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Jueves, 12 de Febrero de 2026

Los vendedores de aceite de serpiente siempre estarán ahí

Gráfico: Fundación BBVA.
Gráfico: Fundación BBVA.

Dos de cada cinco españoles (42 %) creen que la homeopatía es una disciplina científica, según el Estudio Fundación BBVA de cultura científica en España (1), cuyos resultados se hicieron públicos el viernes. Para uno de esos españoles (20 %), la homeopatia es «muy científica»; para el otro (22 %), «bastante científica». En una escala de 0 a 10, «donde 0 significa que la disciplina no es científica en absoluto y 10 significa que es muy científica», los primeros dan a la homeopatía de 8 a 10 puntos y los segundos, de 6 a 7. Un 13 % de la población le da 5 puntos («moderadamente científica»); un 14 %, de 3 a 4 («moderadamente científica»); un 25 %, entre 0 y 2 («nada científica»); y un 7 %, no sabe o no contesta.

Según el mismo trabajo, la acupuntura es «muy científica» para el 19 % de los consultados y «bastante científica» para otro 24 %, mientras que la quiropráctica es «muy científica» para el 23 % y «bastante científica» para otro 25 %. El psicoanálisis -«muy científico» para el 41 % y «bastante científico» para otro 27 %- supera en la clasificación popular de cientificidad a la historia, la economía y la sociología.

En los últimos meses, varios amigos científicos me han transmitido su satisfacción por el descrédito de la homeopatía en España. Para ellos, es poco menos que un capítulo cerrado en la lucha contra la pseudociencia en nuestro país. En todos los casos he replicado lo mismo, que puede parecer eso, pero que no por eso tenemos que relajarnos. Es lo que tiene haber alcanzado una edad: uno ha visto muchas veces cómo creencias irracionales se desinflan en un momento dado para recuperarse con fuerza años después. Más sabe el diablo por viejo que por diablo.

Recuerden las caras de Bélmez, uno de los fenómenos más cutres de la historia de la parapsicología. En el verano de 1971, unos pícaros presentaron unas caras pintadas en el suelo de cemento de una cocina jienense como imágenes del más allá. El pueblo de Bélmez de la Moraleda se llenó de parapsicólogos que cebaron el misterio y lo envolvieron con palabras rimbombantes. Los medios vieron el negocio, explotaron la historia y, una vez exprimida totalmente, denunciaron el fraude. Las caras de Bélmez cayeron en el olvido a comienzos de 1972 y, cuando ya casi nadie las recordaba fuera del circo paranormal, Iker Jiménez las resucitó en 1997 y las rentabilizó como nadie antes. Desde 2013, las caras de Bélmez tienen su propio museo, levantado gracias a más de medio millón de euros de fondos europeos.

Recuerden cómo el carbono 14 dictaminó en 1988 que el sudario de Turín se había confeccionado entre 1260 y 1390, por lo que no pudo envolver el cadáver de Jesús de Nazaret. Aunque nadie ha refutado ese análisis científico, publicado en la revista Nature, periódicamente sale de la sacristía del misterio un creyente que, vestido con su sotana de laboratorio, reivindica la autenticidad de la reliquia. Algunos han echado mano de imaginativas alteraciones químicas de la tela que la habrían rejuvenecido; otros se han inventado declaraciones de científicos. Así, Celestino Cano, presidente del Centro Español de Sindonología (CES), aseguró en 1989 que Willard Libby, galardonado en 1960 con el Nobel por el descubrimiento del método del carbono 14, había dicho que el análisis se había hecho mal y, por consiguiente, los resultados no eran válidos. Libby había muerto en 1980, así que no habido podido decir nada de una prueba hecha en 1988, a no ser que lo hiciera a través de la güija; pero todo vale. Da igual el dictamen de la ciencia, la próxima Semana Santa, o la siguiente, la sábana de Turín tendrá su enésimo titular milagroso.

El profesor Thaddeus Schmidlap (interpretado por Ross Nelson), el vendedor ambulante del rancho Enchanted Springs y del parque temático Old West. Foto: Carol M. Highsmith / Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.
El profesor Thaddeus Schmidlap (interpretado por Ross Nelson), el vendedor ambulante del rancho Enchanted Springs y del parque temático Old West. Foto: Carol M. Highsmith / Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

Recuerden cómo Uri Geller fue puesto en evidencia por James Randi en Estados Unidos en 1973 y, dos años después, por el ilusionista José Luis Ballesteros y el parapsicólogo Ramos Perera tras salir en Directísimo (TVE) junto a un entregado José Maria Íñigo. Desde su primera aparición en España, y a pesar de que ya entonces quedó claro que era un prestidigitador, Geller dejó con la boca abierta a Eduard Punset en TVE (1998), Concha Velasco en TVE (2001), Ana García-Siñeriz y Boris Izaguirre en Cuatro (2007) y Pablo Motos en Antena 3 (2013), entre otros.

Como pasa con las enfermedades infecciosas, las creencias pseudocientíficas pueden remitir real o aparentemente en un momento dado para recuperarse con fuerza después. Siempre están ahí, esperando el momento idóneo para resurgir. El horóscopo sigue vivo en las páginas de los periódicos. No en vano, uno de cada tres españoles (30 %) cree en la astrología, según el Estudio de la Fundación BBVA sobre creencias y prácticas alternativas de 2025 (2). Los extraterrestres nos visitan y los gobiernos nos lo ocultan, sostiene también un tercio de la población (28 %), según el trabajo de este año (3), que apunta que, cuanto menor es el conocimiento científico, mayor cientificidad se otorga a la acupuntura y la homeopatía.

Relación entre el conocimiento científico y la ‘científicidad’ que se otorga a la acupuntura y la homeopatia. Gráfico: Fundación BBVA.
Relación entre el conocimiento científico y la ‘científicidad’ que se otorga a la acupuntura y la homeopatia. Gráfico: Fundación BBVA.

Los datos de la Fundación BBVA demuestran que la homeopatía sigue vivita y coleando en el imaginario colectivo, al igual que la acupuntura, la quiropráctica y el psicoanalisis. En 2022, entrevisté a Diana Morant, ministra de Ciencia a Innovación, para el diario El Correo. Le pregunté cuándo se iba a pasar a la acción en el plan gubernamental contra las pseudoterapias, anunciado a bombo y platillo en noviembre de 2018, y la ministra respondió: «Creo que la ciencia ha ganado al negacionismo y a las pseudociencias. Hemos vivido una pandemia, una crisis sin precedentes en la que hemos mirado a la ciencia para obtener respuestas. En este país, la ciencia ha ganado de manera aplastante al negacionismo. Ahí está el altísimo porcentaje de vacunados» (4). Ante esa respuesta y como no compartía su triunfalismo, volví a preguntar a la ministra cuándo se iba a empezar «a combatir a quienes venden remedios mágicos disfrazados de medicina», y me respondió: «Nuestra obligación es acercar la ciencia a la ciudadanía para que esté mejor informada y tenga comportamientos individuales que nos ayuden a combatir grandes crisis como el cambio climático. El secreto no es tanto poner el foco en quien niega la ciencia como acercar esta a la ciudadanía».

La guerra contra las pseudoterapias, y contra las pseudociencias en general, está lejos de ser ganada. Hace falta más pensamiento crítico, pero ¿cómo se consigue? Creo, sinceramente, que podemos avanzar exponiendo a la población a los virus del anticonocimiento, presentándolos como son, desvelando los trucos de quienes los transmiten y enseñando a buscar los agujeros en sus argumentaciones. Creo que, si hacemos eso, habrá ciudadanos que acabarán desarrollando una suerte de sentido arácnido que les hará desconfiar cuando una nueva superchería entre en escena o un político les intente llevar al huerto con bulos. ¿Hace falta buena divulgación? Siempre. Pero la promoción del pensamiento crítico no debe quedarse en la pizquita de escepticismo científico a añadir a unas jornadas o a un programa de radio o de televisión de divulgación para darle más sabor.

El movimiento escéptico lleva décadas alertando del peligro que supone para nuestro futuro una sociedad dominada por la sinrazón. Carl Sagan lo advirtió hace treinta años en El mundo y sus demonios:

Preveo cómo será la América de la época de mis hijos o nietos: Estados Unidos será una economía de servicio e información; casi todas las industrias manufactureras clave se habrán desplazado a otros países; los temibles poderes tecnológicos estarán en manos de unos pocos y nadie que represente el interés público se podrá acercar siquiera a los asuntos importantes; la gente habrá perdido la capacidad de establecer sus prioridades o de cuestionar con conocimiento a los que ejercen la autoridad; nosotros, aferrados a nuestros cristales y consultando nerviosos nuestros horóscopos, con las facultades críticas en declive, incapaces de discernir entre lo que nos hace sentir bien y lo que es cierto, nos iremos deslizando, casi sin darnos cuenta, en la superstición y la oscuridad. (5)

¿Qué proponía él?

El escepticismo tiene por función ser peligroso. Es un desafío a las instituciones establecidas. Si enseñamos a todo el mundo, incluyendo por ejemplo a los estudiantes de educación secundaria, unos hábitos de pensamiento escéptico, probablemente no limitarán su escepticismo a los ovnis, los anuncios de aspirinas y los profetas canalizados de 35.000 años. Quizá empezarán a hacer preguntas importantes sobre las instituciones económicas, sociales, políticas o religiosas. Quizá desafiarán las opiniones de los que están en el poder. ¿Dónde estaremos entonces? (6)

Es lo que persigue desde hace cincuenta años el movimiento escéptico organizado: que los ciudadanos de las democracias liberales dispongamos de las herramientas mentales para ser más críticos y decidir lo que queremos ser sin dejarnos llevar por vendedores de aceite de serpiente, predicadores, miedos irracionales y prejuicios. Si cree que hay que hacer algo, únase a nosotros.

Notas

(1) Fundación BBVA [2026]: «La mayoría de los ciudadanos españoles valora la ciencia como la fuente más fiable de conocimiento y como solución a retos fundamentales, y distingue el conocimiento científico de prácticas pseudocientíficas». 6 de febrero.

(2) Fundación BBVA [2025]: «Frente al ruido de la posverdad, el relativismo y negacionismo científico de algunas élites políticas y culturales, en la gran mayoría de la sociedad española está vigente una apreciación cultural y práctica de la ciencia y la racionalidad». 4 de febrero.

(3)  Fundación BBVA [2026]: «La mayoría de los ciudadanos españoles tiene un nivel alto de interés por la ciencia y un nivel medio de conocimiento científico». 27 de enero.

(4) Gámez, Luis Alfonso [2022]: «Estamos en un momento revolucionario para la ciencia española». El Correo (Bilbao). 2 de junio.

(5) Sagan, Carl [1995]: El mundo y sus demonios [The demon-haunted world]. Traducción de Dolors Udina. Planeta (Colección «La línea del conocimiento). Barcelona, 1997. Págs. 43-44.

(6) Sagan, op. cit., pág. 448.

Artículo publicado en Magonia el 12 de febrero de 2026.

Miercoles, 16 de Diciembre de 2015

Racionalidad Parcial o por qué personas inteligentes creen cosas estúpidas

Texto de Sergio García Morilla
Publicado inicialmente en Psicosalud

Siempre me ha llamado la atención observar como hombres y mujeres racionales, muchos de ellos de ciencia, creen en cosas irracionales. Médicos y enfermeros que recomiendan homeopatía, psicólogos que hacen reiki o físicos que creen en lo sobrenatural. No podía explicarme como una mente educada puede caer en errores, a veces, tan evidentes. Hasta que en mis prácticas de carrera, en el Hospital Psiquiátrico, mi tutor de aquel entonces me comenzó a hablar de un fenómeno que llamó “racionalidad parcial“.

El concepto hace referencia al hecho de que una persona inteligente puede saber mucho de una cosa o ser muy racional en un área de su vida, pero no necesariamente tiene porque serlo en el resto.

¿A qué se debe esta racionalidad parcial?
Posiblemente no se deba a una única causa, si no a un cúmulo de variables, por ejemplo, educacionales o sociales. Las personas que están sumergidas en una cultura o contexto social tienden a asumir creencias del grupo de pertenencia (las creencias correctas y las incorrectas también). Pero quizás la más importante sean las variables que tienen que ver con los procesos mentales, con cómo procesamos la información.

No olvidemos que una mente sana es aquella cuyo pensamiento se ajusta adecuadamente a la realidad. Por eso la persona conesquizofrenia, que elabora otra realidad totalmente ajena a la del mundo que le rodea, se considera que tiene un trastorno mental grave. No hace falta irse a un extremo, un pensamiento depresivo desvaloriza la realidad o un pensamiento ansioso la vuelve catastrófica. Y sin olvidar como los pensamientos buenrollistas, o superpositivos infravaloran los riesgos reales de una situación creando falsas expectativas.

¿Cómo podemos combatir esa racionalidad parcial?

Es una tarea compleja, aquí van algunas recomendaciones:

Conciencia de que esa racionalidad parcial puede existir. Esto requiere de grandes dosis de humildad y honestidad con nosotros mismos. Reconocer que cometemos errores es una cosa, reconocer que podemos estar cometiendo errores sin darnos cuenta es otra bien distinta.

Disposición al cambio. No solo es suficiente ser conscientes de ello sino tener la intencionalidad de cambiarlo. Esto supone un sobre esfuerzo cognitivo, un poner en duda aquellas cosas de las que sabemos que no tenemos toda la información o dudar al menos si esa información es correcta o completa.

Duda de ti mismo y de tus competencias. No hay nada más sano como esto. No es un síntoma de inseguridad, al contrario, es un síntoma de una mente sana en continuo crecimiento y apertura. Cuando crees que lo sabes todo tienes un problema, una mente dogmática y cerrada no te enriquece ni a ti ni a los demás.

¿Qué más puedo hacer? Aprende a entender el mundo cometiendo los mínimos errores posibles, ¿cómo?, empieza por aquí

Conviértete en un científico. Algo que puede ayudar a esto es el pensamiento científico que se puede alcanzar aplicando elmétodo científico. Cuando hablas de ciencia y método científico la gente tiende a pensar en algo complejo y engorroso y la verdad es que no puede ser más simple y parsimonioso. Es tan sencillo que cualquier niño puede hacerlo:
Cultiva tu espíritu crítico. Edúcate desde el espíritu critico, desde el más sano escepticismo, donde la duda es bienvenida y juega un papel fundamental en el análisis y estudio de la realidad. Una mente crítica, abierta a las posibilidades, escéptica, evita la rigidez que conlleva el dogma y de la visión sesgada de las trampas que nuestra propia mente nos puede hacer.

Mantén a raya las trampas que tu propia mente te tiende. Son estas trampas otro punto importante para entender la racionalidad parcial, los engaños a los que nuestra mente nos somete, los famosos sesgos mentales. Una suerte de pequeños atajos que nuestra mente utiliza para ayudarnos a navegar por un mundo cada vez más complicado. Si no aprendemos a detectarlos y sortearlos nos harán caer en pensamientos o creencias irracionales respecto a nosotros mismos, los demás o el mundo. Su comprensión, cuáles son y cómo operan puede ayudarte a tomar decisiones en tu vida diaria, decisiones importantes en tu salud, en tus relaciones con los demás, en el trabajo, etc. Te ayudará a entender tu propia mente y vivir más acorde con la realidad.

Todo esto no nos garantiza que no cometamos errores en la manera que tenemos de procesar o entender la realidad a nivel global o parcial pero nos ayudará a comprender mejor el mundo en que vivimos donde el exceso de información nos obliga a qué aprendamos a discriminar el polvo de la paja, la buena información de la mala, la evidencia del humo.
Miercoles, 1 de Julio de 2015

Ya reglamentamos la homeopatía. Faltan los hechizos y las escobas voladoras

Una brillante columna de Luis Guillermo Vélez Cabrera publicada inicialmente en La Silla Vacia.


Mediante decreto 1229 del 4 de junio 2015 el Ministerio de Salud  [de Colombia] reglamentó la distribución y venta de medicamentos homeopáticos en el territorio nacional.

Qué bueno. Tal vez ahora los funcionarios del Ministerio de Salud podrán dedicar su tiempo a reglamentar los hechizos y las escobas voladoras.

Porque suficiente tiempo le gastaron a “garantizar el acceso oportuno y la disponibilidad”, a través de “ canales de distribución…en establecimientos que cumplan condiciones sanitarias para su almacenamiento”, a lo que esencialmente es agua de la llave en goteros, vendida a gente con tanta plata como credulidad.

La homeopatía no es una ciencia, los medicamentos homeopáticos no curan (salvo por el efecto placebo) y la medicina homeopática dista poco de la sangría con sanguijuelas, la regeneración de los humores o los rezos del Indio Amazónico.

La teoría detrás de la homeopatía es en realidad bastante interesante no por su alcance científico, que como ya dijimos no tiene, sino por su aporte a la literatura mágica.

Hasta ahora la mejor descripción que he encontrado sobre este género literario está en un blog femino-escéptico español, Esceptica.org, perteneciente a la red Skepchick.

Esto es lo que dicen las chicas sobre la pseudociencia homeopática:

“El método mágico que inventó (Samuel Christian) Hahnemann para la preparación de remedios homeopáticos, que es el mismo que se emplea hoy en los modernos laboratorios homeopáticos, se llama “dinamización”, y consiste en lo siguiente: se toma una parte de la sustancia en cuestión (“tintura madre”), se diluye en 99 partes de agua y se agita enérgicamente (“sucusión”) con una serie de movimientos mecánicos muy concretos que sacuden y golpean la disolución (Hahnemann usaba su biblia nada menos para golpear el recipiente).

Se obtiene así una dilución de 1 CH (Centesimal de Hahnemann). A continuación se toma una parte de esa dilución 1 CH y se diluye en 99 partes de agua, sin olvidar el ritual de agitar y golpear con energía, obteniendo una dilución 2 CH. Cada vez que se repite este paso la dilución obtenida está 100 veces más diluida que la anterior. Una dilución 2 CH ya es una solución muy diluida. Pero el proceso sigue y sigue. Se toma una parte de la dilución 2 CH y se diluye en 99 partes de agua para obtener una 3 CH, y así sucesivamente. Un cálculo químico sencillo permite deducir que en una dilución 12 CH ya no queda una sola molécula de la sustancia original. No contentos con eso, el proceso homeopático continúa hasta 30 CH, 60 CH e incluso 100 CH.

Y no es que suene absurdo dicho así por mí. Que podéis ir a la página web de la multimillonaria multinacional homeopática Boiron y os lo cuentan igual. ¿Qué es un “medicamento” homeopático? ¡¡Agua!! Nada más”.

Yo diría que es agua diluida en agua.

Un muy reciente informe de la Cámara de los Comunes del Reino Unido (2010) exhorta al National Health Service que se abstenga de sufragar tratamientos homeopáticos y al MHRA (el INVIMA inglés) para que pare de inmediato el licenciamiento de productos homeopáticos, algo que debe tener consternada a la familia real, usuaria habitual de estas pócimas.

El informe es contundente: “Concluimos que el principio de lo-similar-cura-lo-similar es teóricamente débil…anotamos que este es el punto de vista definido por la ciencia médica”. Y sigue. “Consideramos que la noción de que la ultra-disolución puede mantener una impresión de las sustancias previamente disueltas en ellas es científicamente inverosímil”. Para finalizar diciendo que “revisiones sistemáticas y meta-análisis demuestran concluyentemente que los productos homeopáticos no funcionan mejor que los placebos”.

La razón por la cual la evidencia anecdótica sobre la bondad de los medicamentos homeopáticos es común (“le digo que funcionan”, me reclamó hace unos días una amiga que valientemente está luchando contra un cáncer) es precisamente esa: que en algunos casos funcionan, no como medicinas, sino como placebos.

No se sabe muy bien porque el efecto placebo puede ser positivo en un tratamiento, si es que efectivamente existe y lo es. Puede ser por curación espontánea, regresión a la media, fenómenos psicosomáticos, hasta una respuesta a la existencia de un “entorno de saneamiento”.

Mucha gente dirá entonces que lo importante es que funcione (así sea casualmente), sin importar cómo funciona.

El problema de este raciocinio es que puede llevar a situaciones donde se sustituyan tratamientos científicamente probados por curaciones culebreras.

Hasta ahora parece que el VIH responde a los retrovirales y no a la orinoterapia, la tuberculosis a los antibióticos y no a los cristales, y el colesterol alto a las estatinas y no a las esencias florales.

Es aún más grave cuando se destinan escasos recursos públicos del sistema de salud a financiar a los charlatanes que promueven estas curas mágicas. Preocupa, por ejemplo, que la Universidad Nacional de Colombia, el centro de estudios superiores mas representativo del país, abra una maestría en medicina alternativa para enseñar sobre el chi, subluxaciones, campos magnéticos de interferencia, puntos de Chapman y Flores de Bach. De seguir así pronto abrirán el Departamento de Astrología, la Facultad de Ciencias Ocultas y el Centro de Pensamiento Telequinético.

¿No sería mejor financiar la investigación contra el chikunguña, la leishmaniasis o la malaria? ¿Dónde están las políticas contra el embarazo adolescente, tal vez el problema de salud pública con más alto impacto social en un país en desarrollo?

El Amazing Randi, un mago verdadero dedicado a desenmascarar timadores, tiene una maravillosa conferencia en TED donde devela el fraude homeopático tomándose una dosis fatal de pastillas homeopáticas para dormir…sin que pase nada por supuesto. 

Véanla y verán por que el gobierno, en vez de legitimar la medicina de brujos, debería actuar como guardián de la ciencia y la razón.
Jueves, 24 de Julio de 2014

La homeopatía no es medicina

'Similia similibus curantur', en buen español: lo semejante se cura con lo semejante. Ese es el principio bajo el cual (no) trabaja la homeopatía. Lo similar no cura lo similar, esa historia no funciona, no sólo no existen evidencias que sostengan los supuestos poderes de este 'remedio' sino que tampoco tenemos resultados positivos respecto a sus aplicaciones 



Por Glenys Álvarez

Un nuevo 'suicidio' homeopático nos recuerda que la homeopatía no funciona. La mayoría de las personas piensa que la homeopatía es una “medicina a base de hierbas completamente natural”. Pero no es así. El absurdo va mucho más allá y es algo antiguo, una pseudociencia inventada por Samuel Hahnemann por allá por los 1700 y se trata de diluir sustancias a tal punto que no queda nada de ellas en el agua. Literalmente nada. De hecho, mientras más se diluya, dicen, “mejor” será el remedio. Como explica la doctora Harriet Hall, quien lucha contra las pseudociencias:

“Si el café te mantiene despierto, el café bien diluido te dará sueño. Mientras más diluido el café, mejor dormirás”.

El asunto con la homeopatía es que han diluido tanto la molécula original para que funcione en el agua, que ya no se encuentra molécula alguna en el agua. Los homeópatas estaban sorprendidos, a lo mejor asustados, así que decidieron inventar un absurdo aún mayor: a lo mejor el agua recuerda. Pero nadie explicaba cómo.

¿Cómo es posible que estas moléculas sean capaces de recordar lo que ellos deseen que recuerden mientras olvidan todo lo demás? El agua entra en contacto con numerosos elementos, desde bacterias hasta sustancias tóxicas, pero una vez diluidos, el agua no los recuerda o estuviéramos en graves problemas.

Jacques Benveniste es un científico que aseguró haber demostrado que el agua recordaba, de hecho, ganó dos premios IgNobel por sus afamados estudios sobre homeopatía, pero ninguno se pudo repetir.

“El estudio sobre la 'degranulación de basófilos', de Benveniste fue un intento complicado de mostrar que el agua podía recordar. Los homeópatas todavía están citando estos estudios como prueba de que el agua tiene memoria pero es algo intelectualmente deshonesto. Cuando James Randi y un equipo del diario científico Nature visitaron el laboratorio de Benveniste, su experimento dejó de funcionar. Cuando se repitió el experimento de Ennis, uno de los que decía haberlo confirmado, para el premio del millón de dólares de Randi en el programa Horizon de la BBC, también falló.

“Si el experimento hubiese funcionado en condiciones científicas adecuadas, alguien se hubiera llevado el millón de dólares fácilmente”, explica la doctora Hall.

Los suicidios homeopáticos, por otro lado, nacieron en Inglaterra en el 2010 cuando más de 400 escépticos decidieron crear conciencia respecto a estas pesudociencias. Desde entonces, estos 'suicidios' se han contagiado por todo el mundo, de hecho, el ingeniero Hernán Toro, de Escépticos Colombia, tiene un video en YouTube en dos partes (http://www.youtube.com/watch?v=bxipg1izWnU) donde él también se toma una sobredosis de sustancias homeopáticas mostrando de forma simple su inutilidad.

Que mucha gente crea en algo no lo hace real, sólo considera todas las cosas en las que no crees que otros han creído, no sólo ahora sino en el pasado. Que una celebridad o persona famosa lo use no lo hace real, sólo piensa todas las cosas que hacen los famosos que no consideras valederas.

“Hipócrates una vez dijo que existía una ley de semejantes, pero también expresó que las enfermedades se debían a un desequilibrio entre los 'cuatro humores'”, explica Hall.

Las grandes compañías farmacéuticas no quieren que se conozca la homeopatía; un santo grial como el remedio homeopático sería imposible de frenar hoy en día y premios Nobel serían otorgados por doquier.

La pregunta se mantiene: ¿No le cabría una demanda a esa empresa por vender agua como medicina? De hecho, ahora mismo existe una demanda de 30 millones de dólares contra una corporación canadiense llamada Boiron, por fabricar y vender una sustancia homeopática (agua) llamada Oscillicoccinum, publicitando sus buenos efectos contra la gripe. Los demás remedios, promueven efectos pasivos y sutiles, difíciles de demandar.

La homeopatía no es medicina

'Similia similibus curantur', en buen español: lo semejante se cura con lo semejante. Ese es el principio bajo el cual (no) trabaja la homeopatía. Lo similar no cura lo similar, esa historia no funciona, no sólo no existen evidencias que sostengan los supuestos poderes de este 'remedio' sino que tampoco tenemos resultados positivos respecto a sus aplicaciones 



Por Glenys Álvarez

Un nuevo 'suicidio' homeopático nos recuerda que la homeopatía no funciona. La mayoría de las personas piensa que la homeopatía es una “medicina a base de hierbas completamente natural”. Pero no es así. El absurdo va mucho más allá y es algo antiguo, una pseudociencia inventada por Samuel Hahnemann por allá por los 1700 y se trata de diluir sustancias a tal punto que no queda nada de ellas en el agua. Literalmente nada. De hecho, mientras más se diluya, dicen, “mejor” será el remedio. Como explica la doctora Harriet Hall, quien lucha contra las pseudociencias:

“Si el café te mantiene despierto, el café bien diluido te dará sueño. Mientras más diluido el café, mejor dormirás”.

El asunto con la homeopatía es que han diluido tanto la molécula original para que funcione en el agua, que ya no se encuentra molécula alguna en el agua. Los homeópatas estaban sorprendidos, a lo mejor asustados, así que decidieron inventar un absurdo aún mayor: a lo mejor el agua recuerda. Pero nadie explicaba cómo.

¿Cómo es posible que estas moléculas sean capaces de recordar lo que ellos deseen que recuerden mientras olvidan todo lo demás? El agua entra en contacto con numerosos elementos, desde bacterias hasta sustancias tóxicas, pero una vez diluidos, el agua no los recuerda o estuviéramos en graves problemas.

Jacques Benveniste es un científico que aseguró haber demostrado que el agua recordaba, de hecho, ganó dos premios IgNobel por sus afamados estudios sobre homeopatía, pero ninguno se pudo repetir.

“El estudio sobre la 'degranulación de basófilos', de Benveniste fue un intento complicado de mostrar que el agua podía recordar. Los homeópatas todavía están citando estos estudios como prueba de que el agua tiene memoria pero es algo intelectualmente deshonesto. Cuando James Randi y un equipo del diario científico Nature visitaron el laboratorio de Benveniste, su experimento dejó de funcionar. Cuando se repitió el experimento de Ennis, uno de los que decía haberlo confirmado, para el premio del millón de dólares de Randi en el programa Horizon de la BBC, también falló.

“Si el experimento hubiese funcionado en condiciones científicas adecuadas, alguien se hubiera llevado el millón de dólares fácilmente”, explica la doctora Hall.

Los suicidios homeopáticos, por otro lado, nacieron en Inglaterra en el 2010 cuando más de 400 escépticos decidieron crear conciencia respecto a estas pesudociencias. Desde entonces, estos 'suicidios' se han contagiado por todo el mundo, de hecho, el ingeniero Hernán Toro, de Escépticos Colombia, tiene un video en YouTube en dos partes (http://www.youtube.com/watch?v=bxipg1izWnU) donde él también se toma una sobredosis de sustancias homeopáticas mostrando de forma simple su inutilidad.

Que mucha gente crea en algo no lo hace real, sólo considera todas las cosas en las que no crees que otros han creído, no sólo ahora sino en el pasado. Que una celebridad o persona famosa lo use no lo hace real, sólo piensa todas las cosas que hacen los famosos que no consideras valederas.

“Hipócrates una vez dijo que existía una ley de semejantes, pero también expresó que las enfermedades se debían a un desequilibrio entre los 'cuatro humores'”, explica Hall.

Las grandes compañías farmacéuticas no quieren que se conozca la homeopatía; un santo grial como el remedio homeopático sería imposible de frenar hoy en día y premios Nobel serían otorgados por doquier.

La pregunta se mantiene: ¿No le cabría una demanda a esa empresa por vender agua como medicina? De hecho, ahora mismo existe una demanda de 30 millones de dólares contra una corporación canadiense llamada Boiron, por fabricar y vender una sustancia homeopática (agua) llamada Oscillicoccinum, publicitando sus buenos efectos contra la gripe. Los demás remedios, promueven efectos pasivos y sutiles, difíciles de demandar.
Martes, 10 de Junio de 2014

Pensando Críticamente: Homeopatía ¿creer o no creer?

Aquí tenéis el último podcast de la temporada. En esta ocasión entrevistamos a Vicente Baos, médico de familia. Ejerce en un Centro de Salud de la Comunidad de Madrid. También es miembro de la Red de Expertos de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) y la European Medicines Agency. Ha escrito varios libros sobre el uso de medicamentos y la automedicación. Y es uno de los impulsores de la iniciativa “No sin evidencia”, cuyo manifiesto en contra de los tratamientos que no hayan demostrado eficacia sigue recabando adhesiones.

Os podéis suscribir al podcast de diferentes maneras: a través de iTunes, o en Yahoo, o directamente a su feed o con iGoogle.

Lunes, 9 de Diciembre de 2013

#NoSinEvidencia


La evidencia científica es uno de los pilares sobre los que se asienta la medicina moderna. Esto no siempre ha sido así: durante años, se aplicaron tratamientos médicos sin comprobar previamente su eficacia y seguridad. Algunos fueron efectivos, aunque muchos tuvieron resultados desastrosos.
Sin embargo, en la época en la que más conocimientos científicos se acumulan de la historia de la humanidad, existen todavía pseudo-ciencias que pretenden, sin demostrar ninguna efectividad ni seguridad, pasar por disciplinas cercanas a la medicina y llegar a los pacientes.

Los firmantes de este manifiesto, profesionales sanitarios y de otras ramas de la ciencia, periodistas y otros, somos conscientes de que nuestra responsabilidad, tanto legal como ética, consiste en aportar el mejor tratamiento posible a los pacientes y velar por su salud. Por ello, la aparición en los medios de comunicación de noticias sobre la apertura de un proceso de regulación y aprobación de medicamentos homeopáticos nos preocupa como sanitarios, científicos y ciudadanos, y creemos que debemos actuar al respecto. Las declaraciones de la directora de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) asegurando que “no todos los medicamentos homeopáticos tienen que demostrar su eficacia” y que “la seguridad no se tiene que demostrar con ensayos clínicos específicos” no hacen sino aumentar nuestra preocupación.
Por lo tanto, solicitamos:
  1. Que no se apruebe ningún tratamiento que no haya demostrado, mediante ensayos clínicos reproducibles, unas condiciones de eficacia y seguridad al menos superiores a placebo. La regulación de unos supuestos medicamentos homeopáticos sin indicación terapéutica es una grave contradicción en sí misma y debe ser rechazada. Si no está indicado para nada ¿para qué hay que darlo?.
  2. Que la AEMPS retire de la comercialización aquellos fármacos, de cualquier tipo, que pese a haber sido aprobados, no hayan demostrado una eficacia mayor que el placebo o que presenten unos efectos adversos desproporcionados.
  3. Que el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad y el resto de autoridades sanitarias persigan a aquellas empresas que atribuyen cualidades curativas o beneficiosas para la salud a sus productos sin haberlo demostrado científicamente.
  4. Que el Consejo General de Colegios de Médicos de España / Organización Médica Colegial, en cumplimiento del artículo 26 del Código de Deontología Médica, desapruebe a los facultativos que prescriban tratamientos sin evidencia científica demostrada.
Martes, 21 de Mayo de 2013

Carta abierta al rector de la Universidad de Zaragoza

Como probablemente ya sepan, la Universidad de Zaragoza es una de esas universidades españolas que tienen el dudoso honor de impartir masters de disciplinas pseudocientíficas. El pasado viernes 17 de Mayo, un grupo de profesores de dicha universidad y socios de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, dieron una rueda de prensa denunciando esta lamentable situación. Al mismo tiempo, los alumnos de dicha universidad se están organizando para reclamar que solo las terapias con eficacia demostrada científicamente puedan ser impartidas en la universidad. Os dejo con la carta abierta dirigida al rector de dicha universidad y que fue leída durante la mencionada rueda de prensa del pasado viernes:
Zaragoza, 17 de mayo de 2013

EXCELENTÍSIMO Y MAGNÍFICO SEÑOR RECTOR

Universidad de Zaragoza.

Estimado Sr.:

Resulta muy preocupante que la Universidad de Zaragoza otorgue varios títulos propios universitarios sobre homeopatía y acupuntura y que tenga una cátedra de homeopatía subvencionada por los laboratorios Boiron. Como responsable de la Universidad de Zaragoza debe saber que se trata de dos pseudomedicinas con peligros evidentes y sin fundamento científico. Y por si fuera poco, nos encontramos ante dos saberes precientíficos emparentados con la magia y la religión.

Samuel Hahnemann, el creador de la homeopatía, lo decía bien claro: «Tiempo era ya de que la sabiduría del Divino creador y conservador de los hombres pusiese fin a estas abominaciones [alopáticas] e hiciera aparecer una medicina inversa [la homeopatía]». Y si aplicamos la ley del similia similibus curantur -la más importante de sus creaciones- a los tiempos actuales llegamos a la conclusión de que altas dosis de penicilina son capaces de producir gonorrea y amigdalitis en el hombre sano. Otra famosa ley, la de las dosis infinitesimales, es aún más inverosímil, pues con ella se pone en solfa toda la teoría atómico-molecular de la materia. Recordemos que, según esta ley, a partir de la dilución 12 CH (dilución centesimal hahnemanniana) no queda en el preparado ni una sola molécula de la «tintura madre» original. Sin embargo, afirman que gracias a que la dilución es agitada durante el proceso de elaboración, resulta mucho más efectiva que si tuviera la sustancia primitiva. De hecho, cuanta menos sustancia original hay en la dilución y más se agita esta última, más potente es el supuesto efecto. Que por estas incongruencias se otorguen títulos universitarios y se premie al profesor titular que las imparte, Javier Lanuza, con una cátedra de empresa, es realmente preocupante.

Por su parte, en el Nei Jing, la "biblia" de la acupuntura, se afirma que «la energía [Qi] no es visible, pero un maestro la percibe; sabe el camino para remontarla. Él puede así tonificarla y dispersarla a su agrado». Por si fuera poco, gracias a la palpación de los pulsos, los acupuntores (antes de aplicar las agujas) son capaces de diagnosticar no sólo el desequilibrio de Qi (inexistente), sino también el sexo del feto en la mujer embarazada e incluso si un enfermo tiene piedras en la vesícula biliar. Pero aún hay más. En la base de la acupuntura está la teoría según la cual, por ejemplo, el bazo es un órgano Zang que forma parte del aparato digestivo y es la sede del pensamiento. Y lo mismo podemos decir del resto de los órganos Zang Fu, tal y como lo explica con todo lujo de detalles la Medicina Tradicional China. En el colmo del delirio, para los acupuntores modernos estas cosas (órganos inexistentes, funciones mágicas, etc.) no son errores, sino ¡formas diferentes de pensar! Quien crea que todo esto es la exageración de unos escépticos exaltados, no tiene nada más que echar una ojeada a cualquier libro de acupuntura.

En suma, con semejantes pseudomedicinas, sobran la farmacología, la microbiología, la genética y el diagnostico por imagen en todas sus variedades. Peor aún, sobra toda la medicina científica. ¿No se han preguntado quienes proponen tales dislates, por qué en las facultades de física (o de química) no se habla de "física alternativa y complementaria" (o de "química alternativa y complementaria") y no se otorgan títulos sobre "astrología científica" (o sobre "alquimia científica")? ¿Se debe, quizás, a que los médicos son más crédulos que los físicos o los químicos, o es simplemente que algunos médicos carecen de escrúpulos con tal de ganar dinero y tener un puesto de trabajo? ¿O peor aún, ignoran el método científico?

No podemos extendernos en una carta de denuncia, como la presente, sobre todas las pruebas que demuestran las falsedades y engaños que homeópatas y acupuntores defienden y sus infiltrados universitarios propalan. En este sentido, puede consultar las detalladas alegaciones presentadas por varios profesores contra estos estudios propios de la Universidad de Zaragoza, en las cuales se documenta que tanto la homeopatía como la acupuntura son puras pseudociencias, como la astrología, creacionismo científico, radiestesia, tarot, etcétera, que deben proscribirse de cualquier programa universitario.

Decía Gregorio Marañón que la historia de la cultura es la lucha entre la ciencia y la superstición. Lamentablemente en la Universidad de Zaragoza los charlatanes pseudocientíficos se han infiltrado y la superstición amenaza a la ciencia y a la cultura, pudiendo dejar de ser, en palabras de Unamuno, el templo del saber y la razón.

Aún queda tiempo para rectificar, eliminando estas enseñanzas, que se vienen impartiendo desde hace una década, y la cátedra de homeopatía desde hace varios años. Y rectificar, como todo el mundo sabe, es de sabios.

Y para que así conste, en nombre de la asociación cultural ARP–Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico (ARP-SAPC), firmamos esta carta abierta los siguientes socios:


Víctor Javier Sanz Larrínaga. Colegiado 1905-6. Cardiólogo, Medicina Familiar y Comunitaria. Ex Vicepresidente de ARP-SAPC.

Pedro Merino Filella. Catedrático de Química Orgánica. Universidad de Zaragoza.

Eustoquio Molina Martínez. Catedrático de Paleontología. Universidad de Zaragoza.

Miguel Bayón Gimeno. Periodista científico. Ex Editor de TVE Aragón.
Lunes, 21 de Mayo de 2012

Agradezcamos que la homeopatía es un timo


Viernes, 23 de Septiembre de 2011

La homeopatía no es solo medicina