El apóstata militante
17:32 | Trámite de renuncia a la Iglesia en Paraná
El apóstata militante
Inició un trámite de apostasía en noviembre, pero se queja de que no le contestaron nada de manera oficial. Se llama Renzo Righelato, tiene 25 años, y la decisión firme de dejar de pertenecer a la fe católica, en la que fue bautizado siendo bebé.
Paraná | 30.9.2008
Por R. L. (*)
–No quiero que Maulión me reciba. Tampoco quiero discutir con ningún cura dogmas de fe. No busco eso. Lo mío es más una postura política. Esa es la cuestión.
Renzo Antonio Righelato, periodista, tiene 25 años, un rostro casi adolescente y una voz pausada, suave. Es difícil pues entrever qué hay detrás de esa estampa sosegada: un muchacho de convicciones firmes, tan firmes que hasta un día de tantos se plantó resuelto ante la computadora, y redactó una carta efusiva, enfática, de renuncia.
De renuncia a la fe católica, al catolicismo. De desafiliación de la grey de Pedro: pidió la baja. Al arzobispo de Paraná, Mario Maulión. A secas escribió la nota, el 21 de noviembre último.
Así, en estos términos:
“Es objeto de esta carta solicitarle a usted que tramite mi apostasía a la fe católica, ya que por motivos ideológicos y pragmáticos no coincido con los dogmas de la Iglesia Católica, Apostólica, Romana”.
Le dice a Maulión, de pe a pa, por qué se va, le dice adiós, no quiere pertenecer más a ningún credo, milenario o vanguardista, de un dios o varios dioses, con pelos y señales, con prosa incendiaria, y después, más abajo de la nota, resume todo:
“Finalmente, es mi intención no formar parte de estadísticas que avalen una religión oficial en la Nación en la que vivo, no pretendo delegarles ningún tipo de poder de representación, ya que no creo en sus ideas y dogmas. Me considero un ciudadano autónomo, constituido por la cultura, pero conciente que el sistema perverso en el que vivimos (el que ustedes fomentaron, es decir el mercantilismo burgués) nos da la idea de que tenemos la libertad de poder modificar algunas de nuestras conductas y ésta es una de ellas”.
Un día el pequeño Renzo fue tomado en brazos por sus padres, palmeada la nuca por los padrinos, y en medio de esa ceremonia, doméstica, aprendida, ritualista, aceptó, le hicieron aceptar, esa agua bendita que le bendijo la cabeza, y esa agua bendita, echada sobre el baptisterio, lo hizo un cristiano más, uno entre miles, un mil entre millones.
Ese acto, el agua echada sobre el pequeño Renzo, quedó asentado en los libros parroquiales, y entonces aquel pequeño, hoy con 25 años, pasó a formar parte de la legión de los católicos bautizados.
Otro día, no hace mucho, el joven Renzo quiso volver atrás. “Considero que, abusando del sistema patriarcal y las relaciones de parentesco, mis progenitores tomaron una decisión arbitraria sobre mi cuerpo al subordinarme a la fe cristiana”, le dijo Renzo al obispo Maulión, en su pedido de renuncia a la fe.
–Sos bautizado, entonces.
–Sí. Pero lo mío es más que nada un planteo político, en la necesidad de que haya un Estado laico. La idea es poder empezar a discutir esto. Aparte de lograr mi apostasía, pretendo que la gente tome conciencia sobre la propiedad de su cuerpo, que nadie decida sobre uno. Capaz que los padres, al bautizarnos, no lo hacen con mala fe, ni mala intención. Simplemente lo hacen por una costumbre social, por seguir una tradición, que desde mi punto de vista es residual.
–¿Qué hubo: un click en tu vida, un momento bisagra, qué ocurrió que te llevó a tomar esta decisión?
–Yo en realidad nunca me consideré un creyente. Nunca fui a la iglesia, ni a catequesis, ni nada de eso. Simplemente fui bautizado, decidido por mis padres, siguiendo una tradición.
Nada de eso hizo el pequeño Renzo: ni misas de 11 en domingo, ni calzarse el alba para ser el monaguillo del cura. Nada de eso.
–¿No crees en Dios?
–En este momento, en este contexto, en esta etapa de mi vida, no creo en un dios subjetivo. No creo en la idea de dios.
Renzo piensa. Repiensa, y dice lo que piensa, y lo que repiensa.
–Pienso que es importante que nos construyamos como sujetos autónomos, para poder pensar, crear y accionar despojados de prejuicios de instituciones residuales que sostienen principios que durante mucho tiempo cercenaron la diversidad.
Repiensa, y dice:
Por otro lado, debemos pensar un Estado laico, porque nuestros valores no son exclusivamente cristianos, y porque sostener una religión oficial implica la alienación gratuita de más de la mitad de la población.
Vuelve a pensar:
–No se puede negar el rol de la Iglesia y su influencia en nuestra historia, pero no solamente estamos atravesados por principios cristianos, sino que nos constituyen otros pensamientos, que sostienen este sistema democrático y aquí podemos señalar que las instituciones de la Iglesia Católica no son, a menudo, democráticas.
Después cita, un texto eclesiástico, y otro de la sociedad civil, y a su juicio ambos habilitan el camino de la renuncia, de la apostasía.
El cánon 751 del Código de Derecho Canónico, que dice: “Se llama herejía la negación pertinaz, después de haber recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz sobre la misma; apostasía es el rechazo total de la fe cristiana; cisma, el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidas”.
Y la Ley Nº 25.326, de Protección de Datos Personales, o Habeas Data, que protege los datos personales asentados en archivos, en este caso, los asientos parroquiales de los bautizados.
—No quiero estar en un registro que la institución Iglesia utiliza para ejercer presión. Dice: “Tengo tantos fieles”, y así fija posición, y ejerce presión sobre determinados temas. Yo no quiero ser parte de ese número. Pero, ojo, no ataco a quienes tienen fe o creen en algo. Solamente pido que se me saque de ese registro, y que este tema se debata. Más allá que haya quienes digan que hay temas mucho más importantes que éste, a mí me parece relevante empezar debatir esto. Eso es un acto político importante.
–¿Qué te contestaron en la Iglesia después de la presentación que hiciste en noviembre?
–Nada. No me contestaron nada. Presenté en noviembre el pedido, y hace dos meses volví por una respuesta. Algo escrito que certifique mi renuncia, así como hay constancia de cuando fui bautizado, y me dijeron que no. Que era una cuestión de fe, que ya estaba, listo, que no me iban a dar nada. Pero yo sí quiero un papel que certifique mi renuncia. Para ellos no significa nada. Pero para mí sí.
El abecé
La palabra “apostasía” está incluida en el Código de Derecho Canónico (canon 751) como “el rechazo total de la fe cristiana” y “el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice”.
La apostasía es la renuncia a la fe cristiana recibida por medio del bautismo. Es decir, la renuncia explícita y voluntaria a las creencias y dogmas de la Iglesia que, según la creencia cristiana, son recibidas en el bautismo por medio del Espíritu Santo, aunque en ese instante no se tenga conciencia de ello, ni se posea capacidad crítica para decidir si estará o no dispuesto algún día a abrazar voluntariamente dicha fe.
No habiendo en el cuerpo jurídico que rige la vida de la Iglesia, el Código de Derecho Canónico, un procedimiento claro para esa renuncia, las personas que quieren seguir ese camino, deben hacer una presentación formal ante el obispo diocesano en la que lisa y llanamente requieren que sus datos filiatorios personales sean eliminados de los registros, básicamente de los libros de bautismo.
Que además esa renuncia se haga mediante un instrumento jurídico que dé cuenta de la apostasía, y para eso se amparan en la Ley de Habeas Data, y que ese acto sea comunicado por escrito al peticionante.
Fuente: El Diario
El apóstata militante
Inició un trámite de apostasía en noviembre, pero se queja de que no le contestaron nada de manera oficial. Se llama Renzo Righelato, tiene 25 años, y la decisión firme de dejar de pertenecer a la fe católica, en la que fue bautizado siendo bebé.
Paraná | 30.9.2008
Por R. L. (*)
–No quiero que Maulión me reciba. Tampoco quiero discutir con ningún cura dogmas de fe. No busco eso. Lo mío es más una postura política. Esa es la cuestión.
Renzo Antonio Righelato, periodista, tiene 25 años, un rostro casi adolescente y una voz pausada, suave. Es difícil pues entrever qué hay detrás de esa estampa sosegada: un muchacho de convicciones firmes, tan firmes que hasta un día de tantos se plantó resuelto ante la computadora, y redactó una carta efusiva, enfática, de renuncia.
De renuncia a la fe católica, al catolicismo. De desafiliación de la grey de Pedro: pidió la baja. Al arzobispo de Paraná, Mario Maulión. A secas escribió la nota, el 21 de noviembre último.
Así, en estos términos:
“Es objeto de esta carta solicitarle a usted que tramite mi apostasía a la fe católica, ya que por motivos ideológicos y pragmáticos no coincido con los dogmas de la Iglesia Católica, Apostólica, Romana”.
Le dice a Maulión, de pe a pa, por qué se va, le dice adiós, no quiere pertenecer más a ningún credo, milenario o vanguardista, de un dios o varios dioses, con pelos y señales, con prosa incendiaria, y después, más abajo de la nota, resume todo:
“Finalmente, es mi intención no formar parte de estadísticas que avalen una religión oficial en la Nación en la que vivo, no pretendo delegarles ningún tipo de poder de representación, ya que no creo en sus ideas y dogmas. Me considero un ciudadano autónomo, constituido por la cultura, pero conciente que el sistema perverso en el que vivimos (el que ustedes fomentaron, es decir el mercantilismo burgués) nos da la idea de que tenemos la libertad de poder modificar algunas de nuestras conductas y ésta es una de ellas”.
Un día el pequeño Renzo fue tomado en brazos por sus padres, palmeada la nuca por los padrinos, y en medio de esa ceremonia, doméstica, aprendida, ritualista, aceptó, le hicieron aceptar, esa agua bendita que le bendijo la cabeza, y esa agua bendita, echada sobre el baptisterio, lo hizo un cristiano más, uno entre miles, un mil entre millones.
Ese acto, el agua echada sobre el pequeño Renzo, quedó asentado en los libros parroquiales, y entonces aquel pequeño, hoy con 25 años, pasó a formar parte de la legión de los católicos bautizados.
Otro día, no hace mucho, el joven Renzo quiso volver atrás. “Considero que, abusando del sistema patriarcal y las relaciones de parentesco, mis progenitores tomaron una decisión arbitraria sobre mi cuerpo al subordinarme a la fe cristiana”, le dijo Renzo al obispo Maulión, en su pedido de renuncia a la fe.
–Sos bautizado, entonces.
–Sí. Pero lo mío es más que nada un planteo político, en la necesidad de que haya un Estado laico. La idea es poder empezar a discutir esto. Aparte de lograr mi apostasía, pretendo que la gente tome conciencia sobre la propiedad de su cuerpo, que nadie decida sobre uno. Capaz que los padres, al bautizarnos, no lo hacen con mala fe, ni mala intención. Simplemente lo hacen por una costumbre social, por seguir una tradición, que desde mi punto de vista es residual.
–¿Qué hubo: un click en tu vida, un momento bisagra, qué ocurrió que te llevó a tomar esta decisión?
–Yo en realidad nunca me consideré un creyente. Nunca fui a la iglesia, ni a catequesis, ni nada de eso. Simplemente fui bautizado, decidido por mis padres, siguiendo una tradición.
Nada de eso hizo el pequeño Renzo: ni misas de 11 en domingo, ni calzarse el alba para ser el monaguillo del cura. Nada de eso.
–¿No crees en Dios?
–En este momento, en este contexto, en esta etapa de mi vida, no creo en un dios subjetivo. No creo en la idea de dios.
Renzo piensa. Repiensa, y dice lo que piensa, y lo que repiensa.
–Pienso que es importante que nos construyamos como sujetos autónomos, para poder pensar, crear y accionar despojados de prejuicios de instituciones residuales que sostienen principios que durante mucho tiempo cercenaron la diversidad.
Repiensa, y dice:
Por otro lado, debemos pensar un Estado laico, porque nuestros valores no son exclusivamente cristianos, y porque sostener una religión oficial implica la alienación gratuita de más de la mitad de la población.
Vuelve a pensar:
–No se puede negar el rol de la Iglesia y su influencia en nuestra historia, pero no solamente estamos atravesados por principios cristianos, sino que nos constituyen otros pensamientos, que sostienen este sistema democrático y aquí podemos señalar que las instituciones de la Iglesia Católica no son, a menudo, democráticas.
Después cita, un texto eclesiástico, y otro de la sociedad civil, y a su juicio ambos habilitan el camino de la renuncia, de la apostasía.
El cánon 751 del Código de Derecho Canónico, que dice: “Se llama herejía la negación pertinaz, después de haber recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz sobre la misma; apostasía es el rechazo total de la fe cristiana; cisma, el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidas”.
Y la Ley Nº 25.326, de Protección de Datos Personales, o Habeas Data, que protege los datos personales asentados en archivos, en este caso, los asientos parroquiales de los bautizados.
—No quiero estar en un registro que la institución Iglesia utiliza para ejercer presión. Dice: “Tengo tantos fieles”, y así fija posición, y ejerce presión sobre determinados temas. Yo no quiero ser parte de ese número. Pero, ojo, no ataco a quienes tienen fe o creen en algo. Solamente pido que se me saque de ese registro, y que este tema se debata. Más allá que haya quienes digan que hay temas mucho más importantes que éste, a mí me parece relevante empezar debatir esto. Eso es un acto político importante.
–¿Qué te contestaron en la Iglesia después de la presentación que hiciste en noviembre?
–Nada. No me contestaron nada. Presenté en noviembre el pedido, y hace dos meses volví por una respuesta. Algo escrito que certifique mi renuncia, así como hay constancia de cuando fui bautizado, y me dijeron que no. Que era una cuestión de fe, que ya estaba, listo, que no me iban a dar nada. Pero yo sí quiero un papel que certifique mi renuncia. Para ellos no significa nada. Pero para mí sí.
El abecé
La palabra “apostasía” está incluida en el Código de Derecho Canónico (canon 751) como “el rechazo total de la fe cristiana” y “el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice”.
La apostasía es la renuncia a la fe cristiana recibida por medio del bautismo. Es decir, la renuncia explícita y voluntaria a las creencias y dogmas de la Iglesia que, según la creencia cristiana, son recibidas en el bautismo por medio del Espíritu Santo, aunque en ese instante no se tenga conciencia de ello, ni se posea capacidad crítica para decidir si estará o no dispuesto algún día a abrazar voluntariamente dicha fe.
No habiendo en el cuerpo jurídico que rige la vida de la Iglesia, el Código de Derecho Canónico, un procedimiento claro para esa renuncia, las personas que quieren seguir ese camino, deben hacer una presentación formal ante el obispo diocesano en la que lisa y llanamente requieren que sus datos filiatorios personales sean eliminados de los registros, básicamente de los libros de bautismo.
Que además esa renuncia se haga mediante un instrumento jurídico que dé cuenta de la apostasía, y para eso se amparan en la Ley de Habeas Data, y que ese acto sea comunicado por escrito al peticionante.
Fuente: El Diario





























