La Iglesia que prohíbe acudir al médico

Gennifer es el nombre de una bebé que murió en 2017 porque sus padres se negaron a llevarla al médico. Sus padres, Sarah Mitchell de 25 años y su esposo Travis Mitchell de 22, fueron encontrados culpables de homicidio el pasado 9 de julio. Lo particular de la joven pareja de esposos es que pertenecen a una denominación cristiana llamada "Seguidores de Cristo". Para los miembros de esta secta cristiana acudir al médico es sinónimo de desconfiar de la voluntad de Dios.

Los seguidores de Cristo son un grupo de cristianos que se encuentran principalmente en los estados de Oklahoma, Oregon y Idaho. Esta iglesia se originó en el seno del movimiento pentecostal de sanaciòn por la fe de finales del siglo XIX.

La iglesia de los Seguidores de Cristo fue fundada en Chanute, Kansas, por Marion Reece. Después de un pequeño crecimiento y disputas con otros pastores, Walter White se mudó a Oregon City, Oregon, en la década de 1940. En ese entonces era una comunidad agrícola y maderera en gran parte rural, ahora un suburbio de Portland. Tras la muerte del pastor White en 1969 la iglesia no ha tenido un líder principal, y afortunadamente han cesado el proselitismo religioso. Sus feligreses, que son más de 1200, rechazan el uso de la medicina y consideran que toda dolencia debe ser tratada únicamente con la fe y la oración.

La historia de la pobre Gennifer
Sarah Elaine Mitchell, 25, y Travis Lee Mitchell, 22, tras ser hallados culpables
por seguir absurdas creencias bíblicas.
Fuente: Oregon Live 

Sarah Elaine Mitchell, la madre recientemente condenada, nunca supo durante su embarazo que estaba embarazada de mellizas. Durante todo la gestación no recurrió a médicos ni tuvo cuidados prenatales. El 5 de marzo de 2017 dio a luz en su casa. Sin embargo, al poco tiempo, ambas niñas comenzaron a tener serias dificultades para respirar. Los jóvenes padres en lugar de acudir al médico llamaron a los hermanos de la iglesia para que se iniciara una cadena de oración. Ningún miembro de la iglesia hizo un llamado a la línea de emergencias.

Gennifer empeoró y murió. Su hermana Evelyn también estaba empeorando. Las oraciones no estaban sirviendo para nada. Tras conocerse el deceso Gennifer las autoridades iniciaron una investigación y visitaron el hogar de los seguidores de Cristo.

El médico forense, al observar que la pequeña Evelyn tenía dificultades para respirar, la tomó consigo y la llevó a un centro hospitalario donde le salvaron la vida. 

Ya el pasado 9 de julio una corte de Oregon, Estados Unidos, encontró a los Mitchell responsables de homicidio por negligencia y destrato criminal. Ellos aceptaron los cargos y fueron condenados a seis años de prisión. Se espera que por buen comportamiento puedan tener rebaja de la pena. La niña sobreviviente está en el momento a cargo del gobierno. 

"Durante demasiado tiempo, los niños de esta iglesia han estado sufriendo y muriendo innecesariamente porque sus padres, como condición de sus creencias religiosas, se han negado a buscar atención médica para sus hijos", afirmó la fiscalía. "Y durante los últimos 17 años y medio, la Oficina del Fiscal del Condado de Clackamas ha estado trabajando diligentemente para responsabilizar penalmente a los padres que no brindan la atención médica adecuada para sus hijos, lo que provoca su muerte o lesiones físicas graves".

Como un signo de la disposición de la iglesia para detener finalmente el patrón de muertes de recién nacidos, la iglesia acordó como parte del acuerdo poner la siguiente declaración dentro de su edificio: "Todos en la iglesia siempre debemos buscar atención médica adecuada para nuestros hijos".

"Esperamos que esta oficina nunca más se vea obligada a enjuiciar a los padres en la Iglesia de los Seguidores de Cristo por descuidar la atención médica de sus hijos", afirmó el fiscal. "Sin embargo, seguimos estando preparados para hacerlo si los miembros de esa congregación no prestan atención".

Gennifer no ha sido la única

Alyana Wyland de 18 meses quedó ciega por
un tumor sin tratar. Sus padres son miembros de la Iglesia
Seguidores de Cristo,
Los miembros de esta denominación con frecuencia saltan a los titulares de prensa por dejar morir a sus pequeños por falta de atención médica.

En el 2008 fue noticia la muerte de Neil Beagley, de 16 años, por un bloqueo del tracto urinario . Su muerte resultó en la condena de homicidio por negligencia criminal de sus padres Jeff y Marci Beagley, también miembros de esta secta.

En 2011, Rebecca y Timothy Wyland fueron declarados culpables de maltrato criminal después de que su hija sufriera un crecimiento anómalo en los vasos sanguíneos de su ojo derivó en daño permanente a su visión.

La hermana de Sarah, Shannon y su marido Dale Hickman dejaron morir a su hijo recién nacido en 2009. Solo pudieron mantenerlo con vida nueve horas, sin embargo, también fueron condenados.

Otro miembro de la pequeña congregación también impidió que su bebé de 15 meses recibiera atención médica, lo que provocó la muerte de Ava Worthington. Los padres indicaron que habían dado al pequeño sanación por medio de la fe, pero no la visita de un profesional de la salud.

Segùn la doctora Karen Gunson, del Hospital Universitario de Oregon, en entrevista con People, relató que durante sus 30 años en la profesión ya ha visto 20 muertes similares.


La oración no sirve para nada

Muchos cristianos que han leído esta noticia han dicho que la inacción de los feligreses de los Seguidores de Cristo es sin duda fanática. Pero si nos detenemos a pensar, su idea de que Dios los salvará si oran con fe, como dice la Biblia, es consistente con la Biblia. ¿Entonces por qué mueren sus familiares? 

Los familiares de estos creyentes sinceros, pero engañados, se debe a que no hay nadie que escuche las oraciones, a menos los que están al lado de los que rezan. Sin la medicina científica miles que hoy se salvan por antibióticos, cirugías y atenciones de emergencias, morirían sin estas ayudas. Así que la próxima vez que alguien te hable sobre el poder de la oración ya podrás presentarles el caso de los Seguidores de Cristo, un triste pero ilustrativo experimento real del poder de la oración cuando retiras los medicamentos y lo dejas todo en las manos de Jesús.

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