundo físico exterior, Damuzi tendrá que volver al inframundo de los muertos, donde permanecerá durante otros seis meses más, junto con Inanna. Así son creados los ciclos de la muerte del invierno y de la vida de la primavera.



El Dr. Nugent señala que trazar paralelismos entre la historia de Jesús y la épica de Inanna " no significa necesariamente que Jesús no fuera una persona real y que no fuera crucificado, sino que la historia sobre él se estructura y embellece de acuerdo con un patrón muy antiguo y difundido ".

La diosa sumeria Inanna es conocida fuera de Mesopotamia con el nombre babilónico "Ishtar". En la antigua Canaán, Ishtar se conocía como Astarté y sus homólogas en los panteones griegos y romanos son Afrodita y Venus. En el siglo IV, cuando los cristianos identificaron el lugar exacto en Jerusalén donde se ubicó la tumba vacía de Jesús, seleccionaron el lugar donde ya existía un templo de Afrodita (Astarte – Ishtar - Inanna). Este templo fue derribado para construir la Iglesia del Santo Sepulcro, la más sagrada del mundo cristiano.

El Dr. Nugent señala que la narración de Inanna y Damuzi forma parte de una serie de relatos de dioses que mueren y resucitan y que representan el ciclo de las estaciones y de las estrellas. Así tenemos, por ejemplo, las historias de la resurrección del Horus egipcio; la de Mitra, que era adorado en primavera o la historia de Dionisio, resucitado por su abuela. En todas estas historias son predominantes los temas de la fertilidad, la concepción, la renovación, el descenso hasta la oscuridad y el triunfo de la luz sobre las tinieblas, o del bien sobre el mal.

Pascua como una celebración de la Diosa de la Primavera
Otra perspectiva defiende que, en lugar de tratarse de una representación de la historia de Ishtar, la Pascua fue originalmente una celebración de Eostre, la diosa de la Primavera, también conocida como Ostara, Austra y Eastre.
Uno de los aspectos más venerados de Ostara es, precisamente, su espíritu de renovación.

Celebrando el equinoccio de primavera el 21 de marzo, Ostara marca el día en que la luz se iguala con la oscuridad, a partir del cual se impondrá a ella. Como quien trae la luz después de un largo y oscuro invierno, la diosa a menudo se representa bajo la forma de la liebre, un animal que representa la primavera, así como la fertilidad de la temporada.

Según Jacob Grimm en su “Deutsche Mythologie”, la idea de la resurrección quedó arraigada dentro de la celebración de Ostara: " Ostara o Eastre parece haber sido la divinidad del alba radiante, de la luz naciente, un espectáculo que trae alegría y bendición, cuyo significado podría haber sido fácilmente adaptado para el día de la resurrección del Dios de los Cristianos ".

La mayoría de los estudios sobre el origen de la palabra Pascua sostiene que se trata del nombre de una diosa mencionada entre el VII y VIII siglo por el monje inglés Bede, que denominó a dicha festividad como ?osturm?naþ (“Mes de Eostre” en Inglés antiguo, traducido en la época de Bede como "mes pascual") y consistía en un mes inglés correspondiente con abril y añadió: " antiguamente fue llamado así por la diosa Eostre, en cuyo honor se celebraban fiestas en ese mes ".

Los orígenes de las costumbres de Semana Santa
Las costumbres más practicadas en el Domingo de Pascua se relacionan con los símbolos del conejo ("Conejo de Pascua") y el huevo. Como se ha señalado anteriormente, el conejo era un símbolo asociado a Eostre, que representa el comienzo de la primavera. Del mismo modo, el huevo ha llegado a representar la primavera, la fertilidad y la renovación.

En la mitología germánica se dice que Ostara sanó a un pájaro herido que encontró en el bosque, transmutándolo en una liebre. Pero como continuaba siendo un pájaro parcialmente, la liebre mostró su agradecimiento a la diosa entregándole huevos como regalos.

La Enciclopedia Británica explica claramente las tradiciones paganas asociadas con el huevo: “ El huevo como símbolo de la fertilidad y de la vida renovada se remonta a los antiguos Egipcios y los Persas, que tenían también la costumbre de pintar y comer huevos durante su festival de primavera ". En el antiguo Egipto, un huevo simbolizaba el sol, mientras que para los Babilonios el huevo representaba la eclosión de la Venus Ishtar, que cayó del cielo hasta el Éufrates.

En muchas tradiciones cristianas la costumbre de dar huevos en Pascua refleja el nacimiento a la nueva vida. Los Cristianos recuerdan que Jesús, después de morir en la cruz, resucitó de entre los muertos, lo que demuestra que la vida vence a la muerte. Para los Cristianos el huevo es un símbolo de la resurrección de Jesús y cuando se rompe, representa de alguna manera su tumba vacía.

Independientemente de los antiquísimos orígenes del símbolo del huevo, la mayoría de las personas está de acuerdo en que nada simboliza la renovación más perfectamente que el huevo: redondo, sin fin y rebosante de la promesa de vida.

Si bien muchas de las costumbres paganas asociadas con la celebración de la Primavera fueron practicadas, en una primera etapa, junto a las tradiciones cristianas de Semana Santa, con el tiempo llegaron a ser absorbidas dentro del Cristianismo, como símbolos de la resurrección de Jesús. El Primer Concilio de Nicea (325) estableció la fecha de la celebración de la Pascua: el primer domingo tras la luna llena (la Luna Llena Pascual) del equinoccio de primavera.

Se celebre como fiesta religiosa que conmemora la resurrección de Jesucristo o como un festejo familiar donde recibimos con nuestros seres queridos la llegada de la primavera, decorando huevos y conejitos, la festividad de la Pascua continúa conservando en la actualidad el mismo espíritu de renacimiento y renovación, que albergaba hace miles de años.










Viernes, 30 de Marzo de 2018

LA VERDADERA HISTORIA DE LA CRUCIFIXIÓN

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Por guerreropirata*

El Viernes Santo es una de las principales celebraciones del cristianismo, en la que se conmemora la muerte de Jesús de Nazaret, clavado en una cruz. Pero ¿qué cuentan en realidad los Evangelios? ¿Murió Cristo tal como nos han enseñado?.

La cruz es uno de los símbolos claves del cristianismo, no en vano, es uno de los aspectos de la vida de Jesús en el que coinciden los –a menudo contradictorios– evangelios canónicos. Aunque Mateo, Marco, Lucas y Juan narran su propia versión de los hechos, todos señalan que Jesús murió tal como nos explicaron en clase de religión (faltaría más). Pero apenas aportan detalles sobre la forma en que se ejecutó la pena:

“Después de crucificarlo, los soldados sortearon sus vestiduras y se las repartieron”. (Mateo 27:35).
“Después lo crucificaron. Los soldados se repartieron sus vestiduras, sorteándolas para ver qué le tocaba a cada uno”. (Marcos 15:25).
“Cuando llegaron al lugar llamado 'del Cráneo', lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda”. (Lucas 23:33).
“Allí lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en el medio”. (Juan 19:18).

Como se puede observar, a diferencia de lo que solemos dar por hecho, ninguno de los textos menciona que Jesús fuera clavado en la cruz.

La marca de los clavos

¿Por qué entonces hablamos siempre de los clavos de Cristo? Como de costumbre, es el Evangelio de Juan, el más tardío y el que más diferencias esconde, el que genera esta confusión que llega hasta nuestros días.
Aunque, al igual que el resto de evangelistas, Juan no explica en ningún momento que Jesucristo fuera clavado en la cruz, sí hace referencia a este hecho en la famosa escena de la incredulidad de Santo Tomás, cuando éste asegura: “Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado no lo creeré”.
Ocho días más tarde aparece Jesucristo y le pide a Tomás que vea sus heridas y deje de ser incrédulo. (Juan 20:24-29).

Es esta la única referencia de los evangelios canónicos al modo en que Cristo fue crucificado, y se realiza 'a posteriori' a través de un apostol, Tomás, del que más allá del nombre no cuentan absolutamente nada el resto de evangelistas.
Como explica en 'The Conversation' Meredith J. C. Warren, profesora de estudios religiosos y bíblicos de la Universidad de Sheffield, para encontrar más información sobre los clavos de Cristo hay que recurrir a evangelios apócrifos.

La tradición cristiana asume que los criminales eran clavados en la cruz, pero lo cierto es que en la mayoría de los casos eran colgados usando cuerdas.

El evangelio de San Pedro, un texto hallado en Egipto en el siglo XIX y que, según la mayor parte de los investigadores, data de la primera mitad del siglo II (y es posterior, por tanto, a los evangelios canónicos), sí cuenta que los clavos fueron retirados de las manos de Cristo después de su muerte. En este evangelio la propia cruz se convierte en un personaje de la narrativa e, incluso, responde con su propia voz a Dios, algo que, según Warren, constata la importancia que el símbolo, que en los albores del cristianismo no tuvo ninguna importancia, fue ganando a medida que se expandió la religión.
Hasta aquí lo que cuentan los textos religiosos pero ¿qué evidencias históricas respaldan su relato?

Breve historia de un castigo

La crucifixión fue un método de ejecución ampliamente usado en el imperio Romano y en las culturas vecinas del Mediterráneo, que servía para humillar públicamente a los esclavos y los criminales de más baja escala social, así como para castigar a los enemigos del Estado. Esta última es la razón por la que, según los evangelios, los romanos condenaron a Jesús: como Rey de los Judíos, Cristo estaba desafiando la supremacía imperial romana (Mateo 27:37, Marco 15:26, Lucas 23:38, Juan 19:19-22).

Sólo existe una evidencia antropológica de este tipo de crucifixión, hallada en una tumba del siglo I d.C.
 Gracias a los documentos históricos existentes sabemos que la crucifixión se podía llevar a cabo de muchas formas. La tradición cristiana asume que los criminales eran clavados en un madero con forma de cruz –el debate se centra, únicamente, en si los clavos se situaban en la palma de la mano o la muñeca–, pero lo cierto es que en la mayoría de los casos los criminales eran colgados usando cuerdas, y no siempre el instrumento de tortura tenía la forma que imaginamos hoy en día.

Es probable que las primeras cruces consistieran sólo en una estaca vertical, a la que se ataba al reo hasta que moría muerto de hambre o ahogado (lo más habitual). Después el método se sofisticó, añadiendo un travesaño de madera a la parte superior, formando un instrumento de tortura en forma de T. Otras formas comunes eran las cruces en forma de X o de Y.

El historiador judío-romano Flavio Josefo, responsable de la alusión directa más antigua a Jesús de fuentes no cristianas (en torno a los años 92 y 94 de nuestra era), asegura que, durante la primera gran revuelta judía (70 d.C.) los romanos “fuera de si –de ira y odio– se divertían clavando a sus prisioneros en diferentes posturas”. Este hecho, aunque posterior a la muerte de Cristo, parece indicar que, en efecto, en esta época los romanos se molestaban en clavar a la cruz a algunos criminales de tipo político.

La práctica del enclavamiento, sin embargo, goza de muy pocos vestigios arqueológicos (algo habitual en todo lo que respecta al Jesús histórico). Sólo existe una evidencia antropológica de este tipo de crucifixión, hallada en una tumba datada en el siglo I d.C. El cuerpo de Jehohanan, que así se llamaba el difunto, conservaba un clavo oxidado en el talón del pie derecho con el que, se cree, se debieron clavar a la cruz ambos pies. No existen evidencias, por el contrario, de que se le hubieran clavado los brazos o las manos.
https://www.ecestaticos.com/image/clipping/585/e48a46f0f18ac220ac2438882888bc56/unica-evidencia-antropologica-encontrada-en-1968-sobre-una-crucifixion.jpg
Única evidencia arqueológica encontrada sobre una crucifixión

Las primeras cruces del cristianismo

El grafito de Alexámenos es un dibujo encontrado en un muro en el monte Palatino, en Roma, considerado la primera representación pictórica conocida de la crucifixión de Jesús. No está clara la fecha en que se pintó, aunque podría datar del siglo I o II d.C. Lo que sí parece claro es que se trata de una representación irónica contra los cristianos, pues el crucificado tiene cabeza de burro y se puede leer “Alexámenos adora a [su] dios” en referencia, probablemente, al hombre que aparece junto a la cruz y que debía profesar el cristianismo.



Delineado del dibujo del grafito de Alexámenos.
Grafito de Alexámenos
En esta época los cristianos nunca representaban a Jesucristo en la cruz, una práctica que no se extendió hasta bien entrado el siglo IV, cuando empieza a aparecer la imagen icónica de Cristo que ha llegado hasta nuestros días. Las primeras representaciones de Jesús de raigambre cristiana, no obstante, datan de los siglos II y III. Se trata de un par de gemas en las que, claramente, se ve cómo las manos de Jesucristo cuelgan de la cruz, como si estuvieran atadas.

¿Quiere decir esto que los clavos de Jesucristo nunca existieron? No, pero tampoco tenemos información para pensar lo contrario. “Dado que la evidencia de la antigüedad no proporciona una respuesta clara sobre si Jesús fue clavado o atado a la cruz, es la tradición la que dicta esta representación común”, asegura Warren.
En el año 337 el emperador Constantino prohibió la crucifixión como método de ejecución en el Imperio Romano, no por razones éticas, sino por respeto a Jesucristo.
Para entonces el relato mítico ya se había formado y la leyenda y la historia no han dejado de confundirse desde entonces.

*Tomado de https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-03-25/murio-jesucristo-como-creemos-esta-es-la-verdadera-historia-de-la-crucifixion_1172350/

LA VERDADERA HISTORIA DE LA CRUCIFIXIÓN

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Por guerreropirata*

El Viernes Santo es una de las principales celebraciones del cristianismo, en la que se conmemora la muerte de Jesús de Nazaret, clavado en una cruz. Pero ¿qué cuentan en realidad los Evangelios? ¿Murió Cristo tal como nos han enseñado?.

La cruz es uno de los símbolos claves del cristianismo, no en vano, es uno de los aspectos de la vida de Jesús en el que coinciden los –a menudo contradictorios– evangelios canónicos. Aunque Mateo, Marco, Lucas y Juan narran su propia versión de los hechos, todos señalan que Jesús murió tal como nos explicaron en clase de religión (faltaría más). Pero apenas aportan detalles sobre la forma en que se ejecutó la pena:

“Después de crucificarlo, los soldados sortearon sus vestiduras y se las repartieron”. (Mateo 27:35).
“Después lo crucificaron. Los soldados se repartieron sus vestiduras, sorteándolas para ver qué le tocaba a cada uno”. (Marcos 15:25).
“Cuando llegaron al lugar llamado 'del Cráneo', lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda”. (Lucas 23:33).
“Allí lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en el medio”. (Juan 19:18).

Como se puede observar, a diferencia de lo que solemos dar por hecho, ninguno de los textos menciona que Jesús fuera clavado en la cruz.

La marca de los clavos

¿Por qué entonces hablamos siempre de los clavos de Cristo? Como de costumbre, es el Evangelio de Juan, el más tardío y el que más diferencias esconde, el que genera esta confusión que llega hasta nuestros días.
Aunque, al igual que el resto de evangelistas, Juan no explica en ningún momento que Jesucristo fuera clavado en la cruz, sí hace referencia a este hecho en la famosa escena de la incredulidad de Santo Tomás, cuando éste asegura: “Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado no lo creeré”.
Ocho días más tarde aparece Jesucristo y le pide a Tomás que vea sus heridas y deje de ser incrédulo. (Juan 20:24-29).

Es esta la única referencia de los evangelios canónicos al modo en que Cristo fue crucificado, y se realiza 'a posteriori' a través de un apostol, Tomás, del que más allá del nombre no cuentan absolutamente nada el resto de evangelistas.
Como explica en 'The Conversation' Meredith J. C. Warren, profesora de estudios religiosos y bíblicos de la Universidad de Sheffield, para encontrar más información sobre los clavos de Cristo hay que recurrir a evangelios apócrifos.

La tradición cristiana asume que los criminales eran clavados en la cruz, pero lo cierto es que en la mayoría de los casos eran colgados usando cuerdas.

El evangelio de San Pedro, un texto hallado en Egipto en el siglo XIX y que, según la mayor parte de los investigadores, data de la primera mitad del siglo II (y es posterior, por tanto, a los evangelios canónicos), sí cuenta que los clavos fueron retirados de las manos de Cristo después de su muerte. En este evangelio la propia cruz se convierte en un personaje de la narrativa e, incluso, responde con su propia voz a Dios, algo que, según Warren, constata la importancia que el símbolo, que en los albores del cristianismo no tuvo ninguna importancia, fue ganando a medida que se expandió la religión.
Hasta aquí lo que cuentan los textos religiosos pero ¿qué evidencias históricas respaldan su relato?

Breve historia de un castigo

La crucifixión fue un método de ejecución ampliamente usado en el imperio Romano y en las culturas vecinas del Mediterráneo, que servía para humillar públicamente a los esclavos y los criminales de más baja escala social, así como para castigar a los enemigos del Estado. Esta última es la razón por la que, según los evangelios, los romanos condenaron a Jesús: como Rey de los Judíos, Cristo estaba desafiando la supremacía imperial romana (Mateo 27:37, Marco 15:26, Lucas 23:38, Juan 19:19-22).

Sólo existe una evidencia antropológica de este tipo de crucifixión, hallada en una tumba del siglo I d.C.
 Gracias a los documentos históricos existentes sabemos que la crucifixión se podía llevar a cabo de muchas formas. La tradición cristiana asume que los criminales eran clavados en un madero con forma de cruz –el debate se centra, únicamente, en si los clavos se situaban en la palma de la mano o la muñeca–, pero lo cierto es que en la mayoría de los casos los criminales eran colgados usando cuerdas, y no siempre el instrumento de tortura tenía la forma que imaginamos hoy en día.

Es probable que las primeras cruces consistieran sólo en una estaca vertical, a la que se ataba al reo hasta que moría muerto de hambre o ahogado (lo más habitual). Después el método se sofisticó, añadiendo un travesaño de madera a la parte superior, formando un instrumento de tortura en forma de T. Otras formas comunes eran las cruces en forma de X o de Y.

El historiador judío-romano Flavio Josefo, responsable de la alusión directa más antigua a Jesús de fuentes no cristianas (en torno a los años 92 y 94 de nuestra era), asegura que, durante la primera gran revuelta judía (70 d.C.) los romanos “fuera de si –de ira y odio– se divertían clavando a sus prisioneros en diferentes posturas”. Este hecho, aunque posterior a la muerte de Cristo, parece indicar que, en efecto, en esta época los romanos se molestaban en clavar a la cruz a algunos criminales de tipo político.

La práctica del enclavamiento, sin embargo, goza de muy pocos vestigios arqueológicos (algo habitual en todo lo que respecta al Jesús histórico). Sólo existe una evidencia antropológica de este tipo de crucifixión, hallada en una tumba datada en el siglo I d.C. El cuerpo de Jehohanan, que así se llamaba el difunto, conservaba un clavo oxidado en el talón del pie derecho con el que, se cree, se debieron clavar a la cruz ambos pies. No existen evidencias, por el contrario, de que se le hubieran clavado los brazos o las manos.
https://www.ecestaticos.com/image/clipping/585/e48a46f0f18ac220ac2438882888bc56/unica-evidencia-antropologica-encontrada-en-1968-sobre-una-crucifixion.jpg
Única evidencia arqueológica encontrada sobre una crucifixión

Las primeras cruces del cristianismo

El grafito de Alexámenos es un dibujo encontrado en un muro en el monte Palatino, en Roma, considerado la primera representación pictórica conocida de la crucifixión de Jesús. No está clara la fecha en que se pintó, aunque podría datar del siglo I o II d.C. Lo que sí parece claro es que se trata de una representación irónica contra los cristianos, pues el crucificado tiene cabeza de burro y se puede leer “Alexámenos adora a [su] dios” en referencia, probablemente, al hombre que aparece junto a la cruz y que debía profesar el cristianismo.



Delineado del dibujo del grafito de Alexámenos.
Grafito de Alexámenos
En esta época los cristianos nunca representaban a Jesucristo en la cruz, una práctica que no se extendió hasta bien entrado el siglo IV, cuando empieza a aparecer la imagen icónica de Cristo que ha llegado hasta nuestros días. Las primeras representaciones de Jesús de raigambre cristiana, no obstante, datan de los siglos II y III. Se trata de un par de gemas en las que, claramente, se ve cómo las manos de Jesucristo cuelgan de la cruz, como si estuvieran atadas.

¿Quiere decir esto que los clavos de Jesucristo nunca existieron? No, pero tampoco tenemos información para pensar lo contrario. “Dado que la evidencia de la antigüedad no proporciona una respuesta clara sobre si Jesús fue clavado o atado a la cruz, es la tradición la que dicta esta representación común”, asegura Warren.
En el año 337 el emperador Constantino prohibió la crucifixión como método de ejecución en el Imperio Romano, no por razones éticas, sino por respeto a Jesucristo.
Para entonces el relato mítico ya se había formado y la leyenda y la historia no han dejado de confundirse desde entonces.

*Tomado de https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-03-25/murio-jesucristo-como-creemos-esta-es-la-verdadera-historia-de-la-crucifixion_1172350/

LA VERDADERA HISTORIA DE LA CRUCIFIXIÓN

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El Viernes Santo es una de las principales celebraciones del cristianismo, en la que se conmemora la muerte de Jesús de Nazaret, clavado en una cruz. Pero ¿qué cuentan en realidad los Evangelios? ¿Murió Cristo tal como nos han enseñado?.

La cruz es uno de los símbolos claves del cristianismo, no en vano, es uno de los aspectos de la vida de Jesús en el que coinciden los –a menudo contradictorios– evangelios canónicos. Aunque Mateo, Marco, Lucas y Juan narran su propia versión de los hechos, todos señalan que Jesús murió tal como nos explicaron en clase de religión (faltaría más). Pero apenas aportan detalles sobre la forma en que se ejecutó la pena:

“Después de crucificarlo, los soldados sortearon sus vestiduras y se las repartieron”. (Mateo 27:35).
“Después lo crucificaron. Los soldados se repartieron sus vestiduras, sorteándolas para ver qué le tocaba a cada uno”. (Marcos 15:25).
“Cuando llegaron al lugar llamado 'del Cráneo', lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda”. (Lucas 23:33).
“Allí lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en el medio”. (Juan 19:18).

Como se puede observar, a diferencia de lo que solemos dar por hecho, ninguno de los textos menciona que Jesús fuera clavado en la cruz.

La marca de los clavos

¿Por qué entonces hablamos siempre de los clavos de Cristo? Como de costumbre, es el Evangelio de Juan, el más tardío y el que más diferencias esconde, el que genera esta confusión que llega hasta nuestros días.
Aunque, al igual que el resto de evangelistas, Juan no explica en ningún momento que Jesucristo fuera clavado en la cruz, sí hace referencia a este hecho en la famosa escena de la incredulidad de Santo Tomás, cuando éste asegura: “Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado no lo creeré”.
Ocho días más tarde aparece Jesucristo y le pide a Tomás que vea sus heridas y deje de ser incrédulo. (Juan 20:24-29).

Es esta la única referencia de los evangelios canónicos al modo en que Cristo fue crucificado, y se realiza 'a posteriori' a través de un apostol, Tomás, del que más allá del nombre no cuentan absolutamente nada el resto de evangelistas.
Como explica en 'The Conversation' Meredith J. C. Warren, profesora de estudios religiosos y bíblicos de la Universidad de Sheffield, para encontrar más información sobre los clavos de Cristo hay que recurrir a evangelios apócrifos.

La tradición cristiana asume que los criminales eran clavados en la cruz, pero lo cierto es que en la mayoría de los casos eran colgados usando cuerdas.

El evangelio de San Pedro, un texto hallado en Egipto en el siglo XIX y que, según la mayor parte de los investigadores, data de la primera mitad del siglo II (y es posterior, por tanto, a los evangelios canónicos), sí cuenta que los clavos fueron retirados de las manos de Cristo después de su muerte. En este evangelio la propia cruz se convierte en un personaje de la narrativa e, incluso, responde con su propia voz a Dios, algo que, según Warren, constata la importancia que el símbolo, que en los albores del cristianismo no tuvo ninguna importancia, fue ganando a medida que se expandió la religión.
Hasta aquí lo que cuentan los textos religiosos pero ¿qué evidencias históricas respaldan su relato?

Breve historia de un castigo

La crucifixión fue un método de ejecución ampliamente usado en el imperio Romano y en las culturas vecinas del Mediterráneo, que servía para humillar públicamente a los esclavos y los criminales de más baja escala social, así como para castigar a los enemigos del Estado. Esta última es la razón por la que, según los evangelios, los romanos condenaron a Jesús: como Rey de los Judíos, Cristo estaba desafiando la supremacía imperial romana (Mateo 27:37, Marco 15:26, Lucas 23:38, Juan 19:19-22).

Sólo existe una evidencia antropológica de este tipo de crucifixión, hallada en una tumba del siglo I d.C.
 Gracias a los documentos históricos existentes sabemos que la crucifixión se podía llevar a cabo de muchas formas. La tradición cristiana asume que los criminales eran clavados en un madero con forma de cruz –el debate se centra, únicamente, en si los clavos se situaban en la palma de la mano o la muñeca–, pero lo cierto es que en la mayoría de los casos los criminales eran colgados usando cuerdas, y no siempre el instrumento de tortura tenía la forma que imaginamos hoy en día.

Es probable que las primeras cruces consistieran sólo en una estaca vertical, a la que se ataba al reo hasta que moría muerto de hambre o ahogado (lo más habitual). Después el método se sofisticó, añadiendo un travesaño de madera a la parte superior, formando un instrumento de tortura en forma de T. Otras formas comunes eran las cruces en forma de X o de Y.

El historiador judío-romano Flavio Josefo, responsable de la alusión directa más antigua a Jesús de fuentes no cristianas (en torno a los años 92 y 94 de nuestra era), asegura que, durante la primera gran revuelta judía (70 d.C.) los romanos “fuera de si –de ira y odio– se divertían clavando a sus prisioneros en diferentes posturas”. Este hecho, aunque posterior a la muerte de Cristo, parece indicar que, en efecto, en esta época los romanos se molestaban en clavar a la cruz a algunos criminales de tipo político.

La práctica del enclavamiento, sin embargo, goza de muy pocos vestigios arqueológicos (algo habitual en todo lo que respecta al Jesús histórico). Sólo existe una evidencia antropológica de este tipo de crucifixión, hallada en una tumba datada en el siglo I d.C. El cuerpo de Jehohanan, que así se llamaba el difunto, conservaba un clavo oxidado en el talón del pie derecho con el que, se cree, se debieron clavar a la cruz ambos pies. No existen evidencias, por el contrario, de que se le hubieran clavado los brazos o las manos.
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Única evidencia arqueológica encontrada sobre una crucifixión

Las primeras cruces del cristianismo

El grafito de Alexámenos es un dibujo encontrado en un muro en el monte Palatino, en Roma, considerado la primera representación pictórica conocida de la crucifixión de Jesús. No está clara la fecha en que se pintó, aunque podría datar del siglo I o II d.C. Lo que sí parece claro es que se trata de una representación irónica contra los cristianos, pues el crucificado tiene cabeza de burro y se puede leer “Alexámenos adora a [su] dios” en referencia, probablemente, al hombre que aparece junto a la cruz y que debía profesar el cristianismo.



Delineado del dibujo del grafito de Alexámenos.
Grafito de Alexámenos
En esta época los cristianos nunca representaban a Jesucristo en la cruz, una práctica que no se extendió hasta bien entrado el siglo IV, cuando empieza a aparecer la imagen icónica de Cristo que ha llegado hasta nuestros días. Las primeras representaciones de Jesús de raigambre cristiana, no obstante, datan de los siglos II y III. Se trata de un par de gemas en las que, claramente, se ve cómo las manos de Jesucristo cuelgan de la cruz, como si estuvieran atadas.

¿Quiere decir esto que los clavos de Jesucristo nunca existieron? No, pero tampoco tenemos información para pensar lo contrario. “Dado que la evidencia de la antigüedad no proporciona una respuesta clara sobre si Jesús fue clavado o atado a la cruz, es la tradición la que dicta esta representación común”, asegura Warren.
En el año 337 el emperador Constantino prohibió la crucifixión como método de ejecución en el Imperio Romano, no por razones éticas, sino por respeto a Jesucristo.
Para entonces el relato mítico ya se había formado y la leyenda y la historia no han dejado de confundirse desde entonces.

*Tomado de https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-03-25/murio-jesucristo-como-creemos-esta-es-la-verdadera-historia-de-la-crucifixion_1172350/
Viernes, 21 de Julio de 2017

SAUL: EL REY DE LOS PREPUCIOS

Por Ferney Yesyd Rodriguez*


Esta historia ocurrió cuando Saúl era el primer rey de Israel. Este rey sentía celos de David. Para evitar que este tomara como esposa a su hija le puso un reto casi imposible (no, no fue cazar al minotauro). David cumple con el reto lo que demostró que el dios Jehová estaba con él. Curiosamente este dios Jehová había elegido a Saúl como rey. Qué elecciones y apoyos tan raros los de Jehová, ¿no?


1 de Samuel 18:25-29 (Versión “Dios habla hoy”)

25 Entonces Saúl, con la intención de que David cayera en manos de los filisteos, les contestó:

—Díganle a David que en lugar de la compensación que se acostumbra dar por la esposa, yo, el rey, prefiero que me entregue cien prepucios de filisteos, para vengarme de mis enemigos.

26 Los servidores de Saúl le comunicaron estas noticias a David, y David consideró apropiada la oportunidad de llegar a ser yerno del rey. Antes de que el plazo se cumpliera, 27 David tomó a sus hombres, y fue y mató a doscientos filisteos; luego llevó los prepucios de éstos al rey, y se los entregó para poder ser su yerno. Entonces Saúl le concedió a su hija Mical por esposa.


28 Pero al ver y comprobar Saúl que el Señor ayudaba a David y que su hija Mical lo amaba, 29 llegó a tenerle más miedo que antes, y se convirtió en su eterno enemigo.


Sin Comentarios

*Tomado de SinDioses.org 

SAUL: EL REY DE LOS PREPUCIOS

Por Ferney Yesyd Rodriguez*


Esta historia ocurrió cuando Saúl era el primer rey de Israel. Este rey sentía celos de David. Para evitar que este tomara como esposa a su hija le puso un reto casi imposible (no, no fue cazar al minotauro). David cumple con el reto lo que demostró que el dios Jehová estaba con él. Curiosamente este dios Jehová había elegido a Saúl como rey. Qué elecciones y apoyos tan raros los de Jehová, ¿no?


1 de Samuel 18:25-29 (Versión “Dios habla hoy”)

25 Entonces Saúl, con la intención de que David cayera en manos de los filisteos, les contestó:

—Díganle a David que en lugar de la compensación que se acostumbra dar por la esposa, yo, el rey, prefiero que me entregue cien prepucios de filisteos, para vengarme de mis enemigos.

26 Los servidores de Saúl le comunicaron estas noticias a David, y David consideró apropiada la oportunidad de llegar a ser yerno del rey. Antes de que el plazo se cumpliera, 27 David tomó a sus hombres, y fue y mató a doscientos filisteos; luego llevó los prepucios de éstos al rey, y se los entregó para poder ser su yerno. Entonces Saúl le concedió a su hija Mical por esposa.


28 Pero al ver y comprobar Saúl que el Señor ayudaba a David y que su hija Mical lo amaba, 29 llegó a tenerle más miedo que antes, y se convirtió en su eterno enemigo.


Sin Comentarios

*Tomado de SinDioses.org 

SAUL: EL REY DE LOS PREPUCIOS

Por Ferney Yesyd Rodriguez*


Esta historia ocurrió cuando Saúl era el primer rey de Israel. Este rey sentía celos de David. Para evitar que este tomara como esposa a su hija le puso un reto casi imposible (no, no fue cazar al minotauro). David cumple con el reto lo que demostró que el dios Jehová estaba con él. Curiosamente este dios Jehová había elegido a Saúl como rey. Qué elecciones y apoyos tan raros los de Jehová, ¿no?


1 de Samuel 18:25-29 (Versión “Dios habla hoy”)

25 Entonces Saúl, con la intención de que David cayera en manos de los filisteos, les contestó:

—Díganle a David que en lugar de la compensación que se acostumbra dar por la esposa, yo, el rey, prefiero que me entregue cien prepucios de filisteos, para vengarme de mis enemigos.

26 Los servidores de Saúl le comunicaron estas noticias a David, y David consideró apropiada la oportunidad de llegar a ser yerno del rey. Antes de que el plazo se cumpliera, 27 David tomó a sus hombres, y fue y mató a doscientos filisteos; luego llevó los prepucios de éstos al rey, y se los entregó para poder ser su yerno. Entonces Saúl le concedió a su hija Mical por esposa.


28 Pero al ver y comprobar Saúl que el Señor ayudaba a David y que su hija Mical lo amaba, 29 llegó a tenerle más miedo que antes, y se convirtió en su eterno enemigo.


Sin Comentarios

*Tomado de SinDioses.org 
Sábado, 15 de Abril de 2017

Reflexiones para Semana Santa

Celebración de Semana Santa en Toledo (España).


Por Manuel Millán (*)

En los maravillosos años de las tertulias que tenían lugar en RAZÓN ATEA –el blog del filósofo, escritor y periodista mendocino Fernando G. Toledo— pude aprender y enriquecerme con los participantes en los mismos.
El materialismo filosófico lo encarnaba el propietario de la página. Fernando Cuartero y Atilio desarrollaban sus argumentos como escépticos formidables y siempre con una base científica que hacían inquebrantables sus conclusiones. Recuerdo –le he perdido la pista— al teísta católico que se hacía llamar Dark Packer. Había muchos más, iconoclastas la mayoría, sabios todos, poseedores de una oratoria y sintaxis dignas de los mejores alumnos, los «cerebritos», los que sufrían bullying porque los mediocres no soportaban su superior intelecto. En mi corazón hay un sitio especial por ese mexicano esteta y amante de toda manifestación cultural, religiosa o no, que murió trágicamente hace ya tres años: Enrique Arias, «Ariastóteles». De él aprendí el valor supremo de la belleza como motor de la vida, así como el ensimismamiento ante la brutal maravilla que nos rodea, creada por el hombre o la naturaleza.
Con las redes me he encontrado con antiguos amigos y he hecho amistades cibernéticas nuevas. Sacerdotes, músicos, políticos de todas las ideologías, profesores, artistas, creadores, obreros, empresarios, etc. La variedad de la sociedad es infinita y los posicionamientos ante la vida van a la par.
Por consiguiente, todos los años se han generado debates  antes de comenzar las festividades religiosas cristianas. Me gusta que existan, pero creo que me tengo que definir de forma radical. Soy escéptico, laicista y creo firmemente que por el bien de mi patria y de las religiones, el estado laico (o aconfesional, que es lo mismo pero «no e iguá», que diría Martes y 13) es el único aceptable.
Asimismo, en todo estado laico deben existir convenios con las religiones y con otras asociaciones para celebrar actos públicos que se consideren de interés cultural, antropológico y económico para todos.



Aquí es cuando empiezo a chocar con el resto de laicistas. Creo firmemente que las administraciones públicas deben ser partícipes activas en las procesiones de Semana Santa, al igual que en los desfiles de Carnaval o en las celebraciones de conmemoraciones de éxitos sociales conseguidos en el pasado, como son el 1 de mayo o el día del orgullo gay.
El Estado debe apoyar la riqueza de la nación y las manifestaciones que suceden estos días lo son de forma incuestionable. Son bellas y muy especiales. En muchos lugares de España salen a la calle obras maestras de la escultura barroca, la puesta en escena es variopinta e intensa. Siempre me planteo que si la seriedad con la que millones de españoles organizan los actos de estos días se extrapolara al resto de las funciones, seríamos la primera potencia mundial.
Por último y no menos importante: la Semana Santa es una gran fuente de ingreso económico. Una ciudad pequeña como la mía [Cuenca] multiplica por tres su población en Jueves y Viernes Santo. No hay ideología, por muy racional que pretenda ser, que justifique la pobreza o la eliminación de un negocio sostenible, no contaminante y que provoca todo tipo de sentimientos.
Como conclusión: quiero un estado laico, que sea neutro ante las religiones pero que las admita en el ámbito público cuando el beneficio es para todos. Quiero el sonido del almuecín en la mezquita, las campanas de los templos católicos y sobre todo, quiero escuchar nuevamente las dos Pasiones de Bach y seguir conmoviéndome. Quiero que mis entrañas se retuerzan a pesar de que la neurociencia logre entender el porqué de todo ello.

(*) Publicado originalmente en el blog Entre fusas anda el juego.

Reflexiones para Semana Santa

Celebración de Semana Santa en Toledo (España).


Por Manuel Millán (*)

En los maravillosos años de las tertulias que tenían lugar en RAZÓN ATEA –el blog del filósofo, escritor y periodista mendocino Fernando G. Toledo— pude aprender y enriquecerme con los participantes en los mismos.
El materialismo filosófico lo encarnaba el propietario de la página. Fernando Cuartero y Atilio desarrollaban sus argumentos como escépticos formidables y siempre con una base científica que hacían inquebrantables sus conclusiones. Recuerdo –le he perdido la pista— al teísta católico que se hacía llamar Dark Packer. Había muchos más, iconoclastas la mayoría, sabios todos, poseedores de una oratoria y sintaxis dignas de los mejores alumnos, los «cerebritos», los que sufrían bullying porque los mediocres no soportaban su superior intelecto. En mi corazón hay un sitio especial por ese mexicano esteta y amante de toda manifestación cultural, religiosa o no, que murió trágicamente hace ya tres años: Enrique Arias, «Ariastóteles». De él aprendí el valor supremo de la belleza como motor de la vida, así como el ensimismamiento ante la brutal maravilla que nos rodea, creada por el hombre o la naturaleza.
Con las redes me he encontrado con antiguos amigos y he hecho amistades cibernéticas nuevas. Sacerdotes, músicos, políticos de todas las ideologías, profesores, artistas, creadores, obreros, empresarios, etc. La variedad de la sociedad es infinita y los posicionamientos ante la vida van a la par.
Por consiguiente, todos los años se han generado debates  antes de comenzar las festividades religiosas cristianas. Me gusta que existan, pero creo que me tengo que definir de forma radical. Soy escéptico, laicista y creo firmemente que por el bien de mi patria y de las religiones, el estado laico (o aconfesional, que es lo mismo pero «no e iguá», que diría Martes y 13) es el único aceptable.
Asimismo, en todo estado laico deben existir convenios con las religiones y con otras asociaciones para celebrar actos públicos que se consideren de interés cultural, antropológico y económico para todos.



Aquí es cuando empiezo a chocar con el resto de laicistas. Creo firmemente que las administraciones públicas deben ser partícipes activas en las procesiones de Semana Santa, al igual que en los desfiles de Carnaval o en las celebraciones de conmemoraciones de éxitos sociales conseguidos en el pasado, como son el 1 de mayo o el día del orgullo gay.
El Estado debe apoyar la riqueza de la nación y las manifestaciones que suceden estos días lo son de forma incuestionable. Son bellas y muy especiales. En muchos lugares de España salen a la calle obras maestras de la escultura barroca, la puesta en escena es variopinta e intensa. Siempre me planteo que si la seriedad con la que millones de españoles organizan los actos de estos días se extrapolara al resto de las funciones, seríamos la primera potencia mundial.
Por último y no menos importante: la Semana Santa es una gran fuente de ingreso económico. Una ciudad pequeña como la mía [Cuenca] multiplica por tres su población en Jueves y Viernes Santo. No hay ideología, por muy racional que pretenda ser, que justifique la pobreza o la eliminación de un negocio sostenible, no contaminante y que provoca todo tipo de sentimientos.
Como conclusión: quiero un estado laico, que sea neutro ante las religiones pero que las admita en el ámbito público cuando el beneficio es para todos. Quiero el sonido del almuecín en la mezquita, las campanas de los templos católicos y sobre todo, quiero escuchar nuevamente las dos Pasiones de Bach y seguir conmoviéndome. Quiero que mis entrañas se retuerzan a pesar de que la neurociencia logre entender el porqué de todo ello.

(*) Publicado originalmente en el blog Entre fusas anda el juego.
Jueves, 12 de Enero de 2017

Por una educación sin dogmas

Si queremos disminuir la inequidad social, algo esencial para consolidar la paz interna y mejorar la calidad de vida no hay otro camino que transformar la educación hacia la construcción de un pensamiento crítico, sin dogmas y sin mitos.

Por Carlos Julio Martínez (*)

Las religiones y sus dogmas han causado más conflictos, odios y masacres que todas las guerras mundiales juntas. La cuenta de muertos, de desplazamientos y de dolor continúa en el presente por causa de este fenómeno. Es esta una razón contundente para concluir que las religiones dividen, crean problemas y por lo tanto han sido un fracaso en la búsqueda de la paz y el amor entre los ciudadanos del mundo.


Los Estados y los gobiernos tienen la obligación de enseñar a pensar a sus ciudadanos en completa libertad y no bajo el ojo vigilante del cristianismo. Una sociedad que descubre que los dioses no existen y pone en duda los mitos, como por ejemplo aquel en el que un espíritu embarazó a una mujer, le permite apreciar el universo sin filtros, y muy probablemente crea individuos con mejor calidad humana.

El conocimiento fundamentado en la ciencia libera de la culpa a los fieles sometidos mentalmente bajo la doctrina del pecado y los acerca a una vida llena de valores, de respeto por la existencia y por el prójimo con la consciencia de servir a todo lo que hay en el universo.

Una colectividad que piensa y razona críticamente entiende que esta es nuestra única oportunidad para ser felices y no hay que desaprovecharla matando al que piensa diferente, o enriqueciéndose a costilla de las multitudes incautas que aun sin tener que comer entregan a sus pastores el diez por ciento de sus ingresos.

Pero esto parece imposible —crear personas con un pensamiento crítico — en el modelo actual, donde la iglesia Católica se ha apropiado de la educación y es dueña de miles de colegios, escuelas y universidades en todo el mundo. Esto le representa astronómicos ingresos económicos. Allí, en sus aulas, forman autómatas incapaces de cuestionar su mundo religioso. Obviamente existen excepciones en las que profesionales formados en claustros bajo la dirección de los religiosos se gradúan con un pensamiento crítico. Pero a nivel de los niños los resultados son adversos: niños que crecen bajo el dominio de una fe ciega.
Tomado de dosisdiarias.com 
La incuestionada doctrina del pecado, por parte de los fieles, logra resultados asombrosos, como por ejemplo que crean ciegamente en la Biblia. Un libro en el que una serpiente y una asna hablan, donde los muertos resucitan, en el que los peces se multiplican para calmar el hambre de una multitud y el que afirma que Jonás viajó dentro del estomago de una ballena para luego salir vivo. Esto supera los límites del conocimiento científico, la lógica y la razón. En tanta ignorancia se haya el secreto de la perpetuidad y la riqueza del Vaticano como institución para ofrecer la salvación de los ‘pecadores’.

Para contrarrestar la fe ciega, la religión se debe enseñar desde el punto de vista de la historia y la academia y no desde la doctrina cristiana. Es la única estrategia para formar hombres con un conocimiento universal y no sesgado a favor de un solo credo. Para ello, el primer paso que hay que dar es sacar las biblias y los curas de las escuelas del Estado y reemplazarlos por educadores y textos al servicio de la ciencia. Ellos, los sacerdotes, cuentan con una iglesia en cada barrio y un centro de culto, en el caso de los pastores, en cada cuadra, desde donde pueden ejercer sus actividades parroquiales, especialmente la más aterradora de todas: la pederastia.

Un Estado que, a través de la educación, les dice a los niños que la Tierra tiene 6 mil años de edad, que el hombre proviene de una bola de barro y la mujer de una costilla de este hombre de barro, es un estado corrupto y macabro. Ya es hora de que Colombia sea un verdadero estado laico, en el que se invierta el presupuesto en más ciencia, más tecnología, más valores, más laboratorios en los colegios y menos religión.

Es un exabrupto que se asignen miles de millones de pesos de las regalías en la construcción de monumentos religiosos como el Santísimo en el departamento de Santander, o que se aprueben partidas millonarias en celebraciones católicas, como la Semana Santa en Popayán, o en restaurar docenas de iglesias a lo largo y ancho de la geografía colombiana. Mientras este despilfarro se lleva a cabo bajo la complacencia de los gobernantes de turno, se amplía la brecha existente que en materia de educación existe entre nuestro país y los países de la OCDE, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.


Si como colombianos queremos disminuir la inequidad social, algo esencial para consolidar la paz interna y mejorar la calidad de vida de los más necesitados no hay otro camino que transformar la educación hacia la construcción de un pensamiento crítico, sin dogmas y sin mitos y con una visión hacia el progreso social, científico, humano y económico. Esa es la clave para lograr un verdadero y revolucionario cambio en los hombres que como nación estamos formando.

Curiosamente, entre más religioso el país peor es el rendimiento estudiantil en Ciencias
Resultados de prueba PISA 2012
Tomado de EducaLab

Lunes, 26 de Diciembre de 2016

JESUS NO NACIÓ EL 25 DE DICIEMBRE

Por guerreropirata*



No hay referencias bíblicas ni documentales que sugieran que Jesús nació en la madrugada del 25 de diciembre. La vida de Jesús no fue documentada por las autoridades romanas ni por los historiadores de la época: los recuerdos que quedaron en los testimonios orales del siglo I son alegóricos, simbólicos, ejemplificantes y no históricos. 

Así lo sostiene el profesor de Historia Antigua de la Universidad de los Andes, Jaime Borja. Para acercarse a la vida de Jesús, hay que diferenciar entre el Jesús simbólico y el histórico, según le afirmó a Semana Educación el profesor.
Jesús histórico pudo nacer el 25 de diciembre o en cualquier otra fecha, pero no es posible saberlo con precisión y no hay ninguna pista que lo sugiera dentro de la Biblia

Lo que existe, por el otro lado, son indicios que permiten pensar que no nació en diciembre. 
Por ejemplo, en el Evangelio de Lucas hay una referencia sobre su nacimiento. Antes de nacer el mesías, los pastores velaban mientras sus rebaños pastaban. 
El problema geográfico, evidente para quien conozca el clima en Palestina, es que los pastores no hacían vigilias en invierno por las bajas temperaturas. Las ovejas y los bueyes eran resguardados durante diciembre y enero.
Otro argumento para afirmar que Jesús no nació el 25 de diciembre es que los censos romanos, como el ordenado por Augusto que obligó a José y a María a viajar, no ocurrían en invierno. 
Un censo era una medida impopular: estaba relacionada con el pago de impuestos y el reclutamiento.  
Le recordaba a una región inestable como Palestina el poder de los romanos. Entonces, es muy poco probable que se tomara la medida en pleno invierno, cuando el mal clima dificulta desplazarse a las ciudades de nacimiento.
La conmemoración litúrgica del 25 de diciembre no está relacionada con el Jesús histórico, ni con el bíblico, sino con las religiones politeístas del Mediterráneo. 
Según el historiador de las religiones Mircea Eliade, el 25 de diciembre se conmemoraba el nacimiento de todas las divinidades solares orientales. 
De la misma forma, Jaime Borja afirma que ese día es el solsticio de invierno y se conmemoraban las fiestas saturnales en Roma, que representaban el triunfo del sol sobre las tinieblas. Lo que ocurrió fue que Jesús reemplazó al dios solar, que derrotaba cada año a las tinieblas.

En Roma convivían cientos de tradiciones religiosas del Mediterráneo. Isis, Set, Baal y Hera eran dioses populares: los veneraban desde las capas sociales más bajas hasta los emperadores. 
Por ejemplo, Cómodo (185-192) se había iniciado en los Misterios de Isis y de Mitra. 
Sin embargo, de todos los dioses el sol  había sido uno de los más venerados por griegos, romanos, persas y egipcios. Constantino (272-337), antes de convertirse al cristianismo, seguía al Sol Invictus y lo consideraba el fundamento del imperio. 
La arqueología es rica en pruebas: las inscripciones dedicadas al sol son recurrentes en las monedas y los monumentos.

La conversión del mayor seguidor del Sol Invictus al cristianismo determinó la mezcla de elementos solares en la iconografía y en la liturgia cristiana. Lactancio, un escritor cristiano del siglo IV, sostiene que Constantino fue advertido en sus sueños: debía grabar en los escudos el signo de la cruz antes de entrar en batalla de Milvio. 
Eusebio, obispo de Cesarea, lo describe de otra forma, en medio de la batalla, Constantino vio el signo de la cruz en el horizonte y oyó una voz que le decía, “Por ella vencerás”. Por la noche Cristo se apareció y lo invitó a convertirse.
Desde entonces, el cristianismo pasó a ser la religión imperial. Los cristianos ya no serían perseguidos, acusados de ateísmo, antropofagia, infanticio y de practicar orgías en las iglesias. Tampoco serían obligados a sacrificar animales en honor a los dioses romanos. 
Sin embargo, el mayor peligro al que se sometían los cristianos era más sutil y venía de adentro: el surgimiento de las herejías. 
Dentro de la iglesia no había canon, los apóstoles ya estaban muertos y circulaban una serie de textos diversos y contradictorios, como el Evangelio de Tomás, el Evangelio de la Verdad, el Evangelio del Pseudo Mateo, los Hechos de Pedro, los Hechos de Juan.
Dentro de las diferentes interpretaciones había unas más radicales que otras. 70 años después de Cristo, por ejemplo, Simón el Mago fue denunciado como el primer hereje por los cristianos. Simón consideraba a su pareja, Helena, una prostituta de un burdel en Tiro, la encarnación del pensamiento de Dios y una reencarnación de Helena de Troya. Simón rechazaba los contenidos del Antiguo Testamento y reducía el canon al Evangelio de Lucas y a las epístolas paulinas. 
Desde luego, había otras interpretaciones menos excéntricas. Arrio, sacerdote de Alejandría, discutió el concepto de la Trinidad con profundas reflexiones filosóficas e inició una herejía muy popular, el arrianismo.
Según el famoso teólogo alemán Walter Bauer, “el cristianismo primitivo era muy complejo y admitía expresiones múltiples y variadas, inclusive, las primeras formas que adoptó el cristianismo se aproximaban a las que pasado algún tiempo se considerarían heréticas”. Durante los primeros años, hubo muchas incorporaciones paganas, los cristianos influidos por las ideas gnósticas y platónicas dividieron al hombre en dos, uno psíquico inferior y otro espiritual que era superior. 
De ahí, la idea cristiana de despojarse del hombre carnal para hacerse puramente espiritual. Se tomaron muchos elementos prestados de otras religiones, por ejemplo, la ascensión del alma a un mundo celeste aparecen entre los mandeos, egipcios y persas.

El triunfo del cristianismo en Roma implicó que se fijaran cánones y las otras interpretaciones se volvieron heréticas, pero también implicó la incorporación de tradiciones religiosas del Mediterráneo, que se escogieron con mayor orden que durante los primeros años. Con el triunfo se le puso coherencia a corrientes religiosas contradictorias. Según Mercede Eliade, el Cristianismo de Roma surgió como una concepción religiosa organizada desde la razón, marcada por el pensamiento sistemático de la filosofía griega y mezclada con elementos jurídicos del orden romano, cargada de rasgos religiosos paganos con orígenes antiguos, como la Navidad.

*Tomado de http://www.semana.com/educacion/articulo/jesus-no-nacio-el-25-de-diciembre/510086

JESUS NO NACIÓ EL 25 DE DICIEMBRE

Por guerreropirata*



No hay referencias bíblicas ni documentales que sugieran que Jesús nació en la madrugada del 25 de diciembre. La vida de Jesús no fue documentada por las autoridades romanas ni por los historiadores de la época: los recuerdos que quedaron en los testimonios orales del siglo I son alegóricos, simbólicos, ejemplificantes y no históricos. 

Así lo sostiene el profesor de Historia Antigua de la Universidad de los Andes, Jaime Borja. Para acercarse a la vida de Jesús, hay que diferenciar entre el Jesús simbólico y el histórico, según le afirmó a Semana Educación el profesor.
Jesús histórico pudo nacer el 25 de diciembre o en cualquier otra fecha, pero no es posible saberlo con precisión y no hay ninguna pista que lo sugiera dentro de la Biblia

Lo que existe, por el otro lado, son indicios que permiten pensar que no nació en diciembre. 
Por ejemplo, en el Evangelio de Lucas hay una referencia sobre su nacimiento. Antes de nacer el mesías, los pastores velaban mientras sus rebaños pastaban. 
El problema geográfico, evidente para quien conozca el clima en Palestina, es que los pastores no hacían vigilias en invierno por las bajas temperaturas. Las ovejas y los bueyes eran resguardados durante diciembre y enero.
Otro argumento para afirmar que Jesús no nació el 25 de diciembre es que los censos romanos, como el ordenado por Augusto que obligó a José y a María a viajar, no ocurrían en invierno. 
Un censo era una medida impopular: estaba relacionada con el pago de impuestos y el reclutamiento.  
Le recordaba a una región inestable como Palestina el poder de los romanos. Entonces, es muy poco probable que se tomara la medida en pleno invierno, cuando el mal clima dificulta desplazarse a las ciudades de nacimiento.
La conmemoración litúrgica del 25 de diciembre no está relacionada con el Jesús histórico, ni con el bíblico, sino con las religiones politeístas del Mediterráneo. 
Según el historiador de las religiones Mircea Eliade, el 25 de diciembre se conmemoraba el nacimiento de todas las divinidades solares orientales. 
De la misma forma, Jaime Borja afirma que ese día es el solsticio de invierno y se conmemoraban las fiestas saturnales en Roma, que representaban el triunfo del sol sobre las tinieblas. Lo que ocurrió fue que Jesús reemplazó al dios solar, que derrotaba cada año a las tinieblas.

En Roma convivían cientos de tradiciones religiosas del Mediterráneo. Isis, Set, Baal y Hera eran dioses populares: los veneraban desde las capas sociales más bajas hasta los emperadores. 
Por ejemplo, Cómodo (185-192) se había iniciado en los Misterios de Isis y de Mitra. 
Sin embargo, de todos los dioses el sol  había sido uno de los más venerados por griegos, romanos, persas y egipcios. Constantino (272-337), antes de convertirse al cristianismo, seguía al Sol Invictus y lo consideraba el fundamento del imperio. 
La arqueología es rica en pruebas: las inscripciones dedicadas al sol son recurrentes en las monedas y los monumentos.

La conversión del mayor seguidor del Sol Invictus al cristianismo determinó la mezcla de elementos solares en la iconografía y en la liturgia cristiana. Lactancio, un escritor cristiano del siglo IV, sostiene que Constantino fue advertido en sus sueños: debía grabar en los escudos el signo de la cruz antes de entrar en batalla de Milvio. 
Eusebio, obispo de Cesarea, lo describe de otra forma, en medio de la batalla, Constantino vio el signo de la cruz en el horizonte y oyó una voz que le decía, “Por ella vencerás”. Por la noche Cristo se apareció y lo invitó a convertirse.
Desde entonces, el cristianismo pasó a ser la religión imperial. Los cristianos ya no serían perseguidos, acusados de ateísmo, antropofagia, infanticio y de practicar orgías en las iglesias. Tampoco serían obligados a sacrificar animales en honor a los dioses romanos. 
Sin embargo, el mayor peligro al que se sometían los cristianos era más sutil y venía de adentro: el surgimiento de las herejías. 
Dentro de la iglesia no había canon, los apóstoles ya estaban muertos y circulaban una serie de textos diversos y contradictorios, como el Evangelio de Tomás, el Evangelio de la Verdad, el Evangelio del Pseudo Mateo, los Hechos de Pedro, los Hechos de Juan.
Dentro de las diferentes interpretaciones había unas más radicales que otras. 70 años después de Cristo, por ejemplo, Simón el Mago fue denunciado como el primer hereje por los cristianos. Simón consideraba a su pareja, Helena, una prostituta de un burdel en Tiro, la encarnación del pensamiento de Dios y una reencarnación de Helena de Troya. Simón rechazaba los contenidos del Antiguo Testamento y reducía el canon al Evangelio de Lucas y a las epístolas paulinas. 
Desde luego, había otras interpretaciones menos excéntricas. Arrio, sacerdote de Alejandría, discutió el concepto de la Trinidad con profundas reflexiones filosóficas e inició una herejía muy popular, el arrianismo.
Según el famoso teólogo alemán Walter Bauer, “el cristianismo primitivo era muy complejo y admitía expresiones múltiples y variadas, inclusive, las primeras formas que adoptó el cristianismo se aproximaban a las que pasado algún tiempo se considerarían heréticas”. Durante los primeros años, hubo muchas incorporaciones paganas, los cristianos influidos por las ideas gnósticas y platónicas dividieron al hombre en dos, uno psíquico inferior y otro espiritual que era superior. 
De ahí, la idea cristiana de despojarse del hombre carnal para hacerse puramente espiritual. Se tomaron muchos elementos prestados de otras religiones, por ejemplo, la ascensión del alma a un mundo celeste aparecen entre los mandeos, egipcios y persas.

El triunfo del cristianismo en Roma implicó que se fijaran cánones y las otras interpretaciones se volvieron heréticas, pero también implicó la incorporación de tradiciones religiosas del Mediterráneo, que se escogieron con mayor orden que durante los primeros años. Con el triunfo se le puso coherencia a corrientes religiosas contradictorias. Según Mercede Eliade, el Cristianismo de Roma surgió como una concepción religiosa organizada desde la razón, marcada por el pensamiento sistemático de la filosofía griega y mezclada con elementos jurídicos del orden romano, cargada de rasgos religiosos paganos con orígenes antiguos, como la Navidad.

*Tomado de http://www.semana.com/educacion/articulo/jesus-no-nacio-el-25-de-diciembre/510086