De la esperanza nace lo eterno.

De la esperanza nace lo eterno en el corazón del hombre;
el hombre nunca es, sino que será bendecido.

el alma, incómoda, y lejos de casa,

reposa y se esponja en la vida venidera.

¡Ay, el pobre hombre!, cuya mente sin cultivar,
ve a dios en las nubes o lo oye en el viento;

a su alma, la orgullosa ciencia no enseñó

la trayectoria solar o la Vía Láctea;

aunque la sencilla naturaleza a su esperanza le ha dado,

tras las cumbres nubladas, un cielo más humilde.







Alexander Pope, Ensayo sobre el hombre, 1733

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