Creencias estúpidas que tiene la gente inteligente

Greta Christina

«No puedes refutar la religión.»

Con ésta me encuentro repetidas veces últimamente. «No puedes refutar la religión. Al menos, no la mía».

«Bien, por supuesto» continúa la charla «que muchas creencias anticuadas, como el Creacionismo, el universo girando alrededor de la tierra, la ruta del sol sobre el cielo siendo trazada por los carros de Apolo, han sido demostradas como falsas por la ciencia. Pero muchas creencias moderadas y progresistas no pueden ser refutadas por la ciencia. Son cuestiones de fe, cosas que la gente razonablemente elige creer basándose en su experiencia vital personal».

Y luego el corolario habitual: «Entonces, el ateísmo es tanto un asunto de fe como la religión. Y los ateos que piensan que su ateísmo está mejor soportado por las evidencias son tan dogmáticos y de mente tan cerrada como los creyentes religiosos».

Lo habitual por parte del ateo es gritar: «Ya empezamos con Dios. Cualquier fenómeno que la ciencia sea incapaz de explicar todavía, ahí es donde metes a tu Dios. ¿Qué sentido tiene? ¿Por qué cualquier fenómeno todavía no explicado puede serlo por la religión? ¿Alguna vez un vacío en nuestro conocimiento realmente ha podido ser rellenado con Dios?»

Lo que no es una mala respuesta, y una que he dado muchas veces. Pero hoy quiero decir algo distinto.

Hoy quiero apuntar que, simplemente, todo eso no es cierto.



El hecho es que muchas religiones moderadas hacen afirmaciones sobre el mundo observable, y muchas de ellas no están soportadas por la ciencia. De hecho, entran en clara contradicción con ella.

Quiero hablar sobre tres creencias religiosas específicas. No son oscuros cultos con dogmas fundamentalistas rígidos. No es Creacionismo. No es la idea de que las hostias ingeridas durante la comunión literalmente y físicamente se transforman en la carne fresca de Jesucristo en algún punto indefinido del tracto digestivo. Ni la idea de que la mente humana es una creación de los extraterrestres. Quiero hablar de tres creencias ampliamente defendidas por creyentes moderados y progresistas. Creyentes educados e inteligentes que respetan a la ciencia y no desean que su religión la contradiga.

Sin embargo quiero resaltar que incluso esas creencias entran en contradicción con la vasta preponderancia de las evidencias disponibles. Tanto como los cultos oscuros y los dogmas fundamentalistas rígidos.

Así que allá vamos. Las creencias a ser golpeadas hoy son:

Dios guía la Evolución

También conocida como «evolución teísta». Hay entre los religiosos moderados una postura muy común sobre la Evolución. Rápidamente niegan las afirmaciones de los creacionistas sobre que el Universo y la humanidad fueron creados de un plumazo hace 6.000 años. Reconocen que las evidencias contradicen esa afirmación. En su lugar, dicen que la Evolución funciona exactamente como dicen los biólogos, pero que ese proceso es guiado por Dios. Para darnos la humanidad, y la enorme diversidad de la vida existente.

Esta creencia la contradicen las evidencias de forma tan tozuda como contradicen el Creacionismo.

Nada en la anatomía, nada en la genética, nada en los registros fósiles o geológicos, o en cualquier manifestación de la evolución sugiere mínimamente una intervención divina.

Más bien al contrario. Si hubiese una mano divina guiando el proceso, la evolución habría procedido de forma radicalmente distinta a como lo ha hecho. Esperaríamos ver, entre los cambios anatómicos de generación en generación, al menos algún ejemplo ocasional de que la estructura cambia de forma no gradual. Esperaríamos ver —un ejemplo aleatorio— que la espalda o las rodillas humanas están diseñadas para un animal bípedo y no para un cuadrúpedo —lo digo cabreada mientras pongo un poco de hielo en mi rodilla torcida—. Esperaríamos que el ojo humano no tuviese un punto ciego, y en su lugar nuestro ojo tuviese el diseño del del pulpo, que no lo tiene. Esperaríamos que nuestro nervio vago tuviese una ruta definida, y no diese cien vueltas hasta terminar mucho antes de donde sea que estuviese pensado que fuese a dirigirse. Esperaríamos que nuestra forma de analizar los riesgos, embutida en nuestra mente, fuese la de un animal cuya esperanza de vida supera los 70 años, y no la de uno que apenas debería superar los 35. Deberíamos ver... Y más, y más.

Y no son sólo los humanos. Esperaríamos ver agallas en las ballenas, dedos pulgares en los osos panda, o avestruces sin esas estúpidas alas.

Pero no vemos nada de eso.

En realidad vemos exactamente lo que esperaríamos ver si la Evolución fuese un proceso enteramente físico y natural. Vemos seres vivos con un diseño estúpido, ineficiente, diseños que no existen por razón convincente alguna, sino sólo para mostrarnos que el incrementalismo es una parte inherente al proceso físico de la Evolución. Vemos adaptaciones anatómicas restringidas por el hecho de que cada generación sólo puede ser mínimamente distinta de la anterior, sin saltos de calidad hacia versiones básicas completamente distintas. Estas mismas adaptaciones anatómicas también están restringidas por el hecho de que cada nueva versión necesariamente es una mejora sobre la anterior, o al menos no un deterioro. Existen grandes evidencias de que la Evolución procede de forma muy lenta, muy gradual, forzando a que la anatomía de cada generación sólo cambio muy levemente, si es que cambia, sobre la de la generación anterior.

No es como algo diseñado por un diseñador consciente, o simplemente manipuladas por él, funcionaría.

Incluso cuando un diseñador se atasca con los trazos de un diseño previo, puede hacer cambios no incrementales muy significativos. Puede quitar las vitrinas y poner en su lugar ventanas, o mover el horno al otro lado de la cocina, donde ahora está la nevera. Nada le obliga a ir moviendo el horno un centímetro cada semana, cada año o cada veinte años. Y no está restringido a un sistema en el que cada uno de esos centímetros necesariamente es mejor centímetro que el anterior. Tampoco a un sistema en el que, si el horno ha sido desplazado en una serie de mejoras incrementales, hay que dejar de moverlo si tapa la puerta, porque tapar la puerta es algún tipo de desventaja.

Desde luego, si ese diseñador es omnipotente, nada le obliga a mantener los trazos de un diseño previo. Nada le restringe. ¿Por qué narices un Dios todopoderoso y benevolente, capaz de alterar mágicamente el DNA, traería la vida al planeta a través de un proceso lento, cruel, violento e ineficiente? ¿Por qué idearía la evolución, en primer lugar?

Es cierto que hay evidencias de lo que a veces llamamos «saltos» en el registro fósil, evidencias que sugerirían que los cambios evolutivos a veces ocurren de forma más rápida de la prevista. Es un asunto controvertido, pero uno estudiado por biólogos evolucionistas muy respetados. Pero muchos creyentes en la evolución guiada por Dios se agarran a esta hipótesis como se agarrarían al último helicóptero que sale de Saigón.

Aún llamarlos «saltos rápidos» resulta confuso. Rápido, en términos evolutivos, significa «teniendo lugar en cientos de años y no en miles de años». Como las recientes investigaciones demuestran, hay cambios evolutivos que tienen lugar sorprendentemente rápido, incluso en décadas, y aún son procesos naturales de acumulación de pequeños cambios, alteraciones incrementales en cada generación sobre la anterior. Exactamente lo que esperaríamos si la Evolución fuese un producto enteramente natural y físico, basado en la descendencia con modificaciones. Así que incluso si la hipótesis del salto rápido —o del «equilibrio puntuado— es cierta, no apunta a que Dios maneja la evolución. Ni por lo más mínimo.

De nuevo: No hay la más mínima evidencia que apoye la idea de que Dios guía la Evolución. Y son millones las pruebas que sugieren lo contrario.

El alma inmaterial anima la consciencia humana

Lo reconozco libremente: No entendemos todavía muy bien la consciencia. Las ciencias de la neurología y la neuropsicología están en su infancia. Y las preguntas básicas sobre qué es exactamente la consciencia, de dónde viene exactamente y cómo funciona están casi todas sin contestar.

Pero se está investigando. Y los ladrillos básicos para nuestro entendimiento de la consciencia empiezan a ser construidos. Hay cosas que ya sabemos sobre la consciencia.

Entre esas cosas que sabemos está que, sea lo que sea la consciencia, parece ser un proceso enteramente biológico. Son muchas las evidencias que apuntan en este sentido.

Cuando hacemos cambios físicos al cerebro, cambia la consciencia. Drogas, heridas, cirugía, pérdida de sentidos, corriente eléctrica, campos magnéticos, medicación, enfermedad, ejercicio, son cosas que cambian nuestra consciencia. A veces, drásticamente. Llegando a transformar por completo una personalidad. Incluso pequeños cambios en el cerebro causan masivos cambios en nuestra consciencia, temporales o permanentes.

Lo contrario también sucede. Las resonancias magnéticas demuestran que cuando alguien piensa cosas distintas, diferentes partes de su cerebro se activan. Cambiar de opinión cambia tu cerebro, tal y como cambiar tu cerebro cambiaría tu opinión.

Por supuesto, tenemos ese drástico cambio en una consciencia causado por ese también drástico cambio en la actividad del cerebro física conocido como «muerte».

Todas las evidencias disponibles apuntan a la conclusión de que cuando el cerebro muere desaparece la consciencia. Y cuando hablo de que el cerebro muere, no me refiero a cuando le retiras el oxígeno durante unos minutos, esas famosas «experiencias tras la muerte». Hablo de cuando el cerebro muere permanentemente. La creencia de que la consciencia sobrevive a la muerte es probablemente la más investigada de todas las hipótesis sobrenaturales. A nadie, ni siquiera a los científicos, le gusta una muerte permanente. Nada ha sido demostrado. Son muchos los informes al respecto pero, cuando se examinan cuidadosamente y con una metodología científica rigurosa, el castillo de naipes cae.

Todo lo que entendemos sobre la consciencia apunta a que se trata de un proceso físico y biólogico. Los cambios físicos causan efectos observables. Cuando eso mismo lo apreciamos en cualquier otro fenómeno, lo achacamos a la ley de la Causa y Efecto. No tenemos motivos para pensar que en el caso de la consciencia hay elementos adicionales.

Y no hay un solo recorte de buenas evidencias que soporten la hipótesis de que la consciencia es siquiera en parte un fenómeno sobrenatural. Hay muchos huecos en nuestro entendimiento de la consciencia —y me quedo corta— pero no hay una sola evidencia sólida y rigurosamente construida que sugiera que esos huecos deberían ser rellenados por la hipótesis de un alma inmaterial. No hay una teoría buena y comprobable que explique cómo esa alma inmaterial interactúa con el cerebro físico. Todo lo que lo soporta es la creencia desde las religiones de que el alma tiene que ser inmaterial porque... Qué narices, lo parece. Así que durante miles de años, todos esos creyentes con una intuición similar, y a través del boca a boca, han acabado comunicando esa idea a sus seguidores, gracias a elaboradas racionalizaciones que han acabado en sus libros sagrados.

De nuevo: No hay una sola evidencia que apoye la idea de un alma inmaterial animando la consciencia humana, y son muchas las evidencias que sugieren claramente lo contrario.

El Universo consciente

Puedes preguntarte por qué incluyo esta creencia particular en mi lista de Los Tres Grandes Objetivos. Puedes preguntarte por qué, de entre todas las tan ampliamente sostenidas creencias religiosas en el mundo, me obsesiono con este rollo tan New Age y neo pagano de la creencia en que el Universo tiene alma.

Mi respuesta: Vivo en el norte de California. Ahora ya lo sabes.

Es por lo que quiero derribar personalmente esta creencia. Y básicamente voy a repetir lo que ya he escrito en el punto anterior.

No entendemos lo que es la consciencia pero sí sabemos que, sea lo que sea, es un producto biológico del cerebro.

Y el Universo no tiene cerebro.

No hay en el Universo estructuras físicas capaces de soportar una consciencia. El Universo no tiene neuronas, dendritas o ganglios. El Universo tiene estrellas, planetas y otros cuerpos astronómicos, separados por regiones inimaginablemente amplias de espacio vacío.

Y las estrellas y los planetas no se comportan como las neuronas o las dendritas. Se comportan como estrellas o planetas. Se comportan como objetos que, siendo todo lo molones que quieras, no están vivos. No al menos según la definición usual de la palabra «vida»

Luego si la consciencia es un proceso biológico —como sugieren las innumerables evidencias, véase el punto anterior— entonces el Universo, no siendo un ente biológico, tampoco puede ser un ente consciente. Afirmarlo supone redefinir radicalmente lo que entendemos por «consciente». Y no hay motivos para hacerlo, más allá de que te mole la idea de que el Universo es «consciente».

Hace mucho que la consciencia es un fenómeno intangible y misterioso. Antes de Darwin ya teníamos la perturbadora y tremenda variedad de las formas de vida. Pero ahora ya podemos explicarla, y también deberíamos poder explicar la consciencia. Lo inexplicable acaba siendo explicable. Explicable como fenómeno biológico y sometido a las leyes de Causa y Efecto.

De nuevo: No existen evidencias que apoyen la idea de un Universo sensible. Sí existen múltiples evidencias de que bla, bla...

Ahora, todos a coro. »Ã‚¿Cómo puedes demostrarlo? No lo sabes con entera certidumbre. Dios podría estar interviniendo en la Evolución, sólo que de formas que no puedes distinguir de la Selección Natural. Podría existir una alma inmaterial que interactúa con el proceso biológico de la consciencia, de formas que aún no percibimos. También podría existir alguna sofisticada forma de consciencia que no entendemos, generada por estrellas, planetas y otros cuerpos astronómicos inanimados. No puedes probar con absoluta certidumbre que todo esto no es así. Tu artículo no es más que otro artículo de fe».

Mi respuesta.

No, no podemos probarlo con plena certidumbre.

Tampoco podemos probar con plena certidumbre que el Universo no fue creado hace 6.000 años, por un Dios que deliberadamente puso aquí un registro fósil, uno genético y uno geológico. Y las leyes de la descomposición atómica. Y todo para poner a prueba nuestra fe. O bien la culpa es de Satán que quiere engañarnos para que dejemos de creer. No podemos probar con plena certidumbre que las hostias no se convierten en el cuerpo de Jesucristo al entrar en contacto con el sistema digestivo humano. No podemos probar con plena certidumbre que la tierra gira alrededor del sol, porque nuestros sentidos y nuestras habilidades lógicas han sido perturbadas por un Dios truquero para que creamos que así es.

En realidad no importa. Lo he dicho muchas veces. La plena certidumbre no es el objetivo. Una plausibilidad razonable apoyada por evidencias cuidadosamente recopiladas y rigurosamente puestas a prueba es el auténtico objetivo. Y no hay motivos para aplicar el estandar de la plausibilidad razonable apoyada por las evidencias al Creacionismo, y luego decir que «si no puedes refutarlo con plena certidumbre, entonces es razonable que yo lo crea». Tal y como hacen las creencias en que Dios guía la evolución, en el alma inmaterial o en el Universo consciente.

Si aceptas que el Creacionismo ha sido refutado por una plétora de evidencias científicas, aún reconociendo que existe un 0,00000001% de posibilidades hipotéticas de que sea cierto entonces, si vas a ser consistente, tienes que aplicar el mismo estandar, la misma predisposicion a aceptar las conclusiones científicas razonables incluso sobre ideas que no parecen plausibles, a cualquier otra creencia religiosa.

Incluyendo a las tuyas.

ESPECIALMENTE A LAS TUYAS.

No todo es un asunto de opinión o perspectiva. No puedes transformarlo todo simplemente mirándolo con otros ojos. Hay cosas que son ciertas o no son ciertas. Y no es cierto que el Universo haya sido creado hace 6.000 años. No es cierto que el sol gira alrededor de La Tierra. Y no es cierto que la mano de Dios guíe la Evolución, que nuestra consciencia la anime un alma inmaterial o que el Universo sea sebsible.

No es cierto igual que el Creacionismo no es cierto. No es cierto porque no hay evidencias que lo apoyen. No es cierto porque esas evidencias apoyan lo contrario.

Si vas a ser un creyente moderado o progresista, si vas a ser un creyente religioso que respeta y apoya la ciencia en lugar de tratarla como un enemigo, si vas a ser un creyente religioso que quiere que sus creencias no estén directamente en contradicción con las evidencias científicas... Entonces tendrás que considerar la posibilidad de que tus propias creencias estén tan contradichas por las evidencias como las de los fundamentalistas.

Y si alguna vez piensas que «mi creencia parece haber sido refutada por las evidencias»... Entonces puede que quieras mandar esa creencia a la mierda.

Visto en AlterNet vía RichardDawkins.net. Foto de psiaki.

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