Beatos
Beatos Recibidos Fer a CyberAteos mostrar detalles 7:55 (hace 2 minutos)http://www.diarioinformacion.com/secciones/noticia.jsp?pRef=2211_8_685892__Opinion-BeatosBeatos VOTE ESTA NOTICIAL a Constitución de Cádiz se abría «En el nombre de Dios Todopoderoso,Padre, Hijo y Espíritu Santo, Autor y Supremo Legislador de lasociedad»; y contenía este artículo 12: «La religión de la naciónespañola es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana,única verdadera. La nación la protege por leyes sabias y justas yprohíbe el ejercicio de cualquier otra». Según alguno de losconstituyentes, se incluyó para evitar la «furia» del clero. Peroregresado Fernando VII la Iglesia formó para condenar al régimenconstitucional, suministrando munición teológica -y, a veces, deplomo-, para exiliar y fusilar. ¿Qué más podía pedir En general: quenada cambiara. En particular: que no se aboliera la Inquisición ni sesuprimieran tributos que consideraba como propios.Y, así, hasta la fecha. La Iglesia ha sido aquí inmune a diferenciarDerechos y privilegios. Y, aferrada a éstos, ha obligado a que cadaavance de la sociedad debiera construirse contra la Iglesia. Desde elcarlismo hasta el franquismo, se ha alineado con las más oscurassombras de la época y ha mezclado, con habilidad, voracidad en elcontrol del pensamiento y avaricia económica infinita. Cambió en lasalida de la Dictadura y hemos de agradecer la sagacidad de algunoseclesiásticos -hoy postergados por su Iglesia-, mas hasta en esaactitud hubo algo oportunista, de inevitable adaptación a lo nuevo.Pero la perspectiva de entenderse con una democracia consolidada sevolvió insufrible. Y la Iglesia volvió por donde solía. Su soberbiaacumulada impide el entendimiento con un régimen que, antes «suyo»,ahora se basa en la relatividad pacífica de las ideas. Y en democraciaes cuando se aprecia la creciente disonancia entre el mensaje eclesialy la práctica de sus resortes de poder: ninguna institución puedepresumir de mayores niveles de hipocresía. Hasta anular las buenasrazones y prácticas de muchos eclesiásticos y creyentes, primerasvíctimas -silentes, en demasiadas ocasiones- de la incontinencia delos prelados.Hay, hoy, una lucha abierta contra la democracia realmente existente -no hay otra: no es democracia la cosa tutelada que gustaría a losobispos- que requiere de remedios fuertes, para seguir ocupandoconciencias y mantener los beneficios empresariales. Y la Iglesiacuenta con la ventaja de disponer de celestiales aliados. Quien creeen una Providencia que informa la Historia no puede afirmar que labeatificación ahora de 498 mártires de la Guerra Civil es casual. Sontraídos en socorro del alma color sepia de los pastores y de suanhelado regreso a la España apocalíptica. La Iglesia, en su pregonadahumildad, afirma que sabe quiénes están en presencia de Dios, y, porlo tanto, los puede convertir en mediadores eficaces de sus causasterrenales. No imagino máquina de márqueting más eficaz.A mí, que elijo sentirme representado en la Historia por losdemócratas, rojos y republicanos, me causa una profunda vergüenza eseepisodio de martirio: algunos de los «míos», de quienes soy heredero,se corrompieron por el miedo y la venganza y masacraron a otraspersonas por sus ideas y sus acciones. Podría, en su nombre, pedirperdón cada día. Esta sencilla confesión es la que la Iglesia esincapaz de hacer. Y mientras no la haga, tras pedir perdón, ya puedorecordar cómo estos mártires lo fueron, también, por representar aquienes abusaron del pobre, a quienes mantuvieron al pueblo en laignorancia, a quienes se alinearon con los poderosos. A quienes, hastaaños después de sus muertes, siguieron estando en los paredones desdelas parte de los fusiles, a quienes avalaron violaciones, asesinatosen masa, torturas y cárceles de espanto. ¿Quién lleva la cuenta deesos martirios, infinitamente más numerosos, sin petición de piedad,sin penitencia ni festejo romano ¿Dios, acaso Caiga pues su sangresobre los que aquí se apropian del silencio de Dios.S egún interpretación oficial, los beatos tuvieron suerte: se lesabrió de golpe las puertas del cielo. Leí hace poco que un párrocoimpidió, después de la guerra, que un jefe del maquis, abatido como unperro, fuera enterrado en sagrado: le reservó suelo en la puerta, paraque todos pisaran sus nefandos despojos. ¡Qué pena!: si el muertohubiera sido él, a manos del guerrillero, hoy estaría, seguro,cantando junto a Dios. Acaban de condenar en Argentina, por torturadorinfame, a un capellán de la Policía. ¡Qué mala suerte tuvo! Si aúltima hora algún vengativo le hubiera asesinado hoy estaríadisfrutando de la felicidad celestial. En este último caso la Iglesia,faltaría más, ha dicho que fue caso aislado -miente, según costumbre-en la Dictadura y abandona al culpable a su suerte -aunque no leniegue sacramento de reconciliación-. Y es que, cuando la imagen esrentable, cada pobrecito de Dios es un Hijo de la Iglesia, y, si no,se le abandona, y no faltará monasterio que oculte bajezas, hasta paraalgunos nazis, descontados del registro de la justicia, pero amparadospor la benevolencia divina.A bomina ahora de los musulmanes un cura en Alcoi -¿qué se hubieradicho si lo mismo hubiera predicado un clérigo islámico de loscristianos -: he ahí, en su calculada e inmisericorde imprudencia, unade las semillas que florecen en el odio de los que plantan patadas enla cara de los inmigrantes. Falsifica el sacerdote la historia y,preguntado, persevera en su mensaje de rencor. El cardenal de Valenciano se da por enterado. El obispo de Alicante acaba de atacar laEducación para la Ciudadanía, diciendo que no es propia de unademocracia: ¿qué sabrán ellos de democracia , ¿qué sabrán si, muchomás políticos que pastores, entregados al frenesí de un poder sinlímites, justifican todo lo que hacen y condenan todo lo que nocomparten Eso sí: mi ministro de Exteriores acude a Roma a beatificar,a un acto religioso -que no de Estado-. Lo hace, como en 1812,temeroso de la furia del clero, por ver si perdonan y no se enfadan.Empiezo a pensar que si muchos ministros y otros notables, en estosdoscientos años, no hubieran sido tan prudentes, a lo mejor la Iglesiapodría haber sido de otra manera y, todos, nos hubiéramos evitadosmuchos mártires. Que es de lo que se trata. ¿O no Esperaré a ver,quizá Rajoy tenga un primo teólogo.Manuel Alcaraz Ramos es profesor de Derecho Constitucional de la UA.COMPARTIR¿qué es esto? 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