Un reloj que no fallará en 3.700 millones de años
Manuel Ansede
El reloj más preciso del mundo no atrasará jamás. Para cuando su tic tac se desvÃÂe un segundo, la galaxia de Andrómeda habrá colisionado con la VÃÂa Láctea y nuestro Sistema Solar estará traspapelado en alguna esquina del universo. Antes, incluso, el Sol se convertirá en un horno que evaporará los océanos de la Tierra y aniquilará cualquier forma de vida.
Un grupo de fÃÂsicos del Instituto Nacional de Estándares y TecnologÃÂa de EEUU acaba de presentar un reloj atómico experimental, basado en las vibraciones de un único átomo de aluminio, que no perderÃÂa ni ganarÃÂa un segundo en los próximos 3.700 millones de años. Su precisión duplica la del anterior récord, conseguido con un átomo de mercurio.
Su exactitud es útil para buscar errores en las teorÃÂas de Einstein.
Al lado del nuevo artilugio, el utilizado actualmente para fijar la hora en EEUU parece un reloj comprado en un mercadillo. El cronómetro de los estadounidenses el NIST-F1, basado en el átomo de cesio se desvÃÂa un segundo cada 100 millones de años.
La extremada precisión de la nueva máquina, un aparato estrafalario del tamaño de un frigorÃÂfico conocido como reloj de lógica cuántica, no es un alarde gratuito de los cientÃÂficos. Tiene miles de aplicaciones, como el perfeccionamiento del Sistema de Posicionamiento Global —GPS, en sus siglas en inglés—. Con relojes más precisos a bordo de los satélites que alimentan el GPS, los errores del sistema se podrÃÂan reducir a ÃÂnfimas fracciones de milÃÂmetro, lo que facilitarÃÂa el aterrizaje de aviones sin piloto, la búsqueda de vÃÂctimas en unas coordenadas concretas por los equipos de rescate o el acierto milimétrico al disparar un misil teledirigido.
Pero las aplicaciones del reloj de lógica cuántica, cuyos entresijos se publicarán próximamente en la revista Physical Review Letters, van mucho más allá. El dispositivo podrÃÂa servir para poner a prueba las leyes fÃÂsicas que gobiernan el universo. «Este estudio es un hito en la historia de los relojes atómicos», asegura el investigador James Chou, responsable de buena parte del nuevo reloj.
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El reloj más preciso del mundo no atrasará jamás. Para cuando su tic tac se desvÃÂe un segundo, la galaxia de Andrómeda habrá colisionado con la VÃÂa Láctea y nuestro Sistema Solar estará traspapelado en alguna esquina del universo. Antes, incluso, el Sol se convertirá en un horno que evaporará los océanos de la Tierra y aniquilará cualquier forma de vida.
Un grupo de fÃÂsicos del Instituto Nacional de Estándares y TecnologÃÂa de EEUU acaba de presentar un reloj atómico experimental, basado en las vibraciones de un único átomo de aluminio, que no perderÃÂa ni ganarÃÂa un segundo en los próximos 3.700 millones de años. Su precisión duplica la del anterior récord, conseguido con un átomo de mercurio.
Su exactitud es útil para buscar errores en las teorÃÂas de Einstein.
Al lado del nuevo artilugio, el utilizado actualmente para fijar la hora en EEUU parece un reloj comprado en un mercadillo. El cronómetro de los estadounidenses el NIST-F1, basado en el átomo de cesio se desvÃÂa un segundo cada 100 millones de años.
La extremada precisión de la nueva máquina, un aparato estrafalario del tamaño de un frigorÃÂfico conocido como reloj de lógica cuántica, no es un alarde gratuito de los cientÃÂficos. Tiene miles de aplicaciones, como el perfeccionamiento del Sistema de Posicionamiento Global —GPS, en sus siglas en inglés—. Con relojes más precisos a bordo de los satélites que alimentan el GPS, los errores del sistema se podrÃÂan reducir a ÃÂnfimas fracciones de milÃÂmetro, lo que facilitarÃÂa el aterrizaje de aviones sin piloto, la búsqueda de vÃÂctimas en unas coordenadas concretas por los equipos de rescate o el acierto milimétrico al disparar un misil teledirigido.
Pero las aplicaciones del reloj de lógica cuántica, cuyos entresijos se publicarán próximamente en la revista Physical Review Letters, van mucho más allá. El dispositivo podrÃÂa servir para poner a prueba las leyes fÃÂsicas que gobiernan el universo. «Este estudio es un hito en la historia de los relojes atómicos», asegura el investigador James Chou, responsable de buena parte del nuevo reloj.
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