Una República de fábula. Los Cyberateos
Después de tanta crÃÂtica proferida y de tanto tiempo denunciando a la curia y a sus lacayos, o más bien al fenómeno religioso en general y a los militantes y cruzados en particular, uno esperaba poder contar con enemigos audaces, igualmente agresivos, pero procedentes del abonado campo de los fieles al mito del crucificado o del camellero pederasta.Lamentablemente, lo que ha surgido como parodia de enemigo es un conocido paranoico de la red, fundador y regente de la más insólita lista de correo que se conozca: los "Cyberateos".
No por estar compuesta de ateas y ateos es insólita. Tampoco por su creatividad, sus méritos o el número de sus participantes. Es insólita, en primer lugar, porque se edificó en sus orÃÂgenes como una república virtual, con su suprema Constitución, su Senado, su Presidente y sus "Reglamentos sancionadores". Lo del Senado sonó tan mal que al poco tiempo fue clausurado y sustituido por una "Asamblea de ciudadanos", con su Presidente (el mismo), su suprema Constitución (la misma) y sus Reglamentos sancionadores (siempre en proceso de inflamación).
Es insólita, en segundo lugar, porque alardea de virtudes y procedimientos democráticos, y por ello prohibió desde el principio cualquier mÃÂnima referencia a la organización de la lista, alegando que "hablar de polÃÂtica interna" distrae a los ateos de sus amenas conversaciones sobre los dioses. Como en las democracias orgánicas, se supone que el pueblo es feliz cuando se le aparta de la polÃÂtica. Se creó, asÃÂ, otra lista para tratar los importantes asuntos que requerÃÂa su Tribunal Constitucional, su equipo de censores, los moderadores electos, los documentos oficiales, los ministros, embajadores, recepcionistas, decoradores y técnicos de iluminación de la República Atea.
Pero la apacible existencia de los cyberpitufos -perdón, de los cyberateos- se vio un dÃÂa alterada por el cierre "injustificado" de sus calles y de sus canales por parte de Yahoo! España. Os contaré la historia.
La simpática República atea fue atacada por las hordas neocatólicas y opusianas de los de IntereconomÃÂa, con Julio Ariza a su cabeza. La crisis fue, sin embargo, superada. Mudaron a la población a Googleland. Un sesudo informe del Presidente llamó a la calma. Asumió poderes de emergencia, lamentó las bajas ocasionadas y la pérdida de la tranquilidad de sus apolÃÂticos habitantes y de los archivos que éstos habÃÂan confeccionado a lo largo del tiempo. Prometió soluciones, dio órdenes a su secreto equipo de abogados, dialogó con los invasores y fue conminado a eliminar de su reino la pornografÃÂa, la blasfemia y el desprecio a los sÃÂmbolos religiosos.
El Sr. Presidente accedió al capÃÂtulo, borró obedientemente toda huella del delito y exhortó a los residentes a abandonar Googleland y a retornar a la tierra prometida. Allàles esperaban los viejos tribunales, las oficinas de vigilancia y los complicados reglamentos en los que se especificaban con rigor las sanciones y las faltas, las condecoraciones y los cargos. Estaba también el archivo del BOC (BoletÃÂn Oficial Cyberateo), donde se apuntaban minuciosamente los procesos jurÃÂdicos, las nominaciones, las convocatorias a la población, las campañas electorales, los nombramientos y las condenas. No podÃÂa abandonarse allàtodo ese tesoro de la memoria histórica de la República, de manera que el pueblo retornó casi en masa a sus antiguas instalaciones. Se sucedieron, además, celebraciones y alabanzas al sistema.
Dicen las malas lenguas que lo de Yahoo! no se debió a la existencia de documentación antireligiosa en los almacenes gubernamentales, sino a razones mucho más anodinas. Pero que el Presidente supo sacar partido de la situación, y que asàconsiguió nuevos súbditos, airados por las noticias que la prensa habÃÂa difundido y solidarios con los ateos censurados.
Pero como en toda democracia orgánica, igualmente, la labor de los aduladores, los convencidos del régimen y los burócratas se veÃÂa en ocasiones perturbada por la perfidia de algunos descontentos, que osaban criticar al Gobierno y a los tribunales. Es más, cuando alguno de los pobladores insistÃÂa públicamente en la necesidad de llevar el ateÃÂsmo al extranjero, al mundo real, y de denunciar allàa las iglesias, a los obispos y a los imanes, era metódicamente censurado o puesto a un lado, o se le aplicaban destierros temporales, ya que -se argumentaba- los habitantes de Cyberateilandia vivÃÂan muy tranquilos hablando de sondas lunares, de nuevos planetas habitables, de argumentos anti-anselminianos, de multiversos y de células madre, y que lo que ocurriera en el mundo real con respecto a la amenaza religiosa, al auge del oscurantismo o a las ambiciones de los prelados era un asunto ajeno a la beatÃÂfica ateidad de la República.
De modo que, cuando alguien se atrevió en ella a pegar un cartel anunciador del Concilio Ateo de Toledo, fue el propio Presidente quien, bajando de su estrado, arrancó inmediatamente la proclama, la rompió en mil pedacitos y advirtió al pueblo amedentrado sobre las funestas consecuencias de mezclar el ateÃÂsmo con el mundo real. "¿No véis que aquàsois felices" -les arengó-, "y que esos de la FIdA son unos exaltados, fanáticos, radicales de la increencia y terroristas confesos? A partir de ahora, se prohibirá en el reino todo tipo de propaganda maliciosa, y además serán sometidos a censura previa los comentarios y los susurros contrarios a nuestro régimen de libertades", prosiguió.
Emulando a los gemelos Kaczynski, el ExcelentÃÂsimo Sr. Presidente de la República Cyberatea ha dictado hoy nuevas condenas, llamando a la limpieza, al orden y a la purga de los insurrectos. Porque ya empiezan a abundar en las plazas los comentarios crÃÂticos, las noticias del mundo real, los panfletos subversivos, las deserciones y los exilios voluntarios.
Y, claro, quien escribe estas lÃÂneas no puede evitar el lamento de no elegir siempre a los propios enemigos, y deber a veces contentarse con dejar al descubierto a ciertos enfermos mentales que hacen del ateÃÂsmo un medio para la expansión de su ego y un remedio para sus debilidades.
Continuará...





























