El secuestro del Alakrana
Ahora que se ha resuelto el secuestro y que se han liberado las tensiones a él asociadas, quisiera plantear un par de ideas.
Juan Urrutia ya nos advertÃÂa de la imposibilidad de tener la mejor de las soluciones posibles: liberar a los secuestrados, encarcelar a los culpables y no pagar el rescate. No voy a entrar en la conveniencia o la legalidad de pagar o no pagar para salvar la vida de los secuestrados para evitar futuros secuestros. Doy por hecho que se pagarán los rescates si no es posible la liberación por la fuerza.
Dada esta restricción, ¿cómo deben conducirse las negociaciones?
Los familiares de los secuestrados quieren que sean rápidas. El Estado no puede y no quiere evitar el pago del rescate por el gran coste que serÃÂa tener una tripulación muerta en su conciencia y en la de los electores, pero puede y debe querer que las negociaciones vayan muy despacio. Hay dos razones para ello.
La primera es que el que tiene más prisa en una negociación tiene más que perder. Si se negocia con prisas se acaba aceptando cualquier acuerdo.
La segunda es que, aunque se acabara pagando lo mismo tras 100 dÃÂas de secuestro que tras un sólo dÃÂa, el coste para los secuestradores serÃÂa mucho mayor en el primer caso. Si los secuestros se resuelven rápidamente podrán secuestrar un barco cada dos dÃÂas. Si se resuelven en tres meses, sólo podrán secuestrar tres o cuatro barcos al año. Menos secuestros implican menos beneficios. Más duración del secuestro implica más coste material y emocional de participar en el secuestro. Menos beneficios y más coste hace menos lucrativa la actividad del secuestro.
Ha habido, además, el lÃÂo de los dos piratas detenidos y trasladados a España. ¿Fue una buena idea?
Se dice que el haberlos traÃÂdo ha dificultado la negociación porque no habÃÂa manera fácil de devolverlos a Somalia, supuestamente a que penen allÃÂ. Creo que esta dificultad es lo que hace de haberlos traÃÂdo una buena idea, lÃÂos legales aparte. Los dos piratas eran una baza para España en las negociaciones y la dificultad de sacarlos del paÃÂs, una manera creÃÂble de alargar las negociaciones.
Juan Urrutia ya nos advertÃÂa de la imposibilidad de tener la mejor de las soluciones posibles: liberar a los secuestrados, encarcelar a los culpables y no pagar el rescate. No voy a entrar en la conveniencia o la legalidad de pagar o no pagar para salvar la vida de los secuestrados para evitar futuros secuestros. Doy por hecho que se pagarán los rescates si no es posible la liberación por la fuerza.
Dada esta restricción, ¿cómo deben conducirse las negociaciones?
Los familiares de los secuestrados quieren que sean rápidas. El Estado no puede y no quiere evitar el pago del rescate por el gran coste que serÃÂa tener una tripulación muerta en su conciencia y en la de los electores, pero puede y debe querer que las negociaciones vayan muy despacio. Hay dos razones para ello.
La primera es que el que tiene más prisa en una negociación tiene más que perder. Si se negocia con prisas se acaba aceptando cualquier acuerdo.
La segunda es que, aunque se acabara pagando lo mismo tras 100 dÃÂas de secuestro que tras un sólo dÃÂa, el coste para los secuestradores serÃÂa mucho mayor en el primer caso. Si los secuestros se resuelven rápidamente podrán secuestrar un barco cada dos dÃÂas. Si se resuelven en tres meses, sólo podrán secuestrar tres o cuatro barcos al año. Menos secuestros implican menos beneficios. Más duración del secuestro implica más coste material y emocional de participar en el secuestro. Menos beneficios y más coste hace menos lucrativa la actividad del secuestro.
Ha habido, además, el lÃÂo de los dos piratas detenidos y trasladados a España. ¿Fue una buena idea?
Se dice que el haberlos traÃÂdo ha dificultado la negociación porque no habÃÂa manera fácil de devolverlos a Somalia, supuestamente a que penen allÃÂ. Creo que esta dificultad es lo que hace de haberlos traÃÂdo una buena idea, lÃÂos legales aparte. Los dos piratas eran una baza para España en las negociaciones y la dificultad de sacarlos del paÃÂs, una manera creÃÂble de alargar las negociaciones.






























