El obispo de AlmerÃÂa se desahoga
El obispo de AlmerÃÂa, en una apocalÃÂptica declaración pública, se ha apresurado a defender a su Iglesia de los que la denigran. Y, justo después de este canto a la tolerancia, no ha dudado en atacar a todo el que no sigue el dogma moral de la fe católica.
De las palabras de tamaña figura moral saco dos conclusiones. Una, que como mandatario de la Iglesia católica no está dispuesto a permitir crÃÂtica alguna a su credo, de ahàque considere que se esté denigrando sistemáticamente su fe. Pero, ¿están los católicos en disposición de pedir respeto a sus ideas? Ya no digamos la Inquisición, pero ahora que le pregunten a gays y lesbianas, a madres solteras o divorciadas, a feministas pro-aborto o a los que están a favor de la eutanasia, por citar unos cuantos colectivos sociales, el trato que reciben por parte de la Iglesia católica.
Y dos, que este clérigo se niega a aceptar que la religión ya no ocupa, ni debe ocupar, un lugar privilegiado en la sociedad. No se puede hablar de tolerancia y exigir respeto cuando se cree firmemente que los dogmas morales de uno son verdades absolutas. Tras ese mensaje, tras la apropiación de ese discurso en pos del respeto y de la diferencia, se encuentra la eterna pretensión de la Iglesia de dominar las vidas de todos los ciudadanos.
CritÃÂca también el obispo el actual sistema escolar por considerar que pone "entre paréntesis la condición espiritual del ser humano". Antes que nada habrÃÂa que pararse a pensar, y debatir, qué es eso de la "condición espiritual del ser humano", porque puede que muchos pensemos que esa afirmación es un absurdo. Pero lo más indignante de estas declaraciones es que el obispo olvida los cientos de años que la Iglesia ha estado adoctrinando e imponiendo sus dogmas a través de la educación, muchas veces con el favor de dictadores. Una vez más estamos ante el deseo católico de volver a los tiempos en los que controlaba las mentes desde sus púlpitos. Se ve que no tienen suficiente con que se enseñe religión en las escuelas públicas...
Para terminar, destacar una contradicción más del mensaje del obispo de AlmerÃÂa. A la vez que con victimismo exige respeto para su credo, ataca a los jóvenes a los que considera "gregarios" y dados a la "práctica banal y destructiva de la sexualidad" por culpa del rock.
¿Gregarios? ¿Más que los que ciegamente, lejos de los "ÃÂdolos del saber" que condena Benedicto XVI, siguen con fervorosa fe y acrÃÂticamente los dogmas de su Iglesia? ¿"Práctica banal y destructiva de la sexualidad"? ¿Más destructiva que la que se practica en las sacristÃÂas entre curas pederastas y menores de edad? En relación a estas prácticas tan cristianas no ha hecho declaración alguna el obispo de AlmerÃÂa. Como dirÃÂa Fabra:" ¡Qué hijo de puta!"
Habla también de la "cultura materialista" en la que estamos inmersos. ¿Tendrá esto algo que ver con las riquezas de la Iglesia y con el oro y la sede que cubren a sus ÃÂdolos?
Pues nada, señor obispo de AlmerÃÂa, ya que tan poco le gusta el rock, y tanto que le preocupa la sexualidad de los jóvenes, le dedico este tema:





























