El teorema de Dostoyevski y el libre albedrÃÂo
En la entrada anterior listábamos en dos grupos las cosas que pueden dar satisfacción a una persona. Argumentábamos también que no hay manera de disociar el tomar elecciones con la búsqueda de la satisfacción.
Al considerar una teorÃÂa de la decisión deberemos especificar cuáles son las cosas que proporcionan utilidad a un individuo. El individuo buscará tener de estas cosas lo que el tiempo, la dedicación, el saber hacer y el dinero le puedan proporcionar, y lo hará procurando de cada una de ellas en la manera óptima para su satisfacción.
Nuestra teorÃÂa puede se incompleta. Por ejemplo, tal vez habÃÂamos listado que a una madre le proporciona satisfacción dar un caramelo a su hijo y también dárselo a su hija. En una situación en la que sólo tiene un caramelo (pongamos que no se puede dividir) y ha de decidir a quién dárselo, podrÃÂa ser que esté indiferente en dárselo a cualquiera de ellos, pero prefiere que el mecanismo por el cuál lo lleve uno u otro sea echarlo a suertes (esto es mejor que dárselo arbitrariamente a uno, aunque la suerte es también arbitraria).
Con esto quiero decir que siempre es posible incorporar más elementos (en este caso el echar a suertes) en la lista de cosas preferidas. Lo mismo pasarÃÂa con incorporar el deseo de ser altruista y todo lo que a uno se le ocurra. Pero no puede haber una teorÃÂa de la decisión en la que, metiendo todo lo que a uno se le ocurra, quede completa. Una vez hecha una teorÃÂa, siempre puede haber más cosas que reporten utilidad.
Ocurre que el querer es libre, y que uno puede querer echar por tierra la teorÃÂa que alguien acaba de diseñar para él y querer cosas de manera distinta a la que dice esa teorÃÂa, solo por fastidiar. Es decir, que cualquier teorÃÂa sobre la decisión humana siempre tendrá lugar para el libre albedrÃÂo.
En palabras de Dostoyevski:
Incluso si en verdad no fuera más que la tecla de un piano, e incluso si esto se lo demostraran las matemáticas y las ciencias naturales, el hombre todavÃÂa no entrarÃÂa en razón y actuarÃÂa deliberadamente contra ello, por ingratitud y para insistir en su propia opinión.
(Fiódor Dostoyevski, Memorias del subsuelo).
(Fiódor Dostoyevski, Memorias del subsuelo).






























