johaness DÖPAREN
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Publicado: Sab 04 Ago, 2007 11:06 am Título del mensaje: ¿Porqué me resulta Dios tan insignificante?
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Asunto: ¿Porqué me resulta Dios tan insignificante?
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La verdad es que este verano - despues de un largo periodo de lucha política que solo me ha dejado el amargo sabor de la corrupción, de la injusticia, del ataque soez a los valores democráticos por quienes en teoría debian ser tus compañeros y un rastro de profunda decepción en la raza humana, estoy recibiendo satisfacciones insospechadas a través de gentes, personajes increibles, que hace ¿que díria yo , un año? me eran totalmente desconocidas.
Una de estas personas que me ha causado un "impacto" de esos que solo son comparables a aquellos "magisters" de nuestra infancia que siempre nos dejaron su impronta imborrable en nuestro espíritu durante el resto de nuestra existencia - quizá porque eramos "esponjas" ávidas de conocimientos - , se llama Santiago MARIN ARRIETA.
No nos conocemos personalmente , pero la distancia geográfica - el vive y trabaja en CHILE, es Historiador y sobre todo como el mismo se autodefine COMUNICADOR - desaparece como por encanto cuando cambiamos epistolas, llenas sobre todo del perfume de su sabiduría.
Hoy traigo aqui algo que no puedo ser tan egoista como para no compartirlo con todos Vds. para que el goce de leerlo sea generalizado.
Algo tan profundo, tan bien expresado con esa prosa deliciosamente convincente que el emplea, con esa lógica que por sencilla, se hace axiomática y que tan bien encaja en la argumentacion racionalista de nosotros los ateos, los que usamos de la inteligencia y el análisis, basado en las ciencias , el estudio , el conocimiento humano y el progreso del hombre como elemento inteligente de este Universo.
Yo como casi todos nosotros , los no creyentes , los escépticos y los ateos - adjetivo que solo significa NO CREER EN LA EXISTENCIA DE NINGUN DIOS, cuya sola nominación parece estar estigmatizada ante la opinion publica solo porque los "creyentes" nos han convertido en el "enemigo a extinguir como sea " sin razonamiento alguno - estamos quizá encerrados en aquellos "dogmas" inamovibles de nuestro propio pensamiento , de nuestras convicciones más íntimas pero que cuando se nos enfrenta a las ideas y opiniones de quien tengo desde ya, el orgullo de llamar amigo , Santiago MARIN ARRIETA me hacen replantearme muchos de esos conceptos que tenía tan firmemente arraigados.
Por eso les digo que en el fondo la figura de un Dios o un Ser Superior que de siempre se me había hecho anodina, insustancial, solo el "leif motif" de las religiones , hoy me parece , despues de esta lectura y su asimilación , incluso mucho más inconsistente, mucho mas superfluo y practicamente nulo en cuanto a su valor como agente de debate en la lucha anticlerical.
Por favor lean el estudio de Santiago MARIN sobre la inteligencia humana y luego volveré sobre las conclusiones que me ha reportado la lectura del mismo.
Les pido un pequeño esfuerzo de voluntad. Estamos de vacaciones la mayoría de nosotros y el texto aunque amplio, merece todos los honores no solo de leerlo, sino de asimilarlo porque segun yo lo entiendo, es una de esas piezas magistrales que despues te sirven para debatir con un apabullante cúmulo de argumentos, que ante la Eclesiastía por ejemplo te procuran el goce intelectual de derrotarlos sin paliativos en el debate
público si que alguna vez lo aceptaran , cosa que tampoco creo.
He aqui a Santiago MARIN ARRIETA "en estado puro"
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El Misterio de la Inteligencia
LA ZONA INVISIBLE (Home)
Nos consideramos como la única especie inteligente sobre el planeta, a pesar que nuestra historia y comportamiento nos muestra todo lo contrario. Los humanos somos los únicos seres, en todo el planeta, que ensucia, que asesina por “principios”, que destruye su entorno por codicia…
Pero la vanidad es más fuerte, por lo que, no solamente nos hemos erigido como “seres superiores”, sino incluso como creados a semejanza de los dioses.
Pero la inteligencia no es un privilegio humano; más bien es todo lo contrario: ha resultado, en conjunto con la capacidad de raciocinio, un cuchillo de doble filo que no solo corta al enemigo, sino que asesina a su portador.
Y cuando entramos a la Zona Invisible descubrimos que hemos estado viviendo en un engaño, en la mentira de nuestra superioridad, pues la realidad nos muestra una verdad distinta, inquietante, pero fundamental.
«Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás».
Así lo expresa el Génesis en su capitulo 2º, versículos 16 y 17.
«Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal».
Esto lo leemos en el capitulo 3º, versículos 4 y 5.
Siempre se ha interpretado esto como el inicio de la inteligencia en el ser humano. A partir de entonces, hemos considerado que nuestra especie es la única que posee dicha facultad, que todas las demás especies no hacen sino seguir patrones preestablecidos, sujetos a parámetros ignotos, del cual el hombre se ha escapado.
Pero estamos equivocados. ¡Absolutamente equivocados! Incluso el propio Génesis nos sirve para demostrar nuestro error, ya que en ningún momento menciona la inteligencia, sino solamente la facultad de comprender la diferencia entre el bien y el mal, es decir, adquirir el «sentido moral», lo que no es posible sin existir, previamente, la inteligencia.
¿Qué es lo que estoy planteando aquí? Pues simplemente que la inteligencia no es un privilegio exclusivo del ser humano, sino un instrumento común a todas las especies vivas.
Esta aseveración puede parecer una locura, contraria a toda norma establecida, a toda creencia... Y así es. Entramos entonces de lleno a la Zona Invisible, a buscar allí los argumentos y las razones para justificar estos dichos y, de paso, demostrar que las normas establecidas y las creencias no tienen que considerarse necesariamente como verdades. Más aún, rara vez lo son, pues solo constituyen un aspecto que ya mencionamos: la necesidad del status quo, de la quietud tan necesaria para mantener esa engañosa tranquilidad que, creemos, es el propósito final del ser humano, siendo en la realidad todo lo contrario.
¿Por qué consideramos que nosotros somos inteligentes y las demás especies no? Simplemente porque los humanos poder hacer cosas, construir casas y ciudades, fabricar automóviles y aviones, escribir libros con sesudas especulaciones. Pero la verdad es que todas las especies hacen lo mismo, pero para nosotros permanecen en la Zona Invisible, simplemente porque no queremos verlo.
Y no voy a utilizar aquí el argumento de animales e insectos, cuya inteligencia es más fácil reconocer, aunque siempre la consideramos inferior, no sé por qué, puesto que la inteligencia debe acomodarse al medio y a la estructura, y la inteligencia de un perro o de un caballo es perfecta para ellos y no necesitan pensar o actuar como un ser humano puesto que su medio y su estructura son diferentes.
No. En esta ocasión utilizaré como argumento a las plantas. Sin duda que muchos sonreirán burlonamente, especialmente considerando que, como las plantas no tienen sistema nervioso, no pueden tener inteligencia. Pero la tienen. Y de mucho más antiguo que el hombre y han sabido sacarle un provecho espectacular.
Comencemos por una planta muy común y conocida: la humilde ruda. Esta planta se da en casi todas parte como una simple maleza y es utilizada con fines medicinales. No voy a mencionar su capacidad de adaptación al medio, lo que desde ya nos dice que hay un tipo de «razonamiento» que hace que la planta se acomode a diversas circunstancia en la búsqueda de la supervivencia. No. Solo mencionaré un detalle: su reproducción.
La flor de la ruda es pequeña y poco llamativa. Tiene el pistilo, su órgano femenino, al centro, rodeado por los estambres, los portadores del polen. Pues bien, cuando llega a la madurez, los estambres se inclinan sobre el pistilo para realizar la autofecundación. Pero, y aquí viene lo increíble, no lo hacen todos a la vez ni en forma aleatoria. Luego que se inclina el primero lo sigue el tercero, el quinto, el séptimo, etc. Cuando la línea impar ha cumplido su propósito, comienza la línea par. Maurice Meaterlinck, escritor que trató este tema, lo llamaba «el amor a la voz de mando». Hay un orden tan preciso en la inclinación y el tiempo, un ajuste tan perfecto en todo esto, que resulta inexplicable, excepto por el hecho de que, de no hacerlo de esta forma, si los estambres se abalanzaran sobre el pistilo caóticamente, las posibilidades de fecundación serían ínfimas y el gasto de energía excesivo. Y debemos recordar una ley básica, quizás la más importante de la Naturaleza: la Ley del Menor Esfuerzo, es decir, buscar el mayor beneficio con el menor gasto de energía posible. ¿Gracias a qué esta flor concluyó que éste era el sistema más adecuado?
Pero este caso es, hasta cierto punto, muy sencillo. Veamos uno muchísimo más complejo, que sin duda ha de resultar esclarecedor.
La orquídea es un tipo de flor que posee una enorme variedad y que se encuentra en casi todo el planeta, ya sea como flor exótica y extraña, así como también en variedades conocidas y vulgares. Una de estas es la Orchis maculata, conocida también como Pentecostés, común en Europa y, por importación, en la América templada. El sistema reproductivo que esta flor ha creado resulta de una complejidad tan extrema que es imposible considerarlo como obra del azar en el cual, además, participan los insectos, razón por la cual se denomina a estas flores entomófilas. Expliquemos el procedimiento en forma simple.
En la bolsa inferior de la flor se encuentra el pistilo, cuyo tallo emerge hasta el borde de dicha bolsa. Algo más arriba se encuentran los estambres con el polen, demasiado largos para fecundar el propio pistilo. Sin duda la flor evita la autofecundación por algún motivo. Los estambres tienen en su base dos bolitas, en ocasiones una especie de arco, cubiertos con un pegamento. Cuando el insecto ingresa con la finalidad de coger el néctar que se encuentra en el fondo de la bolsa, invariablemente ha de rozar con su lomo las vesículas con pegamento y, al salir, llevará adheridos en su espalda los dos estambres. Increíblemente, el diseño es tal, que los estambres siempre se pegan sobre el lomo, sin perjudicar las alas del visitante.
Cuando el insecto vuela a otra flor lleva los estambres sobre él, pero si éstos permanecieran erectos, la fecundación sería imposible. Entonces, por acción del aire y del sol, el tallo de los estambres se debilita e, invariablemente, se inclinan hacia adelante, colocándose a ambos lados de la cabeza del insecto. Y sumamos otro hecho sorprendente y es que este proceso de inclinación dura 30 segundos como promedio, que es el tiempo que demora un insecto en viajar de una flor a otra. ¿Cómo pudo calcular esto la orquídea?
Pero aún hay más. Cuando el insecto entra en la siguiente flor, los estambres permanecen a ambos lados de su cabeza, por lo que sería imposible para éstos fecundar el pistilo que está al centro. ¿Qué sucede entonces? Pues que la flor ha diseñado el ingreso de forma oblicua, de tal manera que, obligadamente, el insecto ha de inclinarse, primero a un lado y luego al otro, para poder alcanzar el néctar.
Y tenemos el pegamento especializado, diseños perfectamente planificados, tiempos precisos, planos inclinados... ¿Esto es obra del azar?
Hay plantas cuya semilla se produce en una vaina que luego se llena de un líquido viscoso. Una vez madura, el calor del sol hace bullir el líquido, la cápsula se parte y la semilla de su interior es lanzada a más de cinco metros de distancia, que equivaldría a que el hombre pudiera disparar su semen a quinientos metros. Y tenemos aquí la balística.
Hay semillas que forman un velo o una serie de tenues pelillos que le permiten ser transportadas por el viento, lo que constituye un diseño aeronáutico perfecto.
En fin, la variedad impresionante de métodos que las plantas utilizan para hacer posible la supervivencia de su especie es tal que hace imposible considerar que sea obra del azar, pues si ese fuera el caso, no habría más que una sola forma, eligiéndose la más eficiente. Pero no es así.
Esto nos dice con absoluta claridad que las plantas también poseen ingenio suficiente como para calcular tiempo, distancia, ángulo, trayectoria, impulso, fuerza... Pero entonces ¿que nos diferencia a nosotros de ellas en este aspecto? ¿No aplican las plantas todas las reglas de la física y de forma aún más eficiente que el hombre? Y, además, ¿no lo están haciendo desde hace millones de años antes de la aparición del hombre?
Sería imposible reseñar aquí características similares de otras especies de plantas. Ni que hablar de animales, peces e insectos. Y todos ellos, absolutamente todos, efectúan análisis y obtienen conclusiones de ellos, que aplican, generalmente, con un sentido mucho más práctico y económico que nosotros y, además, mucho menos agresivos.
Esto me lleva a pensar que la inteligencia no es patrimonio exclusivo del hombre. Porque lo que llamamos inteligencia no es más que procesar la experiencia y utilizar la imaginación con la finalidad de poder adaptarnos mejor al medio. ¿Qué es la educación humana sino eso mismo? ¿Que es el invento de máquinas sino una forma de suplir deficiencias físicas? Los hombres inventamos el avión, pero las plantas, hace millones de años, podían hacen volar sus semillas, sin mencionar a las aves, cuya capacidad de estimar en forma precisa la velocidad y dirección del viento, así como la distancia a recorrer y la energía a consumir, no ha sido superado aún por ningún aparato humano.
Pues entonces no queda sino una sola respuesta, una respuesta que ha de dejar descontentos a muchos pues significar el tener que reestructurar todo nuestro sistema intelectual. Y esa respuesta es que la inteligencia no es sino un instinto. Pero, ¡cómo! ¿No nos han enseñado durante siglos que los instintos son lo opuesto a la inteligencia? Pues lo hechos nos dicen que no es así. Los hechos nos dicen que todos los seres vivos, desde los organismos unicelulares hasta el hombre, razonan, imaginan y construyen; solo que lo hacen en una esfera distinta, dependiente de su estructura y del ambiente, pero cuya finalidad es, en todos los casos, la misma: sobrevivir a través de la adaptación al medio.
Entonces volvemos al Génesis, a lo que dijimos en un principio. Lo que el hombre adquirió, diferente a todas las demás especies, fue su capacidad de discernir entre el bien y el mal, es decir, adquirió un sentido moral del cual, al parecer, carecen las demás especies quizás porque no lo necesitan, o quizás sí poseen un orden moral pero de características distintas, adecuado a su propia existencia, a su estructura y necesidades. Y si tomamos en consideración el que hay flores que se autofecundan y otras no, podríamos ver en ello, quizás, un sentido moral.
Hay una diferencia radical entre el hombre y las demás especies que sí podemos destacar y es la capacidad que tiene el ser humano para idear cuestiones inútiles, para justificar, a través del razonamiento, lo injustificable, para especular ociosamente sobre cuestiones impracticables. Todas las demás especies no pierden su tiempo en especulaciones pues constituye un desgaste inútil de energía. Se ciñen a la más estricta realidad. Pero al hombre no le gusta la realidad; prefiere las fantasías y se desgasta miserablemente en intentar hacer realidad lo irrealizable, incluso en contra de la evidencia, abandonando muchas veces la oportunidad de conseguir lo posible simplemente porque exige un sacrificio que no quiere asumir. Pero en la vida, si queremos conseguir algo, debemos pagar por ello. Esto lo saben todas las demás especies. Por eso las plantas entomófilas, para atraer a los insectos, producen el néctar que es completamente innecesario para la planta, pero útil como cebo. Y muchas veces, el desgaste que involucra producir este néctar conlleva la muerte de la planta.
Esta premisa, base de toda inteligencia, es la que debemos tener siempre presente: en la vida nada es gratis y todo beneficio considera esfuerzo y sacrificio, sin lo cual, el mismo beneficio carece de sentido. El hombre, rehuyendo el sacrificio, no trepida en destrozar su entorno con la finalidad de conservar el statu quo, negándose al cambio necesario e inevitable.
Nuestra vanidad nos ha llevado a crear dioses y poner en su boca las palabras que nos agradan. Lo que no nos agrada lo remitimos a los demonios. Sin embargo todas las demás especies, que consideramos sin inteligencia, no hacen tal distinción: para ellas hay un cielo, la supervivencia, y un infierno, la extinción. A través de esa misma inteligencia nosotros hemos creado cielos e infiernos distintos, siendo el cielo aquel lugar estable e inamovible y, el infierno, el movimiento perpetuo. Y hemos creado vidas ulteriores, un más allá, y toda una parafernalia que nos substrae de lo esencial que es sobrevivir. Increíblemente, la supervivencia solo es posible a través del orden, la disciplina, la organización, el trabajo conjunto, el espíritu de sacrificio y, sin embargo, casi todas nuestras ideologías plantean todo lo contrario, crean antagonismos que justifican, aún, la destrucción del que no piensa como nosotros, sin darnos cuenta que es un camino de dos vías, pues si alguien no piensa como nosotros, eso significa que nosotros tampoco pensamos como ese otro.
Para el hombre la inteligencia se ha convertido en un juego ocioso y, muchas veces, peligroso, destinado a justificar sus vicios, su vanidad, soberbia y codicia. Y desde esa perspectiva no podemos sino declarar con la más absoluta certeza que, en el contexto natural, somos la menos inteligente de todas las especies.
Porque, ¿podemos considerar inteligente una especie que desertifica el Amazonas con lo que ha de producir un cambio climático que trastornará a todo el planeta? ¿Podemos considerar inteligente a una especie que ha llevado a las ballenas casi a su extinción por un afán puramente comercial, sin precaver que ese animal consume grandes cantidades de plancton, el que sin ese depredador natural aumentaría hasta poner en serio peligro la vida de muchas variedades de peces necesarios para nuestra alimentación? ¿Podemos considerar inteligente a una especie que contamina ríos, lagos, mares, e incluso el propio aire, con las terribles consecuencias que ya estamos viviendo? Incluso, ¿podemos considerar inteligente a una especie que crea dioses e ideologías que justifican el asesinato de todo aquel que no acepta sus designios?
Encontramos en la naturaleza muchas especies que forman colonias, como las hormigas y las abejas, pero que jamás destruyen el ambiente que les sirve de alimento, estableciendo una simbiosis amistosa que asegura su supervivencia.
Todo lo que el hombre hace está motivado por tres motivaciones principales, que constituyen los tres vicios más degradantes de la especie: la codicia, la vanidad y la soberbia. No hay, en toda la naturaleza, ninguna otra especie que actúe de forma tan irracional. Ni siquiera los virus. Lo único semejante al ser humano en este sentido es el cáncer, una enfermedad que mata el cuerpo que le sirve de alimento.
Así y todo, movidos por esa vana soberbia, continuamos considerándonos los únicos seres inteligentes del planeta, a pesar de todos los argumentos que nos demuestran absolutamente lo contrario. Lejos de crear simbiosis, lejos de buscar la armonía con nuestro medio, cualquiera sea éste, le atacamos sin consideración alguna. Quizás lo que más hemos perfeccionado hasta el momento ha sido la violencia, desarrollando métodos, sistemas y aparatos destinado a la destrucción más abyecta.
Sin embargo, podemos cambiar todo ello, podemos modificar nuestras costumbres para lograr una armonía con nuestro medio, con nuestro entorno humano, animal y vegetal. ¿Qué necesitamos para ello? Algo muy simple: ser inteligentes.
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ARTICULOS del mismo autor:
El Misterio de la Inteligencia
Los Círculos de Clío
Las Leyes Naturales
La Necesidad de la Creencia
Magia y Ciencia
La Huella de Satanás
El Secreto del Placer
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¿Que? ¿No os ha parecido algo digno de los minutos - al menos- que hayais podido perder leyendolo?
Yo os decía antes de la insignificancia que encontraba en la figura de un DIOS - sea como quiera que se le llame - porque al no existir en mi mente semejante ser, es de un valor CERO andar discutiendo o debatiendo su existencia.
DIOS , cualquiera de los miles existentes - solo se hace presente, solo toma carta de naturaleza, solo es motivo de los mas horrendos crímenes, cuando LA SECTA QUE LO PROMUEVE ACTUA COMO FUERZA POLITICA , GRUPO DE PRESION O INTENTA GOBERNAR AL PUEBLO, A LA HUMANIDAD , FORMALMENTE COMO DICTADURA , TIRANIA O FUERZA ESCLAVIZANTE DEL HOMBRE SOBRE EL HOMBRE.
Y conociendo sobradamente a través del testimonio indiscutible de la Historia , la influencia nefasta de estas ideas sobre la irracionalidad de la existencia de ninguna DIVINIDAD....
¿Podemos seguir manteniendo que el hombre es EL UNICO SER INTELIGENTE DEL UNIVERSO? ¿No será el momento de replantearse el creyente, cuando menos en su más íntimo "alter ego" ,- esa segunda personalidad que creo que todos tenemos -, si no habrá estado haciendo de su vida un escarnio a su propia inteligencia?
Es un debate que me preocupa mucho abrir bajo las bases marcadas por Santiago MARIN ARRIETA y que considero perfectamente apropiadas y conformes a mis mas intimas convicciones.
¿Esta Vd. dispuesto a aceptar el reto? ¡Aproveche hombre que todavía quedan vacaciones pòr delante?
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Este "post" lo voy a publicar en los diferentes foros y asociaciones en los que normalmente colaboro , pero tambien se lo quiero enviar a algunos amigos que se que tienen capacidad suficiente para el debate, pero que a veces....parecen tocados por la varita de la Sr. Desidia , esa que se acomoda junto al sofa y la "caja tonta".
ACCION, ACTIVISMO ATEO, DENUNCIAS Y EXPOSICION DE LOS CRIMENES DE LAS CONFESIONES RELIGIOSAS , NOS HARAN MAS FUERTES CADA DIA PARA PODERLES DAR LA BATALLA EN LAS MISMAS CONDICIONES. AHORA LOS FUNDAMENTALISTAS NOS AVENTAJAN EN MAS DE DOS MIL AÑOS DE PROSELITISMOS CRIMINALES, PERO RECORDAD, HOY NOSOTROS TENEMOS INTERNET
Y entre el 9 y el 11 de Noviembre de este 2007 :
El PRIMER CONCILIO ATEO DE TOLEDO _________________ "La Cultura es la madre de la Libertad"
"Si no dejas de esculpir, tallarás obras en metal y piedra"
- IN MEMORIAM de T.A. - El hombre en su estúpida soberbia, ha creado un Dios a su imagen y semejanza (proverbio madrileño)
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Miembro de :
Federacion Internacional de Ateos
www.federacionatea.org
Asociacion EUROPA-LAICA
http://www.europalaica.com |
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