Last.fm inspira una revolución cientÃÂfica
Victor Keegan
El sitio musical Last.fm fue una de las grandes ideas procedentes de las islas británicas durante la primera burbuja de las punto com. Los usuarios pueden escuchar sus propias canciones y otras pistas recomendadas por los algoritmos de Last.fm basándose en sus gustos, incluyendo los registrados en iTunes, y los de tus amigos. La cosa podrÃÂa haberse quedado ahÃÂ. Pero unos académicos han aplicado ese juego de manos a la investigación cientÃÂfica. ¿Qué tal si los investigadores, en vez de esperar tres años a que sus estudios salten todas las vallas establecidas, forman parte de un mercado en tiempo real, una especie de fusión cientÃÂfica de iTunes y Last.fm? La idea ha surgido, entre otros, de dos de los fundadores de Last.fm, Spencer Hyman y Stefan Glaenzer, afortunados por la venta de Last.fm a CBS. Se han metido en la idea de usar los principios del sitio para crear un agregador anónimo de datos de sus usuarios mientras se construye una base de datos de artÃÂculos. El show ya está en marcha, y ya está creciendo. De momento es gratis pero se prevé el añadido de una versión Premium.
¿Cómo funciona? Básicamente, los estudiantes «arrastran y sueltan» informes cientÃÂficos en el sitio en mendeley.com, el cual automáticamente extrae datos, palabras clave, citas, referencias, etc. Se crea asàuna base de datos que permite búsquedas y ahorra horas de trabajo. En sàmismo ya serÃÂa fantástico, pero ahora viene el toque Last.fm. Se permite que los usuarios colaboren con investigadores a lo ancho del mundo, de cuya existencia podrÃÂas no conocer de no ser porque los algoritmos de Mendeley averiguan, digamos, que se trata del articulista más leÃÂdo en Japón en ese nicho de conocimientos. Puedes recomendar estudios de otras personas y ver cuánta gente lee los tuyos, algo que no es posible en Nature o Science. En lugar de esperar a que los estudios sean publicados tras un largo proceso de recopilación de citas, Mendeley podrÃÂa moverlos a un sistema de «citado en tiempo real» reduciendo el tiempo que la ciencia tarda en poder ser aplicada en el mundo real, quien sabe si impulsándoe asàel desarrollo económico. Son multitud los archivos de investigación. Para ciencias fÃÂsicas no biológicas existe ArXiv, con más de medio millón de informes electrónicos disponibles. Pero no hay nada con el tamaño potencial de Mendeley. Ya se han suscrito 60.000 cientÃÂficos, subiendo 4 millones de estudios, una cifra que se dobla cada 10 meses. A este ritmo sobrepasará pronto las más grandes bases de datos académicas existentes, con cerca de 20 millones de estudios.
La idea es fascinante por distintos motivos. Primero, demuestra que de esta segunda, digamos, burbuja punto com están surgiendo ideas maravillosas y realmente prácticas. Segundo, transferir tecnologÃÂa desde el mundo de la música el de la ciencia es algo innovador y cabe preguntarse cuántas otras disciplinas pueden unirse. ¿Puede ser un rival para Google un sistema que no te enlaza con sitios web sino con gente que piensa igual que tú? Tercero, es un magnÃÂfico ejemplo de «Wimbledonisation» —es una referencia al torneo de tenis— donde Gran Bretaña nunca gana la competición pero se lleva de cabeza los beneficios económicos de alojar el torneo. Mendeley está situado fÃÂsicamente en el centro de Londres, aún habiendo sido fundada por tres académicos alemanes; Jan Reichelt, Victor Henning y Paul Foeckler. Se confirma el liderazgo londinense entre los emprendedores europeos, no sólo entre los futbolistas. Los inversores lo consideran el mejor lugar para que un investigador busque trabajo después de Boston. La primera vez que escuché una de sus ruidosas charlas no podÃÂa imaginar cómo de rápido trabajan, ni que acabarÃÂan siendo uno de los Top 10 en el Tech Media Invest 100 publicado por The Guardian.
Un pequeño gran logro es haber conseguido reunir gracias al boca a boca a algunas de las primeras universidades del mundo; Harvard, Stanford, Cambridge o Imperial. Werner Vogels, jefe de tecnologÃÂa en Amazon, ha dicho de Mendeley que tiene todo el potencial para cambiar cómo entendemos la ciencia. Y parecen estar en buen camino.
Visto en The Guardian. Foto de wstryder.
humanismo ciencia musica last.fm
El sitio musical Last.fm fue una de las grandes ideas procedentes de las islas británicas durante la primera burbuja de las punto com. Los usuarios pueden escuchar sus propias canciones y otras pistas recomendadas por los algoritmos de Last.fm basándose en sus gustos, incluyendo los registrados en iTunes, y los de tus amigos. La cosa podrÃÂa haberse quedado ahÃÂ. Pero unos académicos han aplicado ese juego de manos a la investigación cientÃÂfica. ¿Qué tal si los investigadores, en vez de esperar tres años a que sus estudios salten todas las vallas establecidas, forman parte de un mercado en tiempo real, una especie de fusión cientÃÂfica de iTunes y Last.fm? La idea ha surgido, entre otros, de dos de los fundadores de Last.fm, Spencer Hyman y Stefan Glaenzer, afortunados por la venta de Last.fm a CBS. Se han metido en la idea de usar los principios del sitio para crear un agregador anónimo de datos de sus usuarios mientras se construye una base de datos de artÃÂculos. El show ya está en marcha, y ya está creciendo. De momento es gratis pero se prevé el añadido de una versión Premium.
¿Cómo funciona? Básicamente, los estudiantes «arrastran y sueltan» informes cientÃÂficos en el sitio en mendeley.com, el cual automáticamente extrae datos, palabras clave, citas, referencias, etc. Se crea asàuna base de datos que permite búsquedas y ahorra horas de trabajo. En sàmismo ya serÃÂa fantástico, pero ahora viene el toque Last.fm. Se permite que los usuarios colaboren con investigadores a lo ancho del mundo, de cuya existencia podrÃÂas no conocer de no ser porque los algoritmos de Mendeley averiguan, digamos, que se trata del articulista más leÃÂdo en Japón en ese nicho de conocimientos. Puedes recomendar estudios de otras personas y ver cuánta gente lee los tuyos, algo que no es posible en Nature o Science. En lugar de esperar a que los estudios sean publicados tras un largo proceso de recopilación de citas, Mendeley podrÃÂa moverlos a un sistema de «citado en tiempo real» reduciendo el tiempo que la ciencia tarda en poder ser aplicada en el mundo real, quien sabe si impulsándoe asàel desarrollo económico. Son multitud los archivos de investigación. Para ciencias fÃÂsicas no biológicas existe ArXiv, con más de medio millón de informes electrónicos disponibles. Pero no hay nada con el tamaño potencial de Mendeley. Ya se han suscrito 60.000 cientÃÂficos, subiendo 4 millones de estudios, una cifra que se dobla cada 10 meses. A este ritmo sobrepasará pronto las más grandes bases de datos académicas existentes, con cerca de 20 millones de estudios.
La idea es fascinante por distintos motivos. Primero, demuestra que de esta segunda, digamos, burbuja punto com están surgiendo ideas maravillosas y realmente prácticas. Segundo, transferir tecnologÃÂa desde el mundo de la música el de la ciencia es algo innovador y cabe preguntarse cuántas otras disciplinas pueden unirse. ¿Puede ser un rival para Google un sistema que no te enlaza con sitios web sino con gente que piensa igual que tú? Tercero, es un magnÃÂfico ejemplo de «Wimbledonisation» —es una referencia al torneo de tenis— donde Gran Bretaña nunca gana la competición pero se lleva de cabeza los beneficios económicos de alojar el torneo. Mendeley está situado fÃÂsicamente en el centro de Londres, aún habiendo sido fundada por tres académicos alemanes; Jan Reichelt, Victor Henning y Paul Foeckler. Se confirma el liderazgo londinense entre los emprendedores europeos, no sólo entre los futbolistas. Los inversores lo consideran el mejor lugar para que un investigador busque trabajo después de Boston. La primera vez que escuché una de sus ruidosas charlas no podÃÂa imaginar cómo de rápido trabajan, ni que acabarÃÂan siendo uno de los Top 10 en el Tech Media Invest 100 publicado por The Guardian.
Un pequeño gran logro es haber conseguido reunir gracias al boca a boca a algunas de las primeras universidades del mundo; Harvard, Stanford, Cambridge o Imperial. Werner Vogels, jefe de tecnologÃÂa en Amazon, ha dicho de Mendeley que tiene todo el potencial para cambiar cómo entendemos la ciencia. Y parecen estar en buen camino.
Visto en The Guardian. Foto de wstryder.
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