En Yemen puede librarse la próxima guerra de EE.UU.
El país que cobija a “Al Qaeda en la Península Arábiga”, que ayer se adjudicó el atentado frustrado en un avión, está en la mira de Washington / Otro frente que enturbia el futuro.
Antonio Caño
El País, de Madrid
Washington. Mientras Barack Obama intenta calibrar una respuesta adecuada al último intento terrorista, las autoridades norteamericanas confirman que Yemen ha emergido como nuevo frente en la guerra contra Al Qaeda, que ha aprovechado las facilidades encontradas en ese país para construir una nueva base desde donde actuar contra Estados Unidos.
El atentado que preparaba el nigeriano Umar Farouk Abdulmutallab a bordo del avión que se disponía a aterrizar en Detroit el día de Navidad parece directamente vinculado al crecimiento de Al Qaeda en Yemen, e incluso podría ser una revancha por la implicación norteamericana en el combate contra el movimiento terrorista en ese país.
Farouk Abdulmutallab confesó a las autoridades estadounidenses que obtuvo en Yemen el entrenamiento y los explosivos requeridos para su misión, una versión que fue aceptada como verosímil por los investigadores del incidente. Esa confesión confirma el riesgo, detectado en los últimos meses, de que Al Qaeda, con su red ya debilitada en Irak y atacada en Afganistán, esté reconstruyendo una estructura poderosa en Yemen, donde el Pentágono y la CIA intervienen desde hace tiempo, asistiendo al gobierno local con tareas de inteligencia y acciones de comando de distintas fuerzas especiales.
Antecedentes cercanos. El jefe de todas las operaciones militares estadounidenses en Medio Oriente, general David Petraeus, visitó Yemen el verano pasado. Barack Obama aludió a ese país en su reciente discurso en la academia militar de West Point sobre la nueva estrategia en Afganistán.
La más amplia actuación contra la rama yemení de Al Qaeda –conocida como “Al Qaeda en la Península Arábiga”, que ayer asumió la autoría del atentado fallido– ocurrió el 17 de diciembre pasado, cuando más de 60 militantes de ese grupo murieron, según la versión de las autoridades de Yemen, en un ataque contra el edificio en el que estaban reunidos sus principales dirigentes. Estados Unidos ha reconocido que suministró información y medios militares para la ejecución de ese ataque. En esa reunión se encontraba presente el supuesto líder de Al Qaeda en la Península Arábiga, Al Nasir al Wuhayshi, quien aparentemente sobrevivió al ataque. Pocos días después, la organización terrorista hizo público un comunicado en el que prometió venganza por esa acción.
Una pista que no es nueva. La pista de Yemen aparece en la guerra contra el terrorismo desde hace ya mucho tiempo. Vecino de Arabia Saudita, está considerado junto a la gran potencia petrolera como uno de los territorios donde nació Al Qaeda. Su relevancia se hizo palpable por primera vez en el año 2000, por el ataque en el puerto de Adén contra el barco de guerra norteamericano Cole, donde murieron 17 marinos.
Pero la creación del actual Al Qaeda en la Península Arábiga parece haberse iniciado en 2006, tras la fuga de prisión de los principales responsables del atentado contra el Cole, entre ellos el propio Al Wuhayshi. Y ha sido a lo largo de este año cuando este personaje comenzó a tener protagonismo y a adquirir respaldo suficiente para representar un peligro considerable para la seguridad de Estados Unidos.
El oficial médico del ejército norteamericano que el mes pasado mató a 13 de sus compañeros en el cuartel de Fort Hood, en Texas, manifestó haber encontrado inspiración en las proclamas del clérigo yemení Anwar al Aulaqi, a quien se considera un lugarteniente de Al Wuhayshi y quien estaba junto a él durante el ataque del 17 de diciembre. Otro dirigente de la organización es el saudí Said al Shihri, un preso liberado de Guantánamo, donde el grupo de nacionalidad yemení es el más numeroso de todos los detenidos.
La aparición de este nuevo foco en la guerra contra el terrorismo representa un nuevo desafío para el presidente Barack Obama, quien ya está recibiendo presiones para actuar con la mayor energía posible. “Afganistán es la guerra del presente, pero Yemen puede ser la guerra del futuro”, advirtió el senador Joe Lieberman, quien visitó Yemen en agosto como presidente de la Comisión de Seguridad Nacional.
Peter Hoekstra, el diputado republicano de más rango en el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, ha declarado mientras tanto que “este gobierno (el de Obama) está tomando a la ligera la amenaza del terrorismo”.
El “efecto Detroit”. Bajo el impacto del episodio de Detroit, es muy probable que Estados Unidos incremente ahora su implicación en Yemen, cuyo gobierno parece incapaz por sí solo de reducir a una organización terrorista que puede encontrar refugio entre las aldeas y los líderes tribales. Un aliado imprescindible en ese combate es Arabia Saudita, que ya ha actuado en los últimos días contra los grupos radicales islámicos en Yemen, después de que éstos matasen a varios de sus guardias fronterizos.
El resurgimiento de Al Qaeda en Yemen no representa necesariamente una prueba de la vitalidad de esa organización terrorista, que puede estar simplemente viéndose forzada a volver a sus orígenes por su incapacidad para expandirse. Pero sí supone una complicación para el gobierno de Washington, que tiene ahora todas sus energías puestas en Afganistán y Pakistán.
Confesiones
Fallas “miserables”. El gobierno de Estados Unidos defendió durante el fin de semana que los sistemas de seguridad funcionan en los aeropuertos, pero dio un paso atrás y reconoció, ante la evidencia, que en el vuelo Amsterdam-Detroit “falló miserablemente”. Lo aseguró ayer la secretaria de Seguridad Nacional, Janet Napolitano.
Aislado. La familia del nigeriano Umar Farouk Abdulmutallab (foto), de 23 años y acusado del ataque fallido a un avión que volaba de Amsterdam a Detroit con más de 270 pasajeros, dijo que el joven “desapareció” y dejó de comunicarse con ellos hasta el suceso del viernes.