CapÃÂtulo 59
Mi capÃÂtulo favorito del Anticristo de Nietzsche es el 59, donde el autor lamenta la degradación del esplendor de la era clásica a manos de la nefasta doctrina cristiana:
“Todo el trabajo del mundo antiguo, en vano: no tengo palabra que exprese mi sentimiento ante algo tan terrible. -- Y teniendo en cuenta que fue un trabajo previo, que lo que con una pétrea conciencia propia acababa de ser puesto era apenas el cimiento de un trabajo de milenios, ¡todo el sentido del mundo antiguo, en vano!... ¿Para qué los griegos?, ¿para qué los romanos? -- Todas las condiciones para una gran cultura docta, todos los métodos cientÃÂficos ya estaban aquÃÂ, ya se habÃÂa determinado el gran, el incomparable arte de leer bien -- esta condición para la tradición de la cultura, para la unidad de la ciencia; las ciencias naturales, en unión con las matemáticas y la mecánica, estaban sobre el mejor de los caminos, -- ¡el sentido de los hechos, el último y más valioso de los sentidos ya tenÃÂa sus escuelas, sus tradiciones, desde hacÃÂa siglos! ¿Se entiende eso? Todo lo esencial para abarcar el trabajo ya ha sido encontrado: -- los métodos, hay que decirlo diez veces, son lo esencial, también lo más difÃÂcil, también lo que durante más tiempo tiene en contra suya a los hábitos y a las perezas. Lo que nosotros, bajo un enorme autovencimiento, hemos reconquistado -- porque de alguna manera todos tenemos aún malos instintos, los instintos cristianos, en el cuerpo --, la libre mirada ante la realidad, la mano cauta, la paciencia y la seriedad ante lo más pequeño, toda la rectitud del conocimiento -- ¡todo ya estaba aquÃÂ! ¡desde hace más de dos milenios! ¡Y sumándole el tacto y el gusto buenos, finos! ¡No como adiestramiento del cerebro! ¡No como formación «alemana» con maneras de rufián! Sino como cuerpo, como gesto, como instinto -- en una palabra como realidad... ¡Todo en vano! ¡De la noche a la mañana sólo un recuerdo! -- ¡Griegos! ¡Romanos! La aristocracia del instinto, el gusto, la investigación metódica, la genialidad de la organización y la administración, la fe, la voluntad de un futuro para la humanidad, el gran sàa todas las cosas visibles como Imperium Romanum, visible para todos los sentidos, el gran estilo, no solamente arte sino convertido en realidad, en verdad, en vida... -- ¡Y de la noche a la mañana enterrado no por un desastre natural! ¡Pisoteado no por germanos y otros lerdos! ¡Sino deshecho por vampiros astutos, sigilosos, invisibles, anémicos! ¡No vencido, -- sólo chupado!... ¡La manÃÂa oculta de venganza, la pequeña envidia convertida en señor! Todo lo deplorable, lo sufrido-en-sÃÂ-mismo, lo frecuentado-por-malos-sentimientos, todo el gueto-mundo del alma, ¡de pronto por encima! -- -- Léase solamente a cualquier agitador cristiano, como por ejemplo a san AgustÃÂn, para entender, para oler qué sucia pandilla llegó allá arriba. Se engañarÃÂa del todo uno mismo si se presumiera alguna carencia de entendimiento en los jefes del movimiento cristiano: -- ¡oh, son listos, listos hasta la santidad, estos señores Padres de la Iglesia! Lo que les falta es alto totalmente distinto. La naturaleza los ha descuidado, -- olvidó proveerlos de una modesta dote de instintos respetables, decentes y pulcros... Dicho entre nosotros, ni siquiera son varones... El islam, al despreciar al cristianismo, tiene mil veces la razón para hacerlo: el islam tiene como requisito indispensable varones..."
“Todo el trabajo del mundo antiguo, en vano: no tengo palabra que exprese mi sentimiento ante algo tan terrible. -- Y teniendo en cuenta que fue un trabajo previo, que lo que con una pétrea conciencia propia acababa de ser puesto era apenas el cimiento de un trabajo de milenios, ¡todo el sentido del mundo antiguo, en vano!... ¿Para qué los griegos?, ¿para qué los romanos? -- Todas las condiciones para una gran cultura docta, todos los métodos cientÃÂficos ya estaban aquÃÂ, ya se habÃÂa determinado el gran, el incomparable arte de leer bien -- esta condición para la tradición de la cultura, para la unidad de la ciencia; las ciencias naturales, en unión con las matemáticas y la mecánica, estaban sobre el mejor de los caminos, -- ¡el sentido de los hechos, el último y más valioso de los sentidos ya tenÃÂa sus escuelas, sus tradiciones, desde hacÃÂa siglos! ¿Se entiende eso? Todo lo esencial para abarcar el trabajo ya ha sido encontrado: -- los métodos, hay que decirlo diez veces, son lo esencial, también lo más difÃÂcil, también lo que durante más tiempo tiene en contra suya a los hábitos y a las perezas. Lo que nosotros, bajo un enorme autovencimiento, hemos reconquistado -- porque de alguna manera todos tenemos aún malos instintos, los instintos cristianos, en el cuerpo --, la libre mirada ante la realidad, la mano cauta, la paciencia y la seriedad ante lo más pequeño, toda la rectitud del conocimiento -- ¡todo ya estaba aquÃÂ! ¡desde hace más de dos milenios! ¡Y sumándole el tacto y el gusto buenos, finos! ¡No como adiestramiento del cerebro! ¡No como formación «alemana» con maneras de rufián! Sino como cuerpo, como gesto, como instinto -- en una palabra como realidad... ¡Todo en vano! ¡De la noche a la mañana sólo un recuerdo! -- ¡Griegos! ¡Romanos! La aristocracia del instinto, el gusto, la investigación metódica, la genialidad de la organización y la administración, la fe, la voluntad de un futuro para la humanidad, el gran sàa todas las cosas visibles como Imperium Romanum, visible para todos los sentidos, el gran estilo, no solamente arte sino convertido en realidad, en verdad, en vida... -- ¡Y de la noche a la mañana enterrado no por un desastre natural! ¡Pisoteado no por germanos y otros lerdos! ¡Sino deshecho por vampiros astutos, sigilosos, invisibles, anémicos! ¡No vencido, -- sólo chupado!... ¡La manÃÂa oculta de venganza, la pequeña envidia convertida en señor! Todo lo deplorable, lo sufrido-en-sÃÂ-mismo, lo frecuentado-por-malos-sentimientos, todo el gueto-mundo del alma, ¡de pronto por encima! -- -- Léase solamente a cualquier agitador cristiano, como por ejemplo a san AgustÃÂn, para entender, para oler qué sucia pandilla llegó allá arriba. Se engañarÃÂa del todo uno mismo si se presumiera alguna carencia de entendimiento en los jefes del movimiento cristiano: -- ¡oh, son listos, listos hasta la santidad, estos señores Padres de la Iglesia! Lo que les falta es alto totalmente distinto. La naturaleza los ha descuidado, -- olvidó proveerlos de una modesta dote de instintos respetables, decentes y pulcros... Dicho entre nosotros, ni siquiera son varones... El islam, al despreciar al cristianismo, tiene mil veces la razón para hacerlo: el islam tiene como requisito indispensable varones..."





























