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Viernes, 20 de Diciembre de 2019

Libertad de expresión incluso para la película con Jesucristo gay


Gran polémica ha suscitado el especial de navidad del grupo “Porta dos Fundos” llamado “La primera tentación de Cristo” en la que se presenta a un Jesús gay, que encuentra su primer novio en su paso de cuarenta días en el desierto, dando otra versión de la historia de la tentación de Jesús narrada en Mateo capítulo 4. La historia de la película se enmarca en la celebración del cumpleaños 30 de Jesús, y por lo tanto en Navidad, y presenta una serie de críticas a las historias bíblicas como el carácter vengativo e iracundo del Dios de Antiguo Testamento, envueltas de sátira y mucha irreverencia.

Las reacciones en las redes sociales han ido desde campañas para pedirle a Netflix que retire la película de su plataforma hasta comentarios con amenazas al infierno o desgracias en esta vida, o solicitudes de pastores pidiendo a los feligreses que cancelen su suscripción a esta plataforma.
Sin embargo, cabe preguntarse ¿es exagerada esta reacción? ¿caben tales solicitudes de censura en estados democráticos, libres y laicos como piden algunos creyentes?

Censura al cine en Colombia

La censura por motivos religiosos ha estado muy presente en países con mayorías religiosas. En Colombia la Iglesia Católica tuvo un papel importante en censurar libros, periódicos, eventos culturales y también películas.


La acción de la censura estaba orientada por parámetros católicos. De hecho, la Revista de la Acción Católica de octubre de 1934 declaraba que:

“El cine se ha convertido en uno de los más graves problemas contemporáneos. Su enorme difusión como espectáculo de todos los días lo hace capaz de ejercer la más deletérea de las influencias sobre la colectividad. [… ] El cine está socavando la base de nuestras virtudes de pueblo organizado y es obra urgente de buen nacionalismo impedirle que continúe corrompiendo a los nuestros”

En el año de 1936, el entonces Gobernador de Cundinamarca, Parmenio Cárdenas le envía una carta al Vicario General del Arzobispado de Bogotá. Emilio Brigard, en la cual se compromete a cooperar en la cruzada contra las películas que la iglesia considere inmorales y le pide ayuda al clero. “[…]y en ese empeño y para esa campaña solicita, y está seguro de contar con el decidido apoyo de las autoridades eclesiásticas”, escribió el Gobernador.

La Iglesia también ejercía su acción por medio de listados de películas que eran desaconsejables o prohibidas y tal lista se daba a conocer en las misas o en semanarios publicados por ella. Por ejemplo, en julio de 1939 se publica en el periódico “La Unidad Católica” de la Diócesis dePamplona un escrito que arremete contra las directivas del Teatro Santander porla proyección de la película “El Misterio de los Sexos”. Los prelados exclamaron:

“¡Qué Escándalo! Publica y ruidosamente el Señor ha sido injuriado, la moral desagarrada, y el honor de la sociedad Cucuteña pisoteado desvergonzadamente. Sin embargo, hay encargados de autoridad que juraron amparar los derechos de la sociedad y defender y promover el bien general, cuya base es la moralidad pública. […] lo peor de todo fue que la policía monto la guardia al espectáculo inmoral […]”



Películas que hicieron sentir ofendidos a creyentes en Colombia

La cita “La última tentación de Cristo” de Martin Scorsese, llevada a la pantalla en 1988 narra la vida de Jesús de manera más o menos similar a la presentada en los Evangelios, pero la trama cambia cuando al momento de la crucifixión un ángel libera a Jesús de la cruz y puede entonces vivir una vida normal al lado de María Magdalena con quien termina casado.

En aquel momento la cinta llevó a un gran nivel de discusión pública, de manera que fue prohibida en Colombia el 16 de diciembre de ese año. En aquel entonces los fanáticos religiosos profirieron amenazas que iban desde regar con agua bendita las taquillas de los teatros, hasta tirarles piedras a los cinemas que se atrevieran a proyectarla. El veto para esta película duraría, curiosamente, hasta el año 2001. Diez años después de ser Colombia un estado laico.


La señora Grajales adujo que la cinta lesionaba los sentimientos religiosos de los creyentes e incluso a la Constitución Nacional que invoca a Dios en el Preámbulo. La demandante llegó incluso a afirmar que la película de Scorsese cometía los delitos de injuria y calumnia contra Jesucristo. “No es posible que, a la segunda persona de la Santísima Trinidad, el hijo, quien con su muerte nos ha redimido y nos ha comprado con su sangre preciosa, se venga a tratar como un vulgar pecador, lesionando sus derechos divinos.”

Cabe señalar que Jesucristo nunca envío un escrito al Juzgado 18 Penal de Bogotá, para reivindicar sus derechos divinos o la supuesta injuria de Scorsese en su contra.

Ya después, en el 2015 la Corte Constitucional se pronunciaría sobre la censura impuesta a la exposición “Mujeres ocultas” en el Museo Santa Clara, y que contó con figuras del Partido Conservador y del Centro Democrático. En esta sentencia la Honorable Corte afirmó que, si bien la libertad de expresión tiene límites, como la incitación al odio, por ejemplo, esta muestra artística no podía censurarse.

En sus consideraciones tuvo en cuenta la opinión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que sostuvo que “En su dimensión social la libertad de expresión es un medio para el intercambio de ideas e informaciones y para la comunicación masiva entre los seres humanos. Así como comprende el derecho de cada uno a tratar de comunicar a los otros sus propios puntos de vista implica también el derecho de todos a conocer opiniones y noticias. Para el ciudadano común tiene tanta importancia el conocimiento de la opinión ajena o de la información de que disponen otros como el derecho a difundir la propia.”


La censura en tiempos de pluralidad

En diferentes momentos recientes ha habido obras satíricas, películas o novelas que han despertado la indignación de diferentes creyentes. No obstante, es importante señalar que estos feligreses indignados desean imponer a toda la sociedad, que de lejos no es homogénea, sus concepciones filosóficas, religiosas y morales.

Para la señora Enelia Grajales era humillante y difamatorio que se presentase a un Jesús que terminaba su vida casado junto a María Magdalena. ¡Perfecto, pues que no vea tal película! Pero otra cosa es pedirle al Estado que la prohíba para todos los ciudadanos.

A los actuales creyentes que están indignados con la película de “Porta dos fundos” va la misma recomendación: No la vean. Pero pedir que sea retirada, solo porque a ellos no les gusta, es similar que quienes no comen cerdo y mariscos por cuestiones religiosas exigieran que prohibieran totalmente su venta, crean o no tal cosa.

Los creyentes deben entender que el precio que pagamos por vivir en una sociedad libre es que puedes divulgar tus ideas, pero también otros las pueden criticar. Y esas críticas pueden venir en forma de escritos, ensayos, caricaturas o sátiras. El mismo marco democrático que permite que haya personas que creen que Jesús es Dios también permite que haya personas que crean que no lo es, que Jesús fue la primera creación de Jehová, tan solo un profeta, un discípulo de un maestro budista, un extraterrestre, un predicador más del montón, o que crean que no hay evidencias de que haya existido. Pretender que se censure una película, porque no va acorde con mis ideas no es propio de una ciudadanía democrática.

Sin duda los creyentes hablan de una ofensa a su fe. ¿En qué les puede ofender? ¿Tambaleará su fe porque Scorsese hizo una película con un Jesús que se casa con María Magdalena o porque Porta Dos Fundos lo puso como gay? La fe es algo muy personal y bien deberían saber los creyentes que al pedir una censura están interfiriendo en las libertades de los demás. Quizás el real temor con el humor es que se pierde la reverencia y la sacralidad que hace más transmisible su relato. Pero así son las sociedades plurales.

En su cuenta de Facebook el hasta hoy concejal Marco Fidel Ramírez pide boicotear a Netflix por la “Primera Tentación de Cristo”.  Añade en su comentario #Respeten. Supongamos que si se llegase a permitir una censura de este tipo a nivel legal -poco probable que se dé en Colombia – Nada impediría que esos mismos censuradores pasaran a perseguir a los mormones porque creen que Jesús después de resucitado vino a América, o a los que no creen que el Jesús de los evangelios fue un personaje histórico. Pueden mirar a las teocracias de Irán o Arabia Saudita para darse cuenta a que niveles se llega cuando se les permite a los fanáticos religiosos tomar las riendas de un país. Pero sin duda esto no le importará al pastor y Concejal de la Censura, Marco Fidel Ramírez, que logró boicotear la presentación de la banda Marduk en octubre de 2018.

La libertad de expresión no es solo para quienes dicen cosas acordes a lo que pienso, sino también para quienes dicen cosas que no me gusta oír, y este derecho, en un país libre, es más precioso que cualquier Biblia, relicario o diente de Buda. En una sociedad libre todas las ideas pueden ser objeto de crítica, e incluso de mofa. Los personajes de la política y el arte son objeto de alabanza, pero también de duras críticas, las mejores de ellas vienen desde el humor. ¿Por qué en una sociedad libre las ideas religiosas han de tener inmunidad frente a otro tipo de ideas?

Los ateos no nos ofendemos si aparece una caricatura de Darwin, Nietzche o de Dawkins. No se nos cae un pulmón porque alguien publique un vídeo satírico en contra de los no creyentes. No pedimos que censuren tales publicaciones ni jugamos la carta de los sentimientos heridos. Mientras no se incite a violencia física contra otro grupo de personas, o se haga injuria o calumnia contra un ciudadano, no hay porque limitar la libertad de expresión.

El filósofo francés Robert Redeker decía de estas cuestiones de libertad de expresión y ofensa a los sentimientos religiosos que “La religión no merece más ni menos respeto que otras producciones notables de la imaginación humana. Nos podemos reír de Marx, Jesús y Mahoma, del cristianismo y del islam. Exigir a los no creyentes que se comporten como creyentes ante símbolos religiosos es una excesiva pretensión. Lo que las religiones llaman “respeto” no es más que la sumisión universal a su particular imaginario social”