Un grupo de rap integrado por tres chicas desafía el machismo imperante en la sociedad marroquí

Un grupo de rap integrado por tres chicas desafía el machismo imperante en la sociedad marroquí

  1. No fuman ni beben pero apoyan el feminismo con música desde el escenario
'Look' americano. Dos de las integrantes del grupo en Rabat. Foto: BEATRIZ MESA
'Look' americano. Dos de las integrantes del grupo en Rabat. Foto: BEATRIZ MESA
BEATRIZ MESA
RABAT

Las tigresas no consumen alcohol, no fuman y no salen de fiesta. Pero suben a escenarios y cantan rap desafiando el poderío masculino, que incluye los llamamientos al boicot, los insultos, los gestos discriminatorios, y, por supuesto, los celos. No es fácil conquistar a seguidores en una sociedad profundamente machista y conservadora, auque nada que ver con la de Arabia Saudí, en donde las jóvenes hasta tienen prohibido aparecer en una portada de un disco o actuar en público.
La banda de las tigresas marroquís, así se hace llamar, está compuesta por musulmanas de las que abrazan la religión de Mahoma y se mueven con toda libertad en un país donde la ley, en este caso, no interfiere en sus actuaciones, ni en sus ensayos o en cualquier tipo de manifestación pública. Sin embargo, encuentran otra clase de presiones que provienen de la calle, de la familia y de su propio público.
Solo para hombres
«A veces nos dicen que el rap está hecho para hombres», comenta Youshra Oukaf, aliasSultana, y pionera en el rap femenino. Llega puntual a la cita en un bar occidental del centro de la ciudad cosmopolita de Casablanca, le acompaña otra componente del grupo, Mariam, y la pareja de ésta. «El único chico que nos apoya, el resto nos detesta», ríe Sultana.
Esta joven de Casablanca acaba de cumplir los 24 años, rapea desde que alcanzó los 14, pero las letras de contenido feminista que escribe para sus conciertos son muy recientes, desde que un saudí le agredió mientras trabajaba como azafata para la compañía de vuelo Royal Air Maroc. Le dio un manotazo en el trasero. Ella no pudo contenerse y le respondió volcándole una taza de café en la cabeza. «¡A partir de este accidente, hago canciones sobre el respeto a la mujer. ¡No somos un objeto sexual!», manifiesta enérgica, ya en el paro.
La compañera de grupo, Mariam, sonríe y asiente con la cabeza. Solo tiene 22 años y estudia español: «Somos las nuevas generaciones de mañana, tenemos que construir el futuro». Las dos raperas visten pantalones anchos y sudaderas de chándal americanas. Elpiercing marca la moda y las trenzas postizas, un estilo personal. Ninguna lleva velo. «¿Pero el grupo no es un trío? ¿donde está la tercera?» pregunto. «No pudo venir», señalan a la vez. Su madre consideraba que era demasiado tarde para entrevistas. No está bien visto que una mujer a estas horas, a las 10 de la noche, salga de casa.
Casi a hurtadillas, la joven acude a los ensayos para evitar las reprimendas de su madre que la machaca con el «qué dirán» y el «qué pensarán» salvo cuando regresa a casa con dinero.«Siente vergüenza de que se exhiba delante de los hombres», lamenta Salimata, de verbo fácil, por eso encaja muy bien en el puesto que le han asignado como portavoz del grupo y productora. «Trato de vendernos, de proponer conciertos por todas partes», dice destilando coraje y fuerza.
Con el tiempo están viendo que el rap no les da para vivir holgadamente, pero les mantiene lejos de la dependencia de un hombre, del matrimonio arreglado, del estar condenadas a un hogar y de procrear. «Y aunque quiera tener un hijo ¿Por qué no iba a cantar y a criar a mi bebé?» pregunta apartándose del discurso machista marroquí, que no promueve la incorporación de la mujer al trabajo, ni mucho menos la emancipación.
Por otros roles de la mujer que no se limiten a la familia, sino que se extienda a otros planos de la vida política o laboral, combaten estas raperas. Sueñan con quedarse en Marruecos y ayudar a un «cambio de mentalidad», sobre todo de los organizadores de concientos que apenas se acuerdan de ellas.
«Cantamos en favor de la mujer magrebí en públicos mayoritariamente masculinos, y molesta», dice Salimata. Su madre es moderna y le empuja a seguir .
Crítica a la justicia
Uno de los únicos grandes avances de este país ha sido la aprobación del código de la familia, es decir, el código que supuestamente garantiza a la mujer más derechos, aunque aún no se ha consolidado. «La justicia es todavía perversa», añade Mariam, tímida excepto cuando sale al escenario. Cantan en el árabe dialectal, el dariya, para que el mensaje llegue con toda claridad. No le quedó tan claro a Katrina, la cuarta componente de las tigresas hasta hace un año. Se enamoró de un joven aparentemente moderno que luego la obligó a retirarse del rap y del escenario. Ella se puso el velo, él se dejó la barba y la mezquita sustituyó a los conciertos.

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