Censura y opresión religiosa
Al parecer los fanáticos religiosos no reconocen leyes más allá de los dictámenes anacrónicos de sus pequeños libros de fantasÃÂa.
Para ellos la libertad de expresión es blasfemia, la libertad de conciencia es inaceptable y cualquiera que no comparta su obtuso punto de vista es un hereje.
El alcalde de Toledo no hace más que confirmar esto al no permitir la realización del Primer Concilio Ateo,





























