Lo confieso: soy vegetariano
Hace ya más de veintiocho años me hice vegetariano, varios años antes de mi primera estancia en los EEUU, donde empezaba a ponerse de moda. Técnicamente soy ovo-lácteo-fungi-vegetariano. Debo decir que las razones por las cuales tomé aquella decisión no coinciden con las que me mantienen en ella. En su dÃÂa, jovencito que era uno, se juntaron ideas ecologistas y naturistas que venÃÂan a decir que lo natural era ser vegetariano y que lo natural era lo mejor y más saludable, que los animales tenÃÂan su corazoncito y que no estaba bien comerlos.
También supe de otros ejemplos menos esotéricos, como los de Leonardo da Vinci, Einstein y Kafka. También me impresionó la frase atribuida a Pitágoras acerca del reparo a convertirse en la tumba de un animal. No eran malos ejemplos, pero luego uno se entera que Hittler también era vegetariano y se empieza a complicar la cosa.
Hoy no creo que sea más saludable ser vegetariano que comer también carne y pescado sin abusar, aunque parece que ayuda a comer más equilibradamente. Sàsiento el reparo pitagórico, como siento el asco de la mayorÃÂa de mortales ante la idea de comer cosas desagradables. También siento el reparo de comer un ser que tiene un mÃÂnimo de cerebro y, tal vez, un mÃÂnimo de consciencia. Reconozco que esto último es muy poco convincente para muchos tipos de animales, con un cerebro tan poca cosa que les hace ser casi autómatas. Pero entre el reparo de no comerme unos por su sistema nervioso desarrollado y no comerme otros de puro asco, se me ha extendido la regla a todo el reino animal y asàando.
No me va mal. Mi IQ está bien, gracias, y mantengo el peso que tenÃÂa con 20 primaveras (bueeeeno, tres o cuatro kilos más). Las analÃÂticas me salen casi perfectas y el sistema circulatorio con toda su hidráulica funciona perfectamente, if you get my drift.
Tampoco tengo prejuicios contra los comedores de animales y, como se suele decir en estos casos, algunos de mis mejores amigos no son vegetarianos. Por otra parte, siento que soy un espécimen raro. Cuando voy a un restaurante vegetariano tengo que hacer bastante abstracción de todos los anuncios y publicidad que suele haber sobre los disparates más grandes que a uno se le ocurran, desde la astrologÃÂa al tarot, pasando por la homeopatÃÂa, los remedios orientales y toda clase de supercherÃÂas new age.
Algunos de mis mejores amigos también creen cosas de estas.
También supe de otros ejemplos menos esotéricos, como los de Leonardo da Vinci, Einstein y Kafka. También me impresionó la frase atribuida a Pitágoras acerca del reparo a convertirse en la tumba de un animal. No eran malos ejemplos, pero luego uno se entera que Hittler también era vegetariano y se empieza a complicar la cosa.
Hoy no creo que sea más saludable ser vegetariano que comer también carne y pescado sin abusar, aunque parece que ayuda a comer más equilibradamente. Sàsiento el reparo pitagórico, como siento el asco de la mayorÃÂa de mortales ante la idea de comer cosas desagradables. También siento el reparo de comer un ser que tiene un mÃÂnimo de cerebro y, tal vez, un mÃÂnimo de consciencia. Reconozco que esto último es muy poco convincente para muchos tipos de animales, con un cerebro tan poca cosa que les hace ser casi autómatas. Pero entre el reparo de no comerme unos por su sistema nervioso desarrollado y no comerme otros de puro asco, se me ha extendido la regla a todo el reino animal y asàando.
No me va mal. Mi IQ está bien, gracias, y mantengo el peso que tenÃÂa con 20 primaveras (bueeeeno, tres o cuatro kilos más). Las analÃÂticas me salen casi perfectas y el sistema circulatorio con toda su hidráulica funciona perfectamente, if you get my drift.
Tampoco tengo prejuicios contra los comedores de animales y, como se suele decir en estos casos, algunos de mis mejores amigos no son vegetarianos. Por otra parte, siento que soy un espécimen raro. Cuando voy a un restaurante vegetariano tengo que hacer bastante abstracción de todos los anuncios y publicidad que suele haber sobre los disparates más grandes que a uno se le ocurran, desde la astrologÃÂa al tarot, pasando por la homeopatÃÂa, los remedios orientales y toda clase de supercherÃÂas new age.
Algunos de mis mejores amigos también creen cosas de estas.






























