UNA DE PROTESTAS

Es cierto que cuando la gente está hasta las narices, pueden prenderse mechas a las que las muchedumbres se agarran desesperadamente, aun sin saber en dónde, cuándo ni debajo de quién van a explotar. El nivel de racionalidad, de cálculo sosegado de riesgos, costes y beneficios, derechos y deberes, no suele acompañar a las pisadas de las masas ni de los ejércitos. Pero la historia ha funcionado a menudo con estos "cambios bruscos de fase" impredecibles, y ya veremos a dónde nos conducen los siguientes que veamos, en Barcelona, Madrid, el norte de África...
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Pero me llama la atención, en particular, la ceguera de muchos izquierdistas ante los salvajes ataques de islamistas rabiosos: en seguida aparecen las consabidas injusticias cometidas por los EEUU y por el sistema capitalista como justificaciones de la indignación musulmana. Pero estas justificaciones ignoran olímpicamente el hecho de que los motivos en los que estos cheguevaras de barra de bar apoyan la causa de los "oprimidos del mundo" los tienen los radicales islámicos todos los días delante de las narices, pero sólo saltan en estos arrebatos de furia cuando se les toca lo único que de verdad parece importarles hasta el trastorno de su humanidad: los supuestos 'ataques imperdonables' contra Mahoma o el tocho soporífero que dicen que dictó. ¡Caramba! Menuda forma de protestar contra la opresión, la pobreza, el injusto reparto de la rentas (por cierto, pocas veces les da por asaltar a lo bestia los palacios de sus propios jeques, que algo tendrán que ver con las enormes desigualdades económicas que se padecen en los países de mayoría musulmana).

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