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El amor como hipóstasis

 
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xastoOffline
Registrado: 07 Abr 2009
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MensajePublicado: Mar 07 Abr, 2009 5:13 am    Título del mensaje: El amor como hipóstasis Responder citando

Si observamos la teoría de la evolución es obvio que ésta se maneja a base de factores conscientes basados en los deseos o intereses. Y no podía ser de otra manera. Si prescindimos de toda teleología, sólo produciendo por azar un fenómeno al que llamamos conciencia, que permite darse cuenta -a través de un sistema nervioso- de sensaciones, estímulos o sentimientos, se puede “automatizar” in aeternum un sistema evolutivo que funciona por sí mismo sin necesidad de programador. Es la imagen típica del burro y la zanahoria, atada a una caña y pendiendo de ella ante el morro del equino, como sistema motor que beneficia al arriero. El placer y el dolor, el deseo o el interés, son los motores que mueven los hilos de la evolución autónoma. Si hay vida consciente más allá de nuestros límites estelares, no dudemos de que, al igual que nosotros, dichas vidas sentirán en sus propias carnes ciertos estímulos equiparables a los que la naturaleza nos dotó.

¿Podría ser compatible un tipo de conciencia sin estímulos o sensaciones? Cabe responder: ¿y de qué sería consciente un individuo que no tuviera sensaciones? Es obvio que la sensación no puede prescindir de la conciencia, y no es menos cierto que toda sensación no puede darse sin implicar una materia orgánica como receptora de aquélla. Luego, la conciencia no tiene sentido sin materia orgánica. Es la materia, constituida en los diferentes sistemas nerviosos, la que proporciona una capacidad de sentir dolor o placer, amor u odio, hambre o sed. Y a esta capacidad la llamamos conciencia.

Tanto en la escala filogenética como en la ontogenética se dan –en sus inicios- formas de conciencia muy elementales que dan lugar a las sensaciones básicas que son suficientes para mantener con vida a los individuos, tales como las necesidades de la alimentación, la reproducción o el instinto de supervivencia, hasta llegar a los escalones más complejos en los que las distintas formas de conciencia se multiplican exponencialmente, tanto en cantidad como en cualidad, hasta llegar a los sentimientos humanos tan sofisticados como numerosos. Y si tuviéramos que elegir de entre ellos al más inefable, al más sublime, al que nos proporciona la mayor sensación de placer y plenitud, no dudaríamos en colocar sobre un pedestal al tan mitificado e idolatrado amor, al que desde estancias religiosas no dudan en escribir con mayúscula.

¿Qué diferencia hay entre el placer sexual más intenso y el sentimiento de amor más sublime?¿No se funden en uno solo ambos sentimientos?¿No van cogidos de la mano uno y otro –y no sólo de facto en las parejas- sino en la conciencia? De hecho, el amor surge antes como sentimiento profundo -que nos arrima inexorablemente hacia un ser humano al que consideramos muy especial, no tanto por sus virtudes reales, sino por un enigmático impulso psicológico que no tiene explicación- que como un acercamiento al prójimo casi impositivo desde instancias evangélicas, al que se considera como fin último, como meta espiritual y como culminación del sentido de la existencia. No obstante, el amor –como todo sentimiento- no obedece más que a razones evolutivas que en sí mismas no constituyen ningún fin ni propósito. Una vez iniciada la carrera de la evolución a partir de los deseos y los intereses, no es de extrañar que aparezcan factores emergentes muy complejos de los que nadie puede prever su ulterior desarrollo ni su transformación a lo largo de los tiempos. El amor –en minúscula- no tiene ningún rango superior respecto del que podamos otorgar al instinto sexual o paternal. Que el ser humano incluya en su vasto bagaje de instintos un sentimiento que nos lleva a sentirnos unidos al prójimo, no es motivo para darle una categoría que va más allá de un simple instinto. El respeto por los iguales de nuestra especie nos beneficia a la hora de construir una sociedad cuya necesidad de ordenación y pacificación interna no es menor ni mayor –como objeto evolutivo- que el orden y concierto que reina dentro de un enjambre de abejas o un hormiguero.

Sólo la sofisticación intelectual –infectada por las creencias religiosas- a la que ha llegado el ser humano podría hipostasiar un mero instinto en algo trascendente convirtiéndolo en la culminación de toda una evolución que no tenía la más mínima intención de desarrollar ningún sentimiento ni positivo ni negativo. Ni la naturaleza misma podría haberse imaginado su capacidad de desarrollar capacidades tan sensacionales. Si la naturaleza tuviera conciencia, se asustaría ella misma –y sin salir de su asombro- de tanto poder. Un poder que no sirve de nada al no tener ni cumplir objetivo alguno, sino que surge de una ceguera total y absoluta. Y es que la finalidad o el propósito cumplen las necesidades del programador, nunca de lo programado. Las necesidades surgen a partir de la existencia, no antes. De lo que se deduce que, de tener un propósito, el amor satisfaría a su creador: el ser humano no tenía ninguna necesidad de amar antes de su existencia.

Es un despropósito –por parte de la divinidad de turno- crear un ser sintiente con un objetivo que cumplir pretendiendo que sea el propio ser humano el que consiga dicha meta a través de las numerosas y escandalosas penurias que tiene que atravesar y experimentar en su arduo camino hacia el “Amor” cuando el hombre no tenía ninguna necesidad desde su anterior inexistencia. De ahí, que las tan cacareadas “metas” a cumplir por el hombre que se pregonan desde filosofías orientalistas, sincréticas o eclécticas que combinan esoterismos con creencias religiosas de toda ralea, sean, en sí mismas, una contradicción o un absurdo. Pero no es el fin de ese escrito el denunciar la irracionalidad de cualquier propósito que pueda tener el ser humano en sí mismo, sino la imposibilidad de la existencia de un mundo espiritual con conciencia más allá de la vida física. Si damos por válida la premisa descrita al inicio, acerca de la necesidad de la materia orgánica como receptora de todo tipo de sensaciones y estímulos traducidos en los placeres tanto físicos como psicológicos y sus correspondientes dolores o frustraciones, tenemos que concluir, necesariamente, que es imposible su existencia por sí misma sin soporte material. ¿Dónde se localizaría el sentimiento del amor en una conciencia inmaterial?¿Qué tipo de sensación podría experimentar una sustancia inmaterial?¿A quién “amaría” dicha sustancia sino a “otras sustancias inmateriales”?

Todas esas pretensiones ontológicas reflejan la inutilidad heurística de quienes obviaron las normas más elementales de la comprobación, de la razón y del empirismo científico, dando lugar a una fantasía interesada como satisfacción de las necesidades psicológicas surgidas de la ancestral ignorancia del hombre primitivo en su búsqueda de explicaciones ante la incomprensión de la naturaleza que le rodeaba.

El Amor, en mayúsculas, es inexistente. Es, simplemente, una entelequia –y no en el sentido aristotélico de la autorrealización- sino una hipóstasis de uno más de nuestros instintos que evolucionó, desde otros instintos menos complejos, y que serviría a la especie para apaciguar y contrarrestar cualesquiera otros instintos contrarios basados en la violencia o el odio. Del instinto de supervivencia -que dio lugar a la venganza y a la agresividad, como respuesta a los posibles ataques de los depredadores o de los propios miembros de la especie que entran en competencia por el territorio, la pareja o el alimento- surgen, para compensar unos instintos, quizás demasiado violentos, otros que le dan la posibilidad de mantener la especie antes de que dicha agresividad pueda llegar a cotas inimaginables, tal como lo comprobamos diariamente en la vida humana.

Que el “Amor universal” o “el amor al prójimo” sea una ilusión que se ve como posible desde la ingenuidad de un sector social inmerso en creencias místicas y religiosas, no debe llevarnos a convertir un mero instinto en algo trascendental y utópico. Convertir una quimera en algo posible es un desperdicio intelectual que puede costar caro al ser humano al alejarlo de la realidad. Son demasiadas las energías –tanto físicas, intelectuales, como psíquicas- que se derrochan para hacer valer una invención como meta última del ser humano por la que hay que luchar. Únicamente, desde la ciencia, la razón y la honradez intelectual, se puede luchar por una humanidad mejor. Comprender las razones por las que el ser humano es un “lupus” para sí mismo, es tarea científica y no religiosa, ni esotérica, ni mística.

La conciencia es tan sólo un “darse cuenta”, un “ser conscientes de” cualquier sensación –dolorosa o placentera- que le sirve a la naturaleza –aquí, hipostasiada- para “cumplir sus fines” evolutivos. Queda sólo para la imaginación de los místicos la concepción del “Amor” como algo que está más allá de la realidad material con todas sus limitaciones y su finitud temporal que le sucede a la muerte.

Es mucho lo que se juega la humanidad. De la realidad o falsedad de los postulados religiosos depende la conducta a seguir por parte de aquélla. Si las religiones tuvieran razón, nuestro comportamiento sería muy distinto al que deberíamos llevar a cabo si fuera lo contrario. En tal caso, la autonomía intelectual del ser humano sería la que debería darnos las pautas a seguir dejando en la cuneta toda la basura intelectual procedente de la alienación y de la ignorancia. Y, llegados a ese punto, y parafraseando a Clemenceau, digamos que los problemas de la humanidad son demasiado serios como para dejarlos en manos de los dioses.
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2daIlustracionOffline
Registrado: 16 Abr 2009
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MensajePublicado: Jue 16 Abr, 2009 3:28 pm    Título del mensaje: Responder citando

La verdadera cuestion de tanto escrito recae en la verdadera fé.

Ves en realidad un vaso medio lleno o medio vacío?

o acaso las neuronas piensan?, es entonces una silla una pila de atomos indeterminados y entonces la razón misma un acto caótico?.

Entonces no valdria la pena mencionar el tener razón tanto en este post como gastar tinta en postulados filosóficos ya que al destruír la razón absoluta recaen toda la demás, amasando una << Cabe decir>> Irrealidad que pretende el atéo hacer real.

No puedes elminiar el propósito absoluto o tu proposito tambien se elimina, por lo que si eliminas algo tan abstracto como el amor, también descalificas a la razón, afirmando como sublimemente apoyas a la TEORIA evolutiva, que si se pretende hacer idealista como veo lo hiciste comete un gran error de contradiccion absimalmente refiriendo esta nota.

1.-Afirma que todo es producto del azar, por lo tanto también la razón.

2.- La razón es irracional (segun la teoria evolutiva) al no ser remitida al verdad o a la mentira, ni bien ni mal ya que no existe. por ende tampoco la razón.


Es malo mezclar idealismo con materialismo.
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xastoOffline
Registrado: 07 Abr 2009
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MensajePublicado: Jue 16 Abr, 2009 11:30 pm    Título del mensaje: Responder citando

Cita:
verdadera cuestion de tanto escrito recae en la verdadera fé.


Yo no tengo fe en nada y mi escrito está basado únicamente en la razón.

Cita:
Ves en realidad un vaso medio lleno o medio vacío?


Veo lo que veo. Eso es una pregunta ambigua que no puede ser contestada.

Cita:
o acaso las neuronas piensan?, es entonces una silla una pila de atomos indeterminados y entonces la razón misma un acto caótico?.


No sé a qué viene esa pregunta retórica.

Cita:
Entonces no valdria la pena mencionar el tener razón tanto en este post como gastar tinta en postulados filosóficos ya que al destruír la razón absoluta recaen toda la demás, amasando una << Cabe decir>> Irrealidad que pretende el atéo hacer real.


¿Cúal es la razón absoluta? ¿Tú la conoces?

Que yo sepa, no niego la razón absoluta porque en ese escrito no la menciona, siquiera.




Cita:
No puedes elminiar el propósito absoluto o tu proposito tambien se elimina, por lo que si eliminas algo tan abstracto como el amor, también descalificas a la razón, afirmando como sublimemente apoyas a la TEORIA evolutiva, que si se pretende hacer idealista como veo lo hiciste comete un gran error de contradiccion absimalmente refiriendo esta nota.


Veo que vuelves a hablar de “absolutos” ¿Qué narices es “propósito absoluto”?

Yo no elimino el amor. Lo único que digo es que el amor es, simplemente, un instinto que nos induce a enamorarnos y a desear a ciertas personas, y que de ese hecho biológico no se puede llegar al “Amor universal” Pero ya veo que no has entendido mi escrito, o no te interesa entenderlo.




Cita:
1.-Afirma que todo es producto del azar, por lo tanto también la razón.


Cierto, la razón es producto de la evolución y del azar ¿y qué?

Cita:
2.- La razón es irracional (segun la teoria evolutiva) al no ser remitida al verdad o a la mentira, ni bien ni mal ya que no existe. por ende tampoco la razón.


Creo que te haces la picha un lío. Deberías ordenar tus conceptos y tus palabras.

¿De dónde deduces que la razón es irracional?


Cita:
Es malo mezclar idealismo con materialismo.


Eso es lo que intento criticar en mi escrito. Son los místicos y los creyentes quienes mezclan materialismo con idealismo.
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