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Un momento para la meditación

 
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Autor Mensaje
johaness DÖPARENOffline
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Registrado: 09 Nov 2006
Cantidad Total de mensajes: 334
MensajePublicado: Dom 13 May, 2007 8:55 pm    Título del mensaje: Un momento para la meditación Responder citando

A veces , mejor diría yo, con frecuencia, es absolutamente necesario abstraerse y pensar si lo que estamos haciendo, aquello por lo que estamos luchando merece la pena continuarlo o es solo un producto de nuestra soberbia innata, que cuando la ponemos a prueba de análisis resulta ser tan estúpida y banal que nos dan ganas de "plegar" - como dicen los catalanes, sobre todo en esos momentos en que ves como tanta ambición desmedida, tanta mentira programada, tantos afanes por conseguir bienes materiales por encima de todo y de todos, sin menospreciar ningun medio, atropellando, empujando, arrollando , masacrando y en definitiva matando al vecino, al congénere y hasta al deudo mas cercano , y que solo solo sirve al final para igualarnos en estulticia a la hora de la INEXORABLE MUERTE.
Este relato que les incluyo, es solo un mágnifico ejemplo de la imbecilidad humana que extrapolado a las sectas religiosas nos define claramente como se llega a conseguir, - y de que facil manera - que la masa amorfa y sin criterio propio la mayoría de la veces, acepte unos impulsos irracionales , vacios de significado, incomprensibles , esotéricos, absurdos y que conformamos en nuestra mente con el enunciado de que creeemos en una utópica FE, sin saber ni bien ni mal lo que ello significa. Es solo una abstracción que alguien usa contra nosotros para esclavizar nuestro pensamiento y lo que es pero hacernos victimas de su egoismo y de su maldad.
Y así ensalzamos , encumbramos, obecedecemos y veneramos a individuos que no tienen ningún valor personal acreditado, salvo en nuestras estúpidas mentes, al convertirlos en seres superiores que por si mismos y méritos propios deberían estar en el escalafón correspondiente al de los antiguos limpiabotas y no por la falta de honradez profesionalidad o nobleza de aquellos trabajadores, sino por la posición que me merecen en su ordenación social con respecto a mi, es decir DEBERIAN ESTAR A MIS PIES en el escalafón de la honradez y la vergüenza puesto que yo no abuso como ellos de la idiocia patológica de la masa a la que dominan con sus execrables mentiras y promesas de una vida futura de la que NADIE, ABOSLUTAMENTE NADIE , en el transcurso de los milllones de siglos de Historia que conocemos como tal , ha podido - hasta ahora al menos - DAR UNA SOLA PRUEBA CIENTIFICA, LOGICA E IRREFUTABLE DE SU EXISTENCIA Y QUE SOLO SE SUSTENTA EN ESA PRETENDIDA FE QUE PARA SI RECLAMAN LOS SATRAPAS PREDICADORES DE LA MISMA
Estas reflexiones se hacen evidentes en mi, como ráfagas de un viento revivificador del intelecto - a veces dormido por esas luchas cainitas contra la ambicion y la maldad ajena de que hablaba -, en momentos clave y por causas a veces tan simples como pueda ser un "recorte" de prensa.
Hace pocos días me sucedía algo así al leer la noticia de que .....

"El Papa excomulga a los legisladores y diputados que votaron a favor de la despenalización de la Ley del Aborto en Mexico....."

Bueno ¿Y que? Valiente porquería - por no decir mierda - significa a mi condicion de ateo lo que este fulano pueda decir de mi si yo fuera legislador.
En una lógica y lícita igualdad de expresion de pensamiento dentro de l una sociedad democrática yo podría decir de el .

"Condeno al oprobio mas abyecto de la opinión publica, a este fulano que en su impresentable soberbia , con las infulas que solo su hipocresía y cinismo le toleran , pretende inmiscuirse en las políticas y avances sociales de mi pais , condenando a la muerte , a la miseria , a la degradación humana mas perversa a mis conciudadanos, que por falta de medios materiales o intelectuales se encuentran en situaciones graves de angustia , enfermedad o muerte por motivo de embarazos no deseados , peligrosos o clínicamente necesarios""

Como puedo hacer de igual manera en otros temas en que el pastor alemán demuestra su maldita influencia en todos los ordenes de la vida tales como la propagcion del SIDA o la planificación familiar pongo por ejemplo.
Este relato que desde América Latina me llega por medio de un activo colaborador y compañero de FIdA, Angel MOYANO , que ademas ha creado y administra ejemplarmente y con dedicación afanosa el foro WWW.CAFEATEO.COM , nos lleva de forma sutil y literariamente preciosa a estas mismas conclusiones.
Espero que disfruten de el los amantes del estudio del comportamiento humano, como yo he hecho en este momento.
Y los que crean que es tedioso enriquecer la mente y el alma con la confrontacion de las ideas ajenas .... ¡¡Descansen en paz!! porque me da la impresión de que si asi reaccionan , estan ya un "poco" muertos a estas alturas.
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Desde CAFE ATEO - PERU - De Angel MOYANO para FIdA

[CafeAteo] La Insignia - Julio Ramón Ribeyro
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Hasta ahora recuerdo aquella tarde en que al pasar por el malecón
divisé en un pequeño basural un objeto brillante. Con una curiosidad
muy explicable en mi temperamente de coleccionista, me agaché y
después de recogerlo lo froté contra la manga de mi saco. Así pude
observar que se trataba de una menuda insignia de plata, atravesada
por unos signos que en ese momento me parecieron incomprensibles. Me
la eché al bolsillo y, sin darle mayor importancia al asunto, regresé
a mi casa. No puedo precisar cuánto tiempo estuvo guardada en aquel
traje que usaba poco. Sólo recuerdo que en una oportunidad lo mandé a
lavar y, con gran sorpresa mía, cuando el dependiente me lo devolvió
limpio, me entregó una cajita, diciéndome: "Esto debe ser suyo, pues
lo he encontrado en su bolsillo".

Era, naturalmente, la insignia y este rescate inesperado me conmovió
a tal extremo que decidí usarla.

Aquí empieza realmente el encadenamiento de sucesos extraños que me
acontecieron. Lo primero fue un incidenbte que tuve en una librería
de viejo. Me hallaba repasando añejas encuadernaciones cuando el
patrón, que desde hacía rato e observaba desde el ángulo más oscuro
de su librería, se me acercó y, con un tono de complicidad, entre
guiños y muecas convencionales, me dijo: "Aquí tenemos libros de
Feifer". Yo lo quedé mirando intrigado porque no había preguntado por
dicho autor, el cual, por lo demás, aunque mis conocimientos de
literatura no son muy amplios, me era enteramente desconocido. Y acto
seguido añadió: "Feifer estuvo en Pilsen". Como yo no saliera de mi
estupor, el librero terminó con un tono de revelación, de confidencia
definitiva: "Debe usted saber que lo mataron. Sí, lo mataron de un
bastonazo en la estación de Praga". Y dicho esto se retiró hacia el
ángulo de donde había surgido y permaneció en el más profundo
silencio. Yo seguí revisando algunos volúmenes maquinalmente pero mi
pensamiento se hallaba preocupado en las palabras enigmáticas del
librero. Después de comprar un libro de mecánica salí, desconcertado,
del negocio.

--

Durante algún tiempo estuve razonando sobre el significado de dicho
incidente, pero como no pude solucionarlo acabé por olvidarme de él.
Mas, pronto, un nuevo acontecimiento me alarmó sobremanera. Caminaba
por una plaza de los suburbios cuando un hobre menudo, de faz
hepática y angulosa, me abordó intempestivamente y antes de que yo
pudiera reaccionar, me dejó una tarjeta entre las manos,
desapareciendo sin pronunciar palabra. La tarjeta, en cartulina
blanca, sólo tenía una dirección y una cita que rezaba: SEGUNDA
SESION: MARTES 4. Como es de suponer, el martes 4 me dirigí a la
numeración indicada. Ya por los alrededores me encontré con varios
sujetos extraños que merodeaban y que, por una coincidencia que me
sorprendió, tenían una insignia igual a la mía. Me introduje en el
círculo y noté que todos me estrechaban la mano con gran
familiaridad. En seguida ingresamos a la casa señalada y en una
habitación grande tomamos asiento. Un señor de aspecto grave emergió
tras un cortinaje y, desde un estrado, después de saludarnos, empezó
a hablar interminablemente. No sé precisamente sobre qué versó la
conferencia ni si aquello era efectivamente una conferencia. Los
recuerdos de niñez anduvieron hilvanados con las más agudas
especulaciones filosóficas, y a unas disgresiones sobre el cultivo de
la remolacha fue aplicado el mismo método expositivo que a la
organización del Estado. Recuerdo que finalizó pintando unas rayas
rojas en una pizarra, con una tiza que extrajo de su bolsillo.

Cuando hubo terminado, todos se levantaron y comenzaron a retirarse,
comentando entusiasmados el buen éxito de la charla. Yo, por
condescendencia, sumé mis elogios a los suyos, mas, en el momento en
que me disponía a cruzar el umbral, el disertante me pasó la voz con
una interjección, y al volverme me hizo una seña para que me acercara.
- Es usted nuevo, ¿verdad? -me interrogó, un poco desconfiado.
- Sí -respondí, después de vacilar un rato, pues me sorprendió que
hubiera podido identificarme entre tanta concurrencia- . Tengo poco
tiempo.
- ¿Y quién lo introdujo?
Me acordé de la librería, con gran suerte de mi parte.
-Estaba en la librería de la calle Amargura, cuando el...
- ¿Quién? ¿Martín?
- Sí, Martín.
-!Ah, es un colaborador nuestro!
- Yo soy un viejo cliente suyo.
- ¿Y de qué hablaron?
-Bueno... de Feifer.
-¿Qué le dijo?
-Que había estado en Pilsen. En verdad... yo no lo sabía
-¿No lo sabía?
- No -repliqué con la mayor tranquilidad.
- ¿Y no sabía tampoco que lo mataron de un bastonazo en la estación
de Praga?
- Eso también me lo dijo.
-!Ah, fue una cosa espantosa para nosotros!
-En efecto -confirmé- Fue una pérdida irreparable.
Mantuvimos una charla ambigua y ocasional, llena de confidencias
imprevistas y de alusiones superficiales, como la que sostienen dos
personas extrañas que viajan accidentalmente en el mismo asiento de
un ómnibus. Recuerdo que mientras yo me afanaba en describirle mi
operación de las amígdalas, él, con grandes gestos, proclamaba la
belleza de los paisajes nórdicos. Por fin, antes de retirarme, me dio
un encargo que no dejó de llamarme la atención .
-Tráigame en la próxima semana -dijo- una lista de todos los
teléfonos que empiecen con 38.
Prometí cumplir lo ordenado y, antes del plazo concedido, concurrí
con la lista.
-!Admirable! -exclamó- Trabaja usted con rapidez ejemplar.

--

Desde aquel día cumplí una serie de encargos semejantes, de lo más
extraños. Así, por ejemplo, tuve que conseguir una docena de
papagayos a los que ni más volví a ver. Mas tarde fui enviado a una
ciudad de provincia a levantar un croquis del edificio municipal.
Recuerdo que también me ocupé de arrojar cáscaras de plátano en la
puerta de algunas residencias escrupulosamente señaladas, de escribir
un artículo sobre los cuerpos celestes, que nunca vi publicado, de
adiestrar a un meno en gestos parlamentarios, y aun de cumplir
ciertas misiones confidenciales, como llevar cartas que jamás leí o
espiar a mujeres exóticas que generalmente desaparecían sin dejar
rastro.

De este modo, poco a poco, fui ganando cierta consideración. Al cabo
de un año, en una ceremonia emocionante, fui elevado de rango. "Ha
ascendido usted un grado", me dijo el superior de nuestro círculo,
abrazándome efusivamente. Tuve, entonces, que pronunciar una breve
alocución, en la que me referí en térmios vagos a nuestra tarea
común, no obstante lo cual, fui aclamado con estrépito.

En mi casa, sin embargo, la situación era confusa. No comprendían mis
desapariciones imprevistas, mis actos rodeados de misterio, y las
veces que me interrogaron evadí las respuestas poque, en realidad, no
encontraba una satisfactoria. Algunos parientes me recomendaron,
incluso, que me hiciera revisar por un alienista, pues mi conducta no
era precisamente la de un hombre sensato. Sobre todo, recuerdo
haberlos intrigado mucho un día que me sorprendieron fabricando una
gruesa de bigotes postizos pues había recibido dicho encargo de mi
jefe.

Esta beligerancia doméstica no impidió que yo siguiera dedicándome,
con una energía que ni yo mismo podría explicarme, a las labores de
nuestra sociedad. Pronto fui relator, tesorero, adjunto de
conferencias, asesor administrativo, y conforme me iba sumiendo en el
seno de la organización aumentaba mi desconcierto, no sabiendo si me
hallaba en una secta religiosa o en una agrupación de fabricantes de
paños.

A los tres años me enviaron al extranjero. Fue un viaje de lo más
intrigante. No tenía yo un céntimo; sin embargo, los barcos me
brindaban sus camarotes, en los puertos había siempre alguien que me
recibía y me prodigaba atenciones, y en los hoteles me obsequiaban
sus comodidades sin exigirme nada. Así me vinculé con otros cofrades,
aprendí lenguas foráneas, pronuncié conferencias, inauguré filiales
a nuestra agrupación y vi cómo extendía la insignia de plata por
todos los confines del continente. Cuando regresé, después de un año
de intensa experiencia humana, estaba tan desconcertado como cuando
ingresé a la librería de Martín.

--

Han pasado diez años. Por mis propios méritos he sido designado
presidente. Uso una toga orlada de púrpura con la que aparezco en los
grandes ceremoniales. Los afiliados me tratan de vuecencia. Tengo una
renta de cinco mil dólares, casas en los balnearios, sirvientes con
librea que me respetan y me temen, y hasta una mujer encantadora que
viene a mí por las noches sin que yo le llame. Y a pesar de todo
esto, ahora, como el primer día y como siempre, vivo en la más
absoluta ignorancia, y si alguien me preguntara cuál es el sentido de
nuestra organización, yo no sabría qué responderle. A lo más, me
limitaría a pintar rayas rojas en una pizarra negra, esperando
confiado los resultados que produce en la mente humana toda
explicación que se funda inexorablemente en la cábala.

"La Insignia", Julio Ramón Ribeyro, (Lima, 1952)

--
Saludos desde el Perú!

Angel
____________ _________ _________ __
Ich bekenne mich zu dem Geschlecht,
das aus dem Dunkel ins Helle strebt.
[Goethe]
_________________
"La Cultura es la madre de la Libertad"
"Si no dejas de esculpir, tallarás obras en metal y piedra"
- IN MEMORIAM de T.A. - El hombre en su estúpida soberbia, ha creado un Dios a su imagen y semejanza (proverbio madrileño)

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Miembro de :
Federacion Internacional de Ateos
www.federacionatea.org
Asociacion EUROPA-LAICA
http://www.europalaica.com
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