El adelanto de las elecciones
El adelanto de las elecciones suele ser una profecÃÂa que se cumple a sàmisma. De tanto pedirse y anunciarse, acaba siendo realidad. Esto es posible porque la Constitución asàlo permite.
Lo que en su momento parecÃÂa un grado deseable de flexibilidad es, en realidad, una invitación a perder tiempo y energÃÂas para conseguir el adelanto por parte de la oposición o a elegir el momento más adecuado para las elecciones según crea el partido gobernante. El que en la historia de nuestra democracia moderna solamente tres gobiernas hayan agotado la legislatura indica el abuso de esta norma excepcional.
Hay paÃÂses en que la fecha de las elecciones está fijada de antemano y que no tienen gobiernos más inestables por esa circunstancia. Dentro de nuestro paÃÂs, algunas comunidades tienen la potestad de adelantar las elecciones, mientras que otras no, y no parece que eso haya supuesto ninguna dificultad a estas últimas. Los ayuntamientos tampoco pueden adelantar elecciones y ello no los hace menos gobernables.
La sensación de interinidad del gobierno actual que toda la prensa ha destacado no existirÃÂa si no hubiera la posibilidad de adelantar elecciones. La falta de interés de algunos partidos por llegar a acuerdos de gobernabilidad habrÃÂa sido menor si no tuvieran la estrategia de pedir elecciones anticipadas.
Lo que defiendo no es que no debÃÂan haberse convocado estas elecciones ahora (aunque me pregunto qué grandes cosas se mejoran por adelantar ¡menos de cuatro meses! unas elecciones). Dadas todas las presiones tal vez era inevitable. Lo que defiendo es que no tengamos esa posibilidad. Comoquiera que es algo que está en la Constitución, solo habrÃÂa una manera de hacerlo, mediante un pacto de damas y caballeros entre los principales partidos, que estableciera y respetara esa costumbre.
No serÃÂa muy distinto de la posible costumbre que pudiéramos tener para que una persona no presidiera el gobierno más de dos legislaturas. Esta costumbre empezó con Aznar y siguió con Zapatero. EstarÃÂa bien que tanto Rajoy como Rubalcaba anunciaran su seguimiento.






























