Somalia no es un país

Somalia no es un país

ALFONSO ARMADA/FOTO: MOHAMED DAHIR (AFP)

Publicado Domingo ,

«Sempiterna en nuestros pensamientos y preocupaciones, el olor de la muerte nos oprimía. Desearía conocer el modo de vincular ese olor acre con la lenta marcha del país hacia su hundimiento». Son frases de «Secretos», una de las más terribles y hermosas novelas escritas por Nuruddin Farah, que un día se convertirá en el primer premio Nobel de un país inexistente. Si quiere saber algo más de Somalia -la patria de los piratas, que volverá a desaparecer de nuestros radares en cuanto hayamos esquilmado sus aguas y deje de haber intereses españoles en peligro, como ocurrió con Chad cuando fue liberada la tripulación de la aeronave en la que piratas humanitarios franceses intentaban llevarse a falsos huérfanos por su bien-, déjese llevar por la prosa sensual y carnívora de este escritor que sabe de qué habla y que vive con amargura la disolución de un Estado en el que pasó su infancia y adolescencia. Desde que en 1991 fuera derrocado el dictador Mohamed Siad Barré, uno de los territorios más homogéneos del continente negro saltó en mil pedazos, devorado por su indescifrable geografía política de clanes y subclanes, entregados a la rebatiña del cuerno de África.

Los pies son a veces más elocuente que la cara, como los de esta fila de niños expulsados de sus hogares a sangre y fuego que esperan ante un centro de distribución de alimentos en la torturada Mogadiscio. Una organización no gubernamental financiada por las Naciones Unidas y la Unión Europea (que operan a distancia para no contaminarse y sobre todo para no morir), dice que se encarga de alimentar a diario a 74.000 adultos y más de cinco mil niños menores de cinco años en sus 24 dispensarios a lo largo de una ciudad sin ley en la que los cadáveres se disputan un lugar al sol junto a la basura.

País apestado, al que Occidente ha asignado la etiqueta de «nuevo barbarismo», lleva cerca de dos décadas hundiéndose en un légamo de muerte y sufrimiento, su población diezmada, castigada por «señores de la guerra», piratas, islamistas, traficantes y el desdén de quienes piensan que el mal que destilan los Estados fallidos puede acotarse tras un cordón sanitario como si fuera un cáncer. Craso error. Pobre Somalia.

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