No hay ninguna prueba de que la homeopatía funcione más allá del placebo y, por eso, si alguien sustituye un tratamiento médico por uno homeopático, pone en peligro su salud. Estas son las conclusiones de un informe del Ministerio de Sanidad español cuyos autores han hecho «una revisión sistemática» de la literatura científica y han consultado «los documentos oficiales de los organismos competentes de los países a nivel internacional» (AEMPS 2026, 4).
Los expertos concluyen que:
No existe evidencia científica publicada que avale la eficacia de la homeopatía como un instrumento terapéutico eficaz.
Se ha constatado en los trabajos publicados que la eficacia observada para los productos homeopáticos es comparable al placebo.
Los ciudadanos deben conocer, cuando escogen iniciar o mantener tratamientos basados en la homeopatía, que esta carece de evidencia científica y que pueden poner en peligro su salud si rechazan o sustituyen los tratamientos que la medicina basada en la evidencia les propone (AEMPS 2026, 7)
Dos de cada cinco españoles (42 %) creen que la homeopatía es una disciplina científica, según el Estudio Fundación BBVA de cultura científica en España (1), cuyos resultados se hicieron públicos el viernes. Para uno de esos españoles (20 %), la homeopatia es «muy científica»; para el otro (22 %), «bastante científica». En una escala de 0 a 10, «donde 0 significa que la disciplina no es científica en absoluto y 10 significa que es muy científica», los primeros dan a la homeopatía de 8 a 10 puntos y los segundos, de 6 a 7. Un 13 % de la población le da 5 puntos («moderadamente científica»); un 14 %, de 3 a 4 («moderadamente científica»); un 25 %, entre 0 y 2 («nada científica»); y un 7 %, no sabe o no contesta.
Según el mismo trabajo, la acupuntura es «muy científica» para el 19 % de los consultados y «bastante científica» para otro 24 %, mientras que la quiropráctica es «muy científica» para el 23 % y «bastante científica» para otro 25 %. El psicoanálisis -«muy científico» para el 41 % y «bastante científico» para otro 27 %- supera en la clasificación popular de cientificidad a la historia, la economía y la sociología.
En los últimos meses, varios amigos científicos me han transmitido su satisfacción por el descrédito de la homeopatía en España. Para ellos, es poco menos que un capítulo cerrado en la lucha contra la pseudociencia en nuestro país. En todos los casos he replicado lo mismo, que puede parecer eso, pero que no por eso tenemos que relajarnos. Es lo que tiene haber alcanzado una edad: uno ha visto muchas veces cómo creencias irracionales se desinflan en un momento dado para recuperarse con fuerza años después. Más sabe el diablo por viejo que por diablo.
Recuerden las caras de Bélmez, uno de los fenómenos más cutres de la historia de la parapsicología. En el verano de 1971, unos pícaros presentaron unas caras pintadas en el suelo de cemento de una cocina jienense como imágenes del más allá. El pueblo de Bélmez de la Moraleda se llenó de parapsicólogos que cebaron el misterio y lo envolvieron con palabras rimbombantes. Los medios vieron el negocio, explotaron la historia y, una vez exprimida totalmente, denunciaron el fraude. Las caras de Bélmez cayeron en el olvido a comienzos de 1972 y, cuando ya casi nadie las recordaba fuera del circo paranormal, Iker Jiménez las resucitó en 1997 y las rentabilizó como nadie antes. Desde 2013, las caras de Bélmez tienen su propio museo, levantado gracias a más de medio millón de euros de fondos europeos.
Recuerden cómo el carbono 14 dictaminó en 1988 que el sudario de Turín se había confeccionado entre 1260 y 1390, por lo que no pudo envolver el cadáver de Jesús de Nazaret. Aunque nadie ha refutado ese análisis científico, publicado en la revista Nature, periódicamente sale de la sacristía del misterio un creyente que, vestido con su sotana de laboratorio, reivindica la autenticidad de la reliquia. Algunos han echado mano de imaginativas alteraciones químicas de la tela que la habrían rejuvenecido; otros se han inventado declaraciones de científicos. Así, Celestino Cano, presidente del Centro Español de Sindonología (CES), aseguró en 1989 que Willard Libby, galardonado en 1960 con el Nobel por el descubrimiento del método del carbono 14, había dicho que el análisis se había hecho mal y, por consiguiente, los resultados no eran válidos. Libby había muerto en 1980, así que no habido podido decir nada de una prueba hecha en 1988, a no ser que lo hiciera a través de la güija; pero todo vale. Da igual el dictamen de la ciencia, la próxima Semana Santa, o la siguiente, la sábana de Turín tendrá su enésimo titular milagroso.
El profesor Thaddeus Schmidlap (interpretado por Ross Nelson), el vendedor ambulante del rancho Enchanted Springs y del parque temático Old West. Foto: Carol M. Highsmith / Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.
Recuerden cómo Uri Geller fue puesto en evidencia por James Randi en Estados Unidos en 1973 y, dos años después, por el ilusionista José Luis Ballesteros y el parapsicólogo Ramos Perera tras salir en Directísimo (TVE) junto a un entregado José Maria Íñigo. Desde su primera aparición en España, y a pesar de que ya entonces quedó claro que era un prestidigitador, Geller dejó con la boca abierta a Eduard Punset en TVE (1998), Concha Velasco en TVE (2001), Ana García-Siñeriz y Boris Izaguirre en Cuatro (2007) y Pablo Motos en Antena 3 (2013), entre otros.
Como pasa con las enfermedades infecciosas, las creencias pseudocientíficas pueden remitir real o aparentemente en un momento dado para recuperarse con fuerza después. Siempre están ahí, esperando el momento idóneo para resurgir. El horóscopo sigue vivo en las páginas de los periódicos. No en vano, uno de cada tres españoles (30 %) cree en la astrología, según el Estudio de la Fundación BBVA sobre creencias y prácticas alternativas de 2025 (2). Los extraterrestres nos visitan y los gobiernos nos lo ocultan, sostiene también un tercio de la población (28 %), según el trabajo de este año (3), que apunta que, cuanto menor es el conocimiento científico, mayor cientificidad se otorga a la acupuntura y la homeopatía.
Relación entre el conocimiento científico y la ‘científicidad’ que se otorga a la acupuntura y la homeopatia. Gráfico: Fundación BBVA.
Los datos de la Fundación BBVA demuestran que la homeopatía sigue vivita y coleando en el imaginario colectivo, al igual que la acupuntura, la quiropráctica y el psicoanalisis. En 2022, entrevisté a Diana Morant, ministra de Ciencia a Innovación, para el diario El Correo. Le pregunté cuándo se iba a pasar a la acción en el plan gubernamental contra las pseudoterapias, anunciado a bombo y platillo en noviembre de 2018, y la ministra respondió: «Creo que la ciencia ha ganado al negacionismo y a las pseudociencias. Hemos vivido una pandemia, una crisis sin precedentes en la que hemos mirado a la ciencia para obtener respuestas. En este país, la ciencia ha ganado de manera aplastante al negacionismo. Ahí está el altísimo porcentaje de vacunados» (4). Ante esa respuesta y como no compartía su triunfalismo, volví a preguntar a la ministra cuándo se iba a empezar «a combatir a quienes venden remedios mágicos disfrazados de medicina», y me respondió: «Nuestra obligación es acercar la ciencia a la ciudadanía para que esté mejor informada y tenga comportamientos individuales que nos ayuden a combatir grandes crisis como el cambio climático. El secreto no es tanto poner el foco en quien niega la ciencia como acercar esta a la ciudadanía».
La guerra contra las pseudoterapias, y contra las pseudociencias en general, está lejos de ser ganada. Hace falta más pensamiento crítico, pero ¿cómo se consigue? Creo, sinceramente, que podemos avanzar exponiendo a la población a los virus del anticonocimiento, presentándolos como son, desvelando los trucos de quienes los transmiten y enseñando a buscar los agujeros en sus argumentaciones. Creo que, si hacemos eso, habrá ciudadanos que acabarán desarrollando una suerte de sentido arácnido que les hará desconfiar cuando una nueva superchería entre en escena o un político les intente llevar al huerto con bulos. ¿Hace falta buena divulgación? Siempre. Pero la promoción del pensamiento crítico no debe quedarse en la pizquita de escepticismo científico a añadir a unas jornadas o a un programa de radio o de televisión de divulgación para darle más sabor.
El movimiento escéptico lleva décadas alertando del peligro que supone para nuestro futuro una sociedad dominada por la sinrazón. Carl Sagan lo advirtió hace treinta años en El mundo y sus demonios:
Preveo cómo será la América de la época de mis hijos o nietos: Estados Unidos será una economía de servicio e información; casi todas las industrias manufactureras clave se habrán desplazado a otros países; los temibles poderes tecnológicos estarán en manos de unos pocos y nadie que represente el interés público se podrá acercar siquiera a los asuntos importantes; la gente habrá perdido la capacidad de establecer sus prioridades o de cuestionar con conocimiento a los que ejercen la autoridad; nosotros, aferrados a nuestros cristales y consultando nerviosos nuestros horóscopos, con las facultades críticas en declive, incapaces de discernir entre lo que nos hace sentir bien y lo que es cierto, nos iremos deslizando, casi sin darnos cuenta,en la superstición y la oscuridad. (5)
¿Qué proponía él?
El escepticismo tiene por función ser peligroso. Es un desafío a las instituciones establecidas. Si enseñamos a todo el mundo, incluyendo por ejemplo a los estudiantes de educación secundaria, unos hábitos de pensamiento escéptico, probablemente no limitarán su escepticismo a los ovnis, los anuncios de aspirinas y los profetas canalizados de 35.000 años. Quizá empezarán a hacer preguntas importantes sobre las instituciones económicas, sociales, políticas o religiosas. Quizá desafiarán las opiniones de los que están en el poder. ¿Dónde estaremos entonces? (6)
(4) Gámez, Luis Alfonso [2022]: «Estamos en un momento revolucionario para la ciencia española». El Correo (Bilbao). 2 de junio.
(5) Sagan, Carl [1995]: El mundo y sus demonios [The demon-haunted world]. Traducción de Dolors Udina. Planeta (Colección «La línea del conocimiento). Barcelona, 1997. Págs. 43-44.
(6) Sagan, op. cit., pág. 448.
Artículo publicado en Magonia el 12 de febrero de 2026.
El concepto hace referencia al hecho de que una persona inteligente puede saber mucho de una cosa o ser muy racional en un área de su vida, pero no necesariamente tiene porque serlo en el resto.
No olvidemos que una mente sana es aquella cuyo pensamiento se ajusta adecuadamente a la realidad. Por eso la persona conesquizofrenia, que elabora otra realidad totalmente ajena a la del mundo que le rodea, se considera que tiene un trastorno mental grave. No hace falta irse a un extremo, un pensamiento depresivo desvaloriza la realidad o un pensamiento ansioso la vuelve catastrófica. Y sin olvidar como los pensamientos buenrollistas, o superpositivos infravaloran los riesgos reales de una situación creando falsas expectativas.
¿Cómo podemos combatir esa racionalidad parcial?
Es una tarea compleja, aquà van algunas recomendaciones:
Conciencia de que esa racionalidad parcial puede existir. Esto requiere de grandes dosis de humildad y honestidad con nosotros mismos. Reconocer que cometemos errores es una cosa, reconocer que podemos estar cometiendo errores sin darnos cuenta es otra bien distinta.
Disposición al cambio. No solo es suficiente ser conscientes de ello sino tener la intencionalidad de cambiarlo. Esto supone un sobre esfuerzo cognitivo, un poner en duda aquellas cosas de las que sabemos que no tenemos toda la información o dudar al menos si esa información es correcta o completa.
Duda de ti mismo y de tus competencias. No hay nada más sano como esto. No es un sÃntoma de inseguridad, al contrario, es un sÃntoma de una mente sana en continuo crecimiento y apertura. Cuando crees que lo sabes todo tienes un problema, una mente dogmática y cerrada no te enriquece ni a ti ni a los demás.
Mediante decreto 1229 del 4 de junio 2015 el Ministerio de Salud [de Colombia] reglamentó la distribución y venta de medicamentos homeopáticos en el territorio nacional.
La homeopatÃa no es una ciencia, los medicamentos homeopáticos no curan (salvo por el efecto placebo) y la medicina homeopática dista poco de la sangrÃa con sanguijuelas, la regeneración de los humores o los rezos del Indio Amazónico.
La teorÃa detrás de la homeopatÃa es en realidad bastante interesante no por su alcance cientÃfico, que como ya dijimos no tiene, sino por su aporte a la literatura mágica.
La razón por la cual la evidencia anecdótica sobre la bondad de los medicamentos homeopáticos es común (“le digo que funcionanâ€, me reclamó hace unos dÃas una amiga que valientemente está luchando contra un cáncer) es precisamente esa: que en algunos casos funcionan, no como medicinas, sino como placebos.
No se sabe muy bien porque el efecto placebo puede ser positivo en un tratamiento, si es que efectivamente existe y lo es. Puede ser por curación espontánea, regresión a la media, fenómenos psicosomáticos, hasta una respuesta a la existencia de un “entorno de saneamientoâ€.
Mucha gente dirá entonces que lo importante es que funcione (asà sea casualmente), sin importar cómo funciona.
El problema de este raciocinio es que puede llevar a situaciones donde se sustituyan tratamientos cientÃficamente probados por curaciones culebreras.
Hasta ahora parece que el VIH responde a los retrovirales y no a la orinoterapia, la tuberculosis a los antibióticos y no a los cristales, y el colesterol alto a las estatinas y no a las esencias florales.
¿No serÃa mejor financiar la investigación contra el chikunguña, la leishmaniasis o la malaria? ¿Dónde están las polÃticas contra el embarazo adolescente, tal vez el problema de salud pública con más alto impacto social en un paÃs en desarrollo?
El Amazing Randi, un mago verdadero dedicado a desenmascarar timadores, tiene una maravillosa conferencia en TED donde devela el fraude homeopático tomándose una dosis fatal de pastillas homeopáticas para dormir…sin que pase nada por supuesto.
'Similia similibus curantur', en buen español: lo semejante se cura con lo semejante. Ese es el principio bajo el cual (no) trabaja la homeopatÃa. Lo similar no cura lo similar, esa historia no funciona, no sólo no existen evidencias que sostengan los supuestos poderes de este 'remedio' sino que tampoco tenemos resultados positivos respecto a sus aplicaciones
Por Glenys Ãlvarez
Un nuevo 'suicidio' homeopático nos recuerda que la homeopatÃa no funciona. La mayorÃa de las personas piensa que la homeopatÃa es una “medicina a base de hierbas completamente naturalâ€. Pero no es asÃ. El absurdo va mucho más allá y es algo antiguo, una pseudociencia inventada por Samuel Hahnemann por allá por los 1700 y se trata de diluir sustancias a tal punto que no queda nada de ellas en el agua. Literalmente nada. De hecho, mientras más se diluya, dicen, “mejor†será el remedio. Como explica la doctora Harriet Hall, quien lucha contra las pseudociencias:
Jacques Benveniste es un cientÃfico que aseguró haber demostrado que el agua recordaba, de hecho, ganó dos premios IgNobel por sus afamados estudios sobre homeopatÃa, pero ninguno se pudo repetir.
“Si el experimento hubiese funcionado en condiciones cientÃficas adecuadas, alguien se hubiera llevado el millón de dólares fácilmenteâ€, explica la doctora Hall.
Que mucha gente crea en algo no lo hace real, sólo considera todas las cosas en las que no crees que otros han creÃdo, no sólo ahora sino en el pasado. Que una celebridad o persona famosa lo use no lo hace real, sólo piensa todas las cosas que hacen los famosos que no consideras valederas.
La pregunta se mantiene: ¿No le cabrÃa una demanda a esa empresa por vender agua como medicina? De hecho, ahora mismo existe una demanda de 30 millones de dólares contra una corporación canadiense llamada Boiron, por fabricar y vender una sustancia homeopática (agua) llamada Oscillicoccinum, publicitando sus buenos efectos contra la gripe. Los demás remedios, promueven efectos pasivos y sutiles, difÃciles de demandar.
'Similia similibus curantur', en buen español: lo semejante se cura con lo semejante. Ese es el principio bajo el cual (no) trabaja la homeopatÃa. Lo similar no cura lo similar, esa historia no funciona, no sólo no existen evidencias que sostengan los supuestos poderes de este 'remedio' sino que tampoco tenemos resultados positivos respecto a sus aplicaciones
Por Glenys Ãlvarez
Un nuevo 'suicidio' homeopático nos recuerda que la homeopatÃa no funciona. La mayorÃa de las personas piensa que la homeopatÃa es una “medicina a base de hierbas completamente naturalâ€. Pero no es asÃ. El absurdo va mucho más allá y es algo antiguo, una pseudociencia inventada por Samuel Hahnemann por allá por los 1700 y se trata de diluir sustancias a tal punto que no queda nada de ellas en el agua. Literalmente nada. De hecho, mientras más se diluya, dicen, “mejor†será el remedio. Como explica la doctora Harriet Hall, quien lucha contra las pseudociencias:
Jacques Benveniste es un cientÃfico que aseguró haber demostrado que el agua recordaba, de hecho, ganó dos premios IgNobel por sus afamados estudios sobre homeopatÃa, pero ninguno se pudo repetir.
“Si el experimento hubiese funcionado en condiciones cientÃficas adecuadas, alguien se hubiera llevado el millón de dólares fácilmenteâ€, explica la doctora Hall.
Que mucha gente crea en algo no lo hace real, sólo considera todas las cosas en las que no crees que otros han creÃdo, no sólo ahora sino en el pasado. Que una celebridad o persona famosa lo use no lo hace real, sólo piensa todas las cosas que hacen los famosos que no consideras valederas.
La pregunta se mantiene: ¿No le cabrÃa una demanda a esa empresa por vender agua como medicina? De hecho, ahora mismo existe una demanda de 30 millones de dólares contra una corporación canadiense llamada Boiron, por fabricar y vender una sustancia homeopática (agua) llamada Oscillicoccinum, publicitando sus buenos efectos contra la gripe. Los demás remedios, promueven efectos pasivos y sutiles, difÃciles de demandar.
Que la AEMPS retire de la comercialización aquellos fármacos, de cualquier tipo, que pese a haber sido aprobados, no hayan demostrado una eficacia mayor que el placebo o que presenten unos efectos adversos desproporcionados.
Que el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad y el resto de autoridades sanitarias persigan a aquellas empresas que atribuyen cualidades curativas o beneficiosas para la salud a sus productos sin haberlo demostrado cientÃficamente.
Como probablemente ya sepan, la Universidad de Zaragoza es una de esas universidades españolas que tienen el dudoso honor de impartir masters de disciplinas pseudocientÃficas. El pasado viernes 17 de Mayo, un grupo de profesores de dicha universidad y socios de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento CrÃtico, dieron una rueda de prensa denunciando esta lamentable situación. Al mismo tiempo, los alumnos de dicha universidad se están organizando para reclamar que solo las terapias con eficacia demostrada cientÃficamente puedan ser impartidas en la universidad. Os dejo con la carta abierta dirigida al rector de dicha universidad y que fue leÃda durante la mencionada rueda de prensa del pasado viernes:
Zaragoza, 17 de mayo de 2013
EXCELENTÃSIMO Y MAGNÃFICO SEÑOR RECTOR
Universidad de Zaragoza.
Estimado Sr.:
Resulta muy preocupante que la Universidad de Zaragoza otorgue varios tÃtulos propios universitarios sobre homeopatÃa y acupuntura y que tenga una cátedra de homeopatÃa subvencionada por los laboratorios Boiron. Como responsable de la Universidad de Zaragoza debe saber que se trata de dos pseudomedicinas con peligros evidentes y sin fundamento cientÃfico. Y por si fuera poco, nos encontramos ante dos saberes precientÃficos emparentados con la magia y la religión.
DecÃa Gregorio Marañón que la historia de la cultura es la lucha entre la ciencia y la superstición. Lamentablemente en la Universidad de Zaragoza los charlatanes pseudocientÃficos se han infiltrado y la superstición amenaza a la ciencia y a la cultura, pudiendo dejar de ser, en palabras de Unamuno, el templo del saber y la razón.
Y para que asà conste, en nombre de la asociación cultural ARP–Sociedad para el Avance del Pensamiento CrÃtico (ARP-SAPC), firmamos esta carta abierta los siguientes socios:
VÃctor Javier Sanz LarrÃnaga. Colegiado 1905-6. Cardiólogo, Medicina Familiar y Comunitaria. Ex Vicepresidente de ARP-SAPC.
Pedro Merino Filella. Catedrático de QuÃmica Orgánica. Universidad de Zaragoza.
Eustoquio Molina MartÃnez. Catedrático de PaleontologÃa. Universidad de Zaragoza.
Miguel Bayón Gimeno. Periodista cientÃfico. Ex Editor de TVE Aragón.
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