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Miercoles, 10 de Marzo de 2010

En el sentido más laudatorio del término

El idioma: La lengua gallega, hija del latín, hermana del castellano y madre del portugués.

El autor de la letra: Álvaro Cunqueiro, el mejor escritor español del siglo 20, exagerando muy, muy poco.

El autor de la música: Luis Emilio Batallán, el cantautor gallego que sorprendió a todo el mundo con su disco “Aí vén o maio” en 1975, aún hoy uno de los más celebrados de la canción gallega. Aquí está su versión original, y aquí una más reciente.

La versión: Milladoiro, el más internacional de los grupos gallegos.

La voz: Laura Amado, a cuyo lado palidecen otras mucho más famosas. Si no, comparad con esta otra versión.

La letra (traducida):

A pomba dourada

En el nido nuevo del viento hay una paloma dorada.

Quién pudiera enamorarla, amigo mío.

Canta a la luz de la luna y al amanecer en flauta de verde olivo.

Tiene aires de flor reciente, cosas de recién casada.

También tiene sombra de sombra y andar primero de río.

En esta otra versión se acompañan de Cristina Pato, la mejor gaitera del mundo, y se oye con mejor sonido.

Gallego, en el sentido más laudatorio del término.

Domingo, 7 de Marzo de 2010

La reforma de las pensiones

Ya se ha hecho público el manifiesto sobre la reforma de las pensiones del que hablaba hace una semana. En eso momento no entré en los detalles de las propuestas porque era todavía un borrador. Aquí hay un resumen de uno de los promotores y un enlace al texto original. Está redactado en términos que creo asequibles y fáciles de leer y entender para cualquier persona educada. También cualquier persona educada que se moleste podrá juzgar si la versión de él que se da en los medios de comunicación le hace o no justicia.

Yo he firmado el documento, como también firmé el de hace un año sobre la reforma laboral.

Sábado, 6 de Marzo de 2010

El agente y el principal

Hay, por lo menos, dos formas de conseguir que una organización funcione. Una primera consiste en decirle a cada uno lo que tiene que hacer para conseguir el fin de que se trate y pagarle a cada uno si hace lo que se le dice. Tiene la desventaja de que muy a menudo quien puede ordenar a cada uno (el que paga) no sabe qué es lo que hay que hacer para conseguir el resultado.

Otra manera consiste en dejar libertad a los individuos, para que hagan lo que crean conveniente y pagar por resultados. Tiene como desventaja que, en algunos casos, los resultados no siempre se obtienen a pesar de que los individuos tomen las mejores decisiones y trabajen de la mejor manera. Puede haber un elemento de suerte.

La economía de la información muestra, sin embargo, que la segunda manera suele ser mucho mejor para todos. Para el que cobra, la aleatoriedad en el pago se ve de sobra compensada por el mayor pago en caso de éxito. Para el que paga, el mayor pago se ve compensado por mejores resultados.

Por ejemplo, el dueño de un negocio (el principal) contrata a un experto (el agente). Si el experto hace bien su trabajo, el dueño ganará 100 ó 30 con iguales probabilidades, pero si lo hace sólo cumpliendo mínimos, ganará 30 con total seguridad. Hacer bien el trabajo le cuesta 10 al experto, pero hacerlo cumpliendo mínimos le cuesta 0. Si el dueño le paga una cantidad fija (20) y solo puede saber si cumple o no los mínimos, el experto no hará ningún esfuerzo, se llevará los 20 y el dueño 10 (30 que gana menos 20 que paga).

Si, en cambio, el dueño paga por resultado, puede pagar 60 si el resultado es bueno y 20 si es regular. Si el experto se esfuerza ganará 40 en media, a lo que hay que restar el esfuerzo, que es 10, así que se queda en 30. El dueño ganará 25 en media (100 menos 60 ó 30 menos 20 con iguales probabilidades).

No entender esto limita la productividad, sobre todo en la cosa pública, más reacia a pagar por resultados. En la Universidad española la mayor parte del salario depende de cumplir unos mínimos (muy mínimos) que, eso sí, están reglamentados. Las cosas que puede y no puede hacer con su presupuesto un Departamento están muy limitadas y controladas (la manera de contratar, pagar y promocionar al profesorado, por ejemplo). Si se permitiera más libertad y más presupuesto a cambio de más resultados (investigación de calidad, por ejemplo) y menos si los resultados no llegan, todo el mundo ganaría (en media, algún mediocre sin ganas de trabajar vería su salario disminuido).

Mientras no se supere el miedo a la libertad y a ser evaluado todos los esfuerzos por mejorar la universidad basados en decirle a la gente lo que tienen que hacer serán costosos y poco útiles.

Miercoles, 3 de Marzo de 2010

El maltrato animal

Anda Hugo reflexionando sobre nuestra relación con los animales, y eso me ha animado a escribir esta entrada.
En alguna ocasión he manifestado que, mientras haya muchos aficionados a las corridas de toros, no creo que debieran ser prohibidas totalmente, y ello a pesar de la abominación y el atraso cultural que veo en ellas. Creo que hace falta un consenso mayor que una mayoría simple. Tal vez esté equivocado y, tras la prohibición, en pocos años ya nadie se acordaría de lo salvajes que éramos.
Me parece bien que los antitaurinos se hagan oír (por las buenas) y me parece estupendo que algunas autonomías hayan alcanzado suficiente consenso para su prohibición. De hecho, este parece que pueda ser el camino. Empezó en Canarias y ha seguido en Cataluña. Curiosamente nadie apreció problemas en el primer caso, pero sí en cambio en el segundo. Me pregunto qué pensará cada uno cuando sólo queden tres o cuatro autonomías con “fiesta nacional”.
A los aficionados a la tauromaquia les diré que yo veo en una corrida de toros lo que ellos seguramente verán en el vídeo que se muestra arriba. Como ellos, tampoco encontraría belleza en la pelea ni indulgencia para quien pueda encontrarla incluso si los canguros fueran criados en una vida regalada y feliz para terminar así.
Claro que veo alguna cosa más, las luces de los trajes, el refinamiento de los movimientos del torero,… , pero lo que veo en el vídeo también lo veo en las corridas, y nada de lo anterior me lo encubre.
Domingo, 28 de Febrero de 2010

100 economistas 100

Leo en El País un artículo con el titular:

“Los 100 economistas plantean bajar la pensión con respecto del último salario”

-El artículo no detalla todas las ideas de esos 100 economistas ni ofrece el documento en que se basa el artículo, ni la lista de los economistas. Se dice solo que son, más o menos, los que firmaron hace un año otro documento sobre la reforma del mercado laboral.

-El documento al que hace referencia El País no existe más que como borrador que está circulando entre un grupo de economistas que incluye, efectivamente, a aquellos 100 y que está promovido desde FEDEA.

-En ese borrador se proponen varias medidas. Algunas son económicas y otras de organización del debate. Las primeras se refieren a la manera de cotizar y calcular la pensión. Las segundas incluyen la propuesta del libro blanco.

-Los datos:

La población mayor de 65 años se multiplica por dos en los próximos 40 años. Pasa de 7,63 millones a 15,33 millones entre 2009 y 2049.

Con las tendencias actuales, la población en edad de trabajar pasa de 31,44 millones a 25,74 millones entre 2009 y 2049.

Hay unas 6 millones de mujeres de 0 a 25 años en 2009. La mayoría de las que podrán ser fértiles en algún momento de ese periodo.

Por tanto, para que la tasa de dependencia no variara necesitaríamos que la población en edad de trabajar también se doblara. O bien entran más de 30 millones de inmigrantes en edad de trabajar o la tasa de fecundidad de esos 6 millones de mujeres aumenta hasta más de 5 hijos por mujer fértil (o una combinación de ambas cosas). Si creemos que algo de esto es previsible, no hay que hacer nada. Si no, tenemos un problema.

-Las propuestas:

El borrador propone una serie de medidas que permite sostener el sistema de pensiones, con algunos cambios, como la extensión de la vida laboral, imprescindible al aumentar la esperanza de vida. Lo hace, además, ajustando los parámetros para que no haya una pérdida en la prestación y, lo que es más importante, para que pueda aumentar en cada generación. Como el documento no está todavía en su versión definitiva, me excusaré de especificar con más detalle estas medidas, que se podrán ver en el documento final. Elegir como crítica uno solo de los parámetros, sin tener en cuenta lo que se propone como los demás y sin tener en cuenta tampoco el efecto en las distintas generaciones es, como poco, sesgar el contenido del documento.

-A la noticia siguen, como era de esperar, cientos de comentarios de lectores que, leyendo ese ejemplo de mal periodismo, cargan contra los economistas ultraliberales, alejados de la realidad, que no hicieron nada para prevenir la crisis, que no dan soluciones para que todo vaya bien, que nadie los ha elegido y que tienen su trabajo gracias a la endogamia universitaria española.

-Ante esto último yo invito a cualquiera que, cuando salga el documento final, miren el currículum y las publicaciones de cada uno de ellos, para ver cuánto de esto es cierto. Será fácil, porque todos tendrán esta información de acceso público.

Miercoles, 24 de Febrero de 2010

Pseudoperiodismo

UNO. El pasado 16 de febrero El País nos sorprendió con el artículo “2010, el año del ‘crash’“, de Santiago Niño Becerra, ocupando el espacio estelar del periódico.
El lector atento notará que ninguna de las afirmaciones se acompañan del más mínimo razonamiento, y que parecen las predicciones de un astrólogo. Pues bien, lo anterior no es una exageración. Niño Becerra es Catedrático de Economía en la Universidad Ramon Llull, aunque no se le conoce ni una sola publicación académica en revistas de con estándares internacionales (esta es, por desgracia, una constante en la universidad española, pero me salgo del tema). Sí, en cambio, se le conoce algún artículo en revistas de astrología, donde analiza la economía usando los planetas. También acude a congresos de astrología a hacer lo propio. Puede verse aquí la página del congreso con la foto del economista-astrólogo (su ponencia es la tercera y él aparece en la foto del final, el segundo por la izquierda).
DOS. El fin de semana también El País nos vendió un reportaje en el que se analizaba la personalidad de varios dictadores por su caligrafía usando la grafología (pseudociencia de muchas afirmaciones y de ningún estudio que las sostenga). Por asombroso que pueda parecer, los grafólogos acertaron al decir que eran muy malas personas. En magonia tratan el tema con más detalle, a ellos remito al lector interesado. Sorprende leer en los comentarios de magonia cómo algunos defensores de la grafología quieren defender esta práctica. “No, no somos como los homeópatas”, dicen, “lo nuestro sí está demostrado”. Lo que no dicen es dónde. Por cierto que si uno ataca a los homeópatas dirán que no son como los grafólogos. Cada uno entiende bien los fallos de las demás pseudociencias, pero no los de la suya propia.
TRES. Recordemos que en 2008 El País sacó unos coleccionables de ese potpurrí de todas las pseudociencias llamado Cuarto Milenio. Eso lo justificaron como política comercial de la empresa editora, diferenciada de la línea del periódico, y como entretenimiento. Supongo que lo del reportaje de la grafología también será entretenimiento de fin de semana. Pero no, si uno mira bien, ve que está anunciado como “Historia”.
Cualquiera que eche un vistazo al programa Cuarto Milenio, al coleccionable y a los foros de seguidores podrá darse cuenta de que la presentación es, por lo menos ambigua, que sugiere que lo suyo es periodismo de investigación, no entretenimiento, y que en esa impresión andan sus seguidores. El caso del astrólogo-economista ocupando la página de opinión más destacada del periódico no tiene ni siquiera esa defensa.
CUATRO. Me meto con El País, aunque sigo pensando es el periódico de información y opinión más completo de España, con más pluralidad que en los otros de alcance nacional a pesar de sus innegables segos. Como muestra de que en todas partes cuecen habas, dos botones: estos días El Mundo nos vuelve a marear con sus teorías conspiratorias, periodismo de investigación donde lo haya. El ABC, por su parte, nos explica cómo los ovnis ayudaron a ganar a Tony Blair. Es cierto que el artículo se limita a recoger una noticia de cosas que dice alguien, pero está en la sección de “Noticias de Europa” y no en alguna de humor o chascarrillos.
CINCO. La única buena noticia contra las pseudociencias nos ha venido de la mano del Parlamento Británico, que se acaba de enterar ¡oh, sorpresa! que la homeopatía no tiene ningún estudio que la avale. Según acabo la entrada veo que hoy El País publica algo más sensato sobre economía, con varapalo al astrólogo-economista. Un poco de luz.
Han sido unas cuantas píldoras un poco inconexas, pero tenía que desahogarme, que para eso también ha de valer el tener un blog.

Lunes, 22 de Febrero de 2010

Al monte se va con botas: Las hipótesis vacías

Un elemento clave del equipamiento para subir al monte del conocimiento es la formulación de buenas hipótesis. En ciencia se formulan hipótesis continuamente. La mayoría resultarán falsas, unas pocas serán validadas por la realidad, momentáneamente, mientras que explique los datos mejor que las alternativas que se tienen hasta ese momento.
Según el tipo de explicación, la hipótesis no tiene por qué ser tremendamente realista, basta con que lo sea en aspectos relevantes para lo que se va a explicar. Si tenemos dos sospechosos de un crimen, un hombre y una mujer, para conocer quién de los dos es el culpable bastará aceptar o rechazar la hipótesis “ha sido un hombre”, sin más detalles, por ejemplo buscando testigos que recuerden haber visto una persona de uno u otro sexo. Una hipótesis que diga “el culpable puede ser cualquiera” no sirve para nada. No ofrece ninguna línea de investigación, no ayuda a buscar la verdad.
En economía, muchos modelos definen a un consumidor por sus preferencias y su restricción presupuestaria. Algo poco realista, puesto que sabemos que los seres humanos somos más que eso, pero la hipótesis parece abarcar mucho de los consumidores ya que implica ciertas cosas acerca de su comportamiento que se ven reflejadas en la realidad.
Una tierra plana es una hipótesis falsa, pero lo que predice para distancias pequeñas es tan bueno que vale bien para andar por las calles de una ciudad y, si uno no necesita gran precisión, para recorrer las carreteras de un país. También es buena porque nos da pistas sobre qué observaciones o experimentos sirven para confirmarla o refutarla (por ejemplo, observar a ver qué pasa con los barcos que se alejan del puerto).
Incluso en derecho se presentan como adecuadas ciertas otras hipótesis, como que los seres humanos somos iguales frente al derecho, para construir un ordenamiento jurídico. De esa hipótesis se seguirán unas consecuencias y no otras.
Podemos incluso formular algunos modelos sobre ética y moral basándonos en supuestos que podemos aceptar o no, pero que si aceptamos nos llevan a unas conclusiones y no a otras. La literatura de Elección Social está llena de este tipo de modelos.
Hay quien observa este panorama y dice:

“-Vaya, vaya, así que se pueden aceptar hipótesis no probadas e, incluso, falsas, a condición de que sirvan de algo. Se me ocurre entonces proponer que un par de dioses crearon el mundo, que un diseñador inteligente modeló los seres vivos y que los extraterrestres hicieron las pirámides de Egipto. De esta manera explico por qué existe el mundo y la moralidad humana, por qué existe la variedad de vida en la tierra y por qué hay pirámides en Egipto.”

Cómo hay gente que se convence con esta insensatez de argumento es un misterio para mí. Esas hipótesis no explican nada, no permiten concluir unas cosas y no otras. Como en el caso de la hipótesis anterior que decía “el culpable puede ser cualquiera”, estas hipótesis no ayudan a encontrar la verdad. El diseñador inteligente puede diseñar cosas interesantes o chapuzas, no sabemos. Así que para cualquier cosa que encontremos en la biosfera podremos decir “es que el diseñador lo quiso así”.
La existencia de un dios no explica la existencia de la moral humana, ni el bien ni el mal. A la hipótesis del dios habrá que añadir siempre aquello que queremos explicar (que si esos dioses son buenos, que si nos dan libre albedrío,…), nunca se deduce nada de su existencia. Todos los argumentos metafísicos para conectar una cosa con la otra caen en la misma falacia.
-¿Y los extraterrestres?
-Digo de los dioses y del diseñador inteligente lo mismo que muchos creyentes dicen de los extraterrestres.
Las hipótesis vacías y los castillos en el aire. Cuánto intelecto humano desperdiciado.
Viernes, 19 de Febrero de 2010

… y de los pocos errores

Con frecuencia encuentro más ilustrativo hablar de los errores que de los aciertos para distinguir una ciencia de una falsa ciencia. La ciencia comete errores, la falsa ciencia no. O por lo menos, no errores que reconozcan sus practicantes.
Cuando a comienzos de los años 80 del pasado siglo apareció una extraña y mortal enfermedad hubo que hacer mucha investigación antes de dar con el agente que la causaba. Se formularon distintas hipótesis: causas ambientales, bacterias, hongos, … hasta que se dio con el HIV. Las causas de transmisión fueron también objeto de muchos estudios y también se desterraron hipótesis que todavía los ignorantes temen. La posible cura avanza todavía más despacio.
Atrás han quedado hipótesis erradas, vías muertas de investigación que no llegaron a ninguna parte, experimentos fracasados, pruebas que solo sirvieron para decir que la verdad no estaba por ese lado. Aquí un experimento resultó estar mal diseñado, allá se tomaron resultados provisionales por conclusiones bien asentadas, en otra parte un investigador poco escrupuloso manipula unos datos para alcanzar fama. Por cada avance hay literalmente miles de errores. Miles de pruebas, miles de errores, apenas un acierto. Eso es la ciencia. Es difícil y es cara.
La homeopatía, en cambio, no muestra una historia similar. Cuando se habla con un practicante o creyente de una pseudociencia siempre tienen alguna respuesta acerca de su verificación. Que si la experiencia de los practicantes, que si lo a gusto que se quedan los sujetos sobre las que se practica, que si los años de historia,…
Yo prefiero preguntar por los fracasos. ¿Dónde están sus errores? ¿Cuáles son las líneas de investigación fallidas? ¿Qué hipótesis se manejaron que luego hubo que desterrar? ¿Qué preparado se pensó que funcionaba bien, pero que estudios más completos demostraron ser placebo?
Haced la prueba a formular estas preguntas. Obtendréis un elocuente silencio del que será más fácil sacar algo en claro. Errores no hay. O bien se inventan, o bien se acepta que la tal pseudociencia es infalible. Ambas cosas dejarán en bastante mal lugar al interlocutor. Poco margen tendrá para atacar a la ciencia por arrogante y otras acusaciones absurdas.
Lo que dijo Hahnemann, el que se sacó la homeopatía de la manga hace 200 años, sigue vigente. Si acaso se hablará de que ahora hay más preparados homeopáticos, pero todos lo son porque siguen el método de preparación de Hahnemann, dado por válido apriorísticamente. El método es el siguiente: se detecta una sustancia que produce un síntoma. Se diluye esa sustancia en agua hasta que no quede una sola molécula de esa sustancia y se vende esa agua como remedio para ese síntoma.
Se dirá también que hay avances, que el señor Edward Bach hizo una escuela aparte con sus flores. Pero no habrá en ninguna parte una documentación sobre los estudios que hizo Bach para dejar de un lado los preparados de Hahnemann y preferir los suyos.
Lo mismo pasa con las teorías de Freud y sus seguidores con escuela propia, como Jung. Lo mismo con las distintas astrologías o las distintas acupunturas. Eso es pseudociencia, es fácil y barata.

Antes de pedirme que me fíe de ti, háblame de tus errores.

Martes, 16 de Febrero de 2010

De las muchas afirmaciones

Tomemos la interpretación de los sueños. Hay que hace una traducción del sueño y, tal vez, de alguna característica de la persona a una patología, obsesión o, en general un diagnóstico que permita la curación o mejoría. Para ello hay que traducir cada uno de los elementos del sueño en algo que tenga que ver con la psicología del sujeto y mostrar que eso tenga valor terapéutico.
El diccionario que indicara cómo hacer estas traducciones tendría literalmente decenas de miles de entradas. Cada una de ellas sería una afirmación del tipo: tal cosa en combinación con tales otras en tal tipo de sueño en tal tipo de individuo tiene tal significado. La validez de cada una de ellas debería estar respaldada por unos cuantos estudios que involucraran a un respetable número de casos y en lo que se tuvieran los cuidados de establecer grupos de control y usar el método del doble ciego, por lo menos. Necesitaríamos varias decenas de miles de estudios para validar la interpretación de los sueños como método de diagnóstico.
Pues bien, tal cosa no existe ni remotamente. Los analistas e interpretadores de sueños jamás se han preocupado de establecer la veracidad de sus muchas afirmaciones. Lo único que aportan para su defensa es que, aplicando de manera intuitiva unas reglas de interpretación determinadas, esas interpretaciones han funcionado según su experiencia y según la experiencia de otros que hacen como ellos. Los peligros documentados de sesgar la evidencia según las creencias son desdeñados. Se aparta el método científico en aras de un llamado método clínico, que solo significa que no se tienen más datos que la experiencia propia.
No sólo ocurre con la interpretación de los sueños. También sucede con el psicoanálisis, el test de las manchas de Roschach, el Tarot, la homeopatía, la lectura de manos, la grafología y tantas otras prácticas más. Cada una hace miles de afirmaciones sin aportar prueba alguna. A veces se presenta un estudio sobre la validez de una de las afirmaciones que se hace pasar por una validación de toda la práctica. Que en esos estudios suceda el interesante fenómeno de que, cuanto peor hecho está, mayor validez se encuentra y que cuando se hace bien no se encuentra ninguna es algo que no suele hacer mella en el entusiasmo de los seguidores.

Otras prácticas hacen también miles de afirmaciones, como hace, por ejemplo un médico tras consultar una analítica de sangre. La diferencia es que la mayoría de las afirmaciones que se hacen sobre los resultados de la analítica sí está respaldada por varios estudios publicados en revistas médicas y las que no están todavía respaldadas por toda la evidencia necesaria se siguen investigando. 

Viernes, 12 de Febrero de 2010

Un año de "Quaecumque sunt vera"

Hace un año y dos días contraje una faringitis seca que, con algunos síntomas gripales, me mantuvo las tardes ocioso. Fruto de esta y otras circunstancias, hace un año empecé este blog.
Dos son los otros factores que contribuyeron no poco. Uno, el que ya me hubiera aficionado a husmear y comentar aquí y allá en la blogosfera, a raíz de que meses atrás Jesús Zamora me invitara a pasear por su Barco-Blog. Otro, el que en algún momento de aquel rondar debí sin ser consciente de ello abrir una cuenta con mi propio blog.
No escribo sobre todo lo que me gusta ni sobre todo aquello en lo que creo puedo aportar alguna perspectiva de interés. Por ejemplo, no escribo sobre mi familia, aunque sea un tema que me interese más, y escribo poco de economía, por alguna razón de higiene mental y de diversificación en mis tareas. Pero sí creo que tengo un conocimiento suficiente en todos los temas que trato como para permitirme escribir lo que escribo.
Una lista de lo producido en las más de 150 entradas (una cada dos o tres días, por término medio) incluye:
-Una Historia Más Grande Jamás Contada, sobre la física clásica y la relatividad.
-Una Historia Más Asombrosa Jamás Contada, sobre la teoría de la evolución.
-Una Historia Más Extraña Jamás Contada, sobre la física de partículas y la mecánica cuántica.
-Una Historia Más Lúdica Jamás Contada, sobre la teoría de los juegos.
-Una serie contra el monopolio intelectual.
-Una serie, Al Monte se va con Botas, alertando sobre el vicio de argumentar sin el equipamiento adecuado, al modo de la metafísica clásica.
-Una serie sobre la Razón Moral, con retos a los razón moralistas para que resuelvan problemas morales sin usar otra cosa que la razón. (Tiene truco, todos los problemas expuestos tienen una demostración matemática de que tal cosa es imposible.)
-Una serie sobre paradojas.
-Una serie de pequeñas confesiones.
-Un resto de entradas sobre los temas más variopintos, desde gazapos periodísticos hasta reseñas musicales, desde el aborto hasta la homosexualidad, pasando por la pena de muerte, la religión, la corrección política o la política misma.
He pasado de las 22.222 visitas y tengo 58 seguidores (más de uno por semana, ¿alguien más se anima?)
Sé que en la blogosfera está garantizado el debate si uno toca la existencia de dios, el fundamento metafísico de las cosas y temas así. No los he eludido, pero he preferido centrarme en temas con más sustancia. Así, por ejemplo, me parecen interesantes los debates sobre los logros de la ciencia, sobre sus implicaciones sociales y morales y sobre los cuidados del método científico y los sesgos de no seguir ese método.  El debate sobre las causas últimas, en cambio, se me hace totalmente estéril y prefiero dedicarle lo justito, no vayamos a perder el tiempo en deseos.

También debo decir que me ha asombrado la cantidad de gente que sigue apoyando ideas filosóficas que creía tan superadas como la creencia en los cuatro elementos. De todo ha de haber.

Me ha alegrado, en fin, que entre tanto comentarista hay ya algun@s con quienes charlaría amigablemente, cerveza en mano. No hablo necesariamente de los que están de acuerdo conmigo, que también.
Gracias a tod@s, que sois el espejo en que me miro para saber si digo o no algo de interés. Continúen atent@s a sus pantallas, que seguiremos informando.

Agur t’erdi, Saludos, Saúdos, Saluts.

Miercoles, 10 de Febrero de 2010

Los engañosos límites del crecimiento

Es totalmente imposible crecer indefinidamente en un mundo limitado. Si, además, el crecimiento es exponencial, aunque la tasa sea de un mero 2% anual, la imposibilidad es todavía mayor.

Si cada año consumimos un 10% más de hierro, empezando por una tonelada el primer año, tardaremos unos seis siglos en consumir todo el hierro del planeta, incluso si cada año se recicla todo el hierro usado el año anterior. Recuérdese el caso del ajedrecista y el emperador. Al 10% de crecimiento anual, el consumo de hierro se dobla cada 7,5 años, aproximadamente. Con 10 veces que se doble el consumo, estaremos multiplicándolo por 1.000 (en realidad será un poco más: 210=1.024); con otras 10, por un millón, otras 20 alcanzan el billón y 40 más el trillón.
En ochenta doblamientos, que se dan cada siete años y medio, es decir en 600 años, se alcanza el cuatrillón de toneladas. Con 2×1024 toneladas de hierro (dos cuatrillones) en la tierra, núcleo incluido, acabaremos en el siguiente doblamiento, cuando hayan pasado 7,5 años más. El crecimiento exponencial es imposible.
Así, pues, no podemos crecer indefinidamente a una tasa positiva. ¿Cierto?
No tanto. Hemos supuesto que el crecimiento se refiere al consumo de materias primas. El crecimiento económico no tiene por qué implicar crecimiento en dicho consumo. Decimos que un país crece cuando el valor de lo producido un año es mayor que el valor de lo producido el año anterior. La producción no es la extracción de materias primas, sino la combinación de éstas es los distintos materiales y productos que constituyen los bienes que acaban consumiéndose. A esto hay que añadir toda la producción no material, como las obras literarias, las clases magistrales, los informes de consultoría, la descripción de nuevos inventos y técnicas,… que no son más que combinaciones de palabras u otro tipo de símbolos y, por lo demás, se almacenan en soportes que al final son combinaciones de materiales.
Cualquier ordenador actual tiene mucha más capacidad de cálculo y ofrece muchos más servicios que los primeros ordenadores habidos y, sin embargo, usan mucha menos materia y energía.
La combinación de los distintos materiales permite un crecimiento mucho mayor que la acumulación de materiales y las combinaciones posibles de los materiales son un número enorme. Aunque sólo una pequeñísima parte de las combinaciones sean útiles o presenten una mejora sobre la obtenida anteriormente, no hay razón para pensar que las hayamos agotado todas antes de que se acabe el sistema solar o el propio universo conocido.
Las combinaciones posibles de los materiales de la corteza terrestre son trillones de trillones de… (repítase esto un trillones de veces) … de trillones. Y me quedo corto. El crecimiento continuo está gobernado por la función exponencial, que crece muy rápido, pero el número de combinaciones está gobernado por la función factorial, que crece más rápido todavía. Para sostener el crecimiento a una tasa positiva deberíamos ser capaces de obtener una combinación de materiales que nos dé un incremento sobre la obtenida el año anterior, y este incremento debe ser una tasa constante hasta el final del sistema solar. Tal vez se nos acabe la inventiva o hayamos agotado las combinaciones útiles, pero el conjunto de combinaciones no ofrece, a priori, un límite al crecimiento.
No podemos crecer cada año a una tasa positiva en metros cuadrados de casa, ni en número de coches, ni en kilos de comida, ni en obras de teatro estrenadas, ni en energía consumida, ni en cantidad de modelitos que estrenar, ni en progenie,… ; pero sí podemos crecer casi indefinidamente en mejores diseños y en productos más eficientes y con más prestaciones. Por lo menos mientras el sol dure.
También nos podemos quedar estancados. Es otra opción.
Domingo, 7 de Febrero de 2010

Cuestión de orden


A menudo se dice que el materialismo o el positivismo son una postura metafísica, queriendo decir, según entiendo, que se trata de una concepción apriorística de cómo es la realidad y cómo se puede entender y que, como tal, está injustificada, puesto que de la realidad solo conocemos su apariencia ante nosotros.

No lo veo así. Ni mi materialismo ni mi positivismo (no sé si son las palabras adecuadas, tal vez otros materialistas o positivistas digan cosas distintas) se refieren a ninguna esencia de la realidad (ni yo ni nadie sabe qué es eso). Mi postura es la siguiente.

Cuando digo que soy materialista estoy solamente constatando que todas las teorías que tenemos acerca de cómo explicar la realidad son materialistas. De igual manera, cuando digo que soy positivista, solo constato que el método que tenemos para desarrollar esas teorías, el científico, se puede resumir en “método hipotético-deductivo-empírico”, donde lo empírico se equipara a positivo. Así que, lejos de ser un apriorismo, mi postura es una constatación empírica.

A partir de ahí podemos discutir si hay mejores teorías explicativas que no sean materialistas o si hay un método alternativo al científico que no use la empiria. Lo que constituye una teoría mejor es que con ella podamos hacer más cosas (cálculos, predicciones, inventos,…) que sin ella y lo que hace a un método mejor es que con él podamos desarrollar mejores teorías.

Esta es la manera de poner las discusiones en su sitio, sacarlas de lo no observable y no definible para enmarcarlas en lo observable y definible, en donde sabemos de qué estamos hablando.

¿Metafísica? No, gracias.

Cuestión de orden


A menudo se dice que el materialismo o el positivismo son una postura metafísica, queriendo decir, según entiendo, que se trata de una concepción apriorística de cómo es la realidad y cómo se puede entender y que, como tal, está injustificada, puesto que de la realidad solo conocemos su apariencia ante nosotros.

No lo veo así. Ni mi materialismo ni mi positivismo (no sé si son las palabras adecuadas, tal vez otros materialistas o positivistas digan cosas distintas) se refieren a ninguna esencia de la realidad (ni yo ni nadie sabe qué es eso). Mi postura es la siguiente.

Cuando digo que soy materialista estoy solamente constatando que todas las teorías que tenemos acerca de cómo explicar la realidad son materialistas. De igual manera, cuando digo que soy positivista, solo constato que el método que tenemos para desarrollar esas teorías, el científico, se puede resumir en “método hipotético-deductivo-empírico”, donde lo empírico se equipara a positivo. Así que, lejos de ser un apriorismo, mi postura es una constatación empírica.

A partir de ahí podemos discutir si hay mejores teorías explicativas que no sean materialistas o si hay un método alternativo al científico que no use la empiria. Lo que constituye una teoría mejor es que con ella podamos hacer más cosas (cálculos, predicciones, inventos,…) que sin ella y lo que hace a un método mejor es que con él podamos desarrollar mejores teorías.

Esta es la manera de poner las discusiones en su sitio, sacarlas de lo no observable y no definible para enmarcarlas en lo observable y definible, en donde sabemos de qué estamos hablando.

¿Metafísica? No, gracias.

Jueves, 4 de Febrero de 2010

La ballena, esa vaca

Es un error recurrente el identificar demasiado entre sí los elementos clasificados en un mismo grupo. Esto genera muchas falacias argumentales y demasiadas creencias infundadas. A continuación se presentan algunos ejemplos.

-Criticar la metafísica es hacer metafísica.
-La ciencia es una creencia más.
-El ateísmo es una religión.
-El ser humano es un gran simio.
-La ciencia es un lenguaje.
-La ciencia es una actividad humana.
-Los científicos son un grupo social.
Alguna de las afirmaciones anteriores son ciertas y otras son falsas. De todas se suelen sacar demasiadas conclusiones.
El ser humano es, efectivamente, una especie más de primate. Colocarnos en medio de esa compañía puede hacernos comprender algunas cosas acerca de nuestra naturaleza, pero analizar al ser humano sin tener en cuenta ese “pequeño” 2% que nos distingue genéticamente del chimpancé, por ejemplo, sería un craso error. Como lo sería decir que la ballena es como una vaca por su cercanía genética, sin reparar en que la pequeña diferencia entre ambos animales le permite a la ballena nadar por todos los mares del mundo.
De igual manera, decir que la actividad científica es una actividad social más y que, por tanto está sujeta a problemas semejantes a los que se encuentran en todo grupo social puede ser de interés para conocer el porqué de algunas prioridades, el comportamiento de algunos científicos, la rapidez o tardanza en aceptar algunos de los avances científicos o las luchas de poder dentro de esa comunidad.
Pero quedarnos solamente en esa perspectiva nos impedirá saber en qué consiste la actividad científica y nos sesgaría en la dirección equivocada, haciéndonos decir, por ejemplo, que las proposiciones científicas son tan dignas o indignas de crédito como las emitidas por los cabecillas de cualquier grupo social cuya primera prioridad es perpetuarse en la parcela de poder que tenga.
Lo mismo ocurre si nos empeñamos en decir cosas como que la ciencia es un lenguaje más o que es otra manera de tener fe. Lo primero nos lleva a lo mismo que hemos dicho para el argumento de la ciencia como actividad social. Lo segundo empieza a ser una falsedad. La ciencia no es una creencia más ni una manera más de buscar explicaciones sobre los fenómenos de la realidad.
La ciencia no se cree nada. Formula hipótesis que pone a prueba y que acepta o descarta provisionalmente según tenga o no pruebas de su veracidad. Se suele decir, llegados a este punto, que la ciencia “cree” que hay una realidad exterior y que “cree” que esta realidad es aprehensible y que ambas cosas carecen de prueba. Algunos van más lejos y llegan a decir que antes de ponerse a estudiar la realidad hay que saber cómo es esa realidad y que para ello hay que hacer metafísica. No es broma, esto me lo han dicho personas que, no tengo reparo en decirlo, muestran tener una inteligencia y cultura sensiblemente por encima de la media.

La ciencia no cree nada acerca de la realidad. Las hipótesis de que la realidad existe y de que es aprehensible (por lo menos en parte) se ponen a prueba cada vez que interaccionamos con ella, y cada vez la interacción es como esperaríamos si existiera esa realidad y como si pudiéramos aprehenderla. La hipótesis contraria no nos lleva a hacer ni más ni mejores cosas que esta, así que mantenemos la de su existencia. Por supuesto que todo puede ser un engaño de los sentidos y que vivamos en un mundo al estilo Matrix, o que sólo podamos acceder a una pequeña parte de la realidad (sólo a una parte de uno de los universos, sólo a tres de las muchas dimensiones que pueda haber,…). En esos casos, las proposiciones de la ciencia se referirán a ese mundo de engaños o a esa parte de la realidad accesible. Pero, sin manera de acceder a ello, la hipótesis de lo inaccesible es igual de vacua que la de la realidad inexistente.

Domingo, 31 de Enero de 2010

Las cuatro lenguas de España

Cierra los ojos despacio,
Pestaña contra pestaña,
Solo es español quien sabe
Las cuatro lenguas de España.
(Gabriel Aresti)
Un poco exagerado el poeta vasco (de Bilbao tenía que ser), pero no deja de haber un poco de verdad en su afirmación. No me refiero a saber las cuatro lenguas, sino a tener alguna aproximación a ellas y a sentirlas realmente como parte del patrimonio.
Nadie en España ve nada raro en recibir a un mandatario extranjero en castellano y con un alarde de música y bailes flamencos. Si, en cambio, en las olimpiadas de Barcelona se saluda en catalán o si recibimos a un jefe de estado con un aurresku, seguro que hay quien opina que estamos haciendo algo impropio. No debería ser así.
Por supuesto que podemos poner ejemplos en sentido contrario. Decir que Unamuno es parte de la cultura vasca o que Valle-Inclán lo es de la gallega tampoco debe ser susceptible de ninguna crítica, aunque ambos escritores usaran el castellano.
Si vamos más lejos y hablamos de la regulación que debe haber sobre el uso de las lenguas (y alguna debe haber, puesto que hay que decidir en qué lengua o lenguas educamos y en cuáles se conducen los negocios y las actividades públicas), lo primero en una sociedad abierta es cumplir en la mayor medida posible con los deseos de los ciudadanos y dirimir democráticamente las diferencias de criterio.
Conflictos habrá siempre. Buscar la manera de minimizarlos será una de las reglas de oro de la regulación. En España se ha dado estatus de lengua oficial en sus territorios a las lenguas minoritarias. No era la única opción. En Suiza, tres de las cuatro lenguas son oficiales en todo el país y un suizo puede pedir ser atendido en italiano en su embajada en el extranjero.
Cuál es el alcance de ese estatus de oficialidad es algo que no está definido en la Constitución ni está escondido en algún significado intrínseco de la palabra oficial. La elección de las lenguas gallega, vasca o catalano-valenciana como lenguas vehiculares de la educación es algo perfectamente legítimo en nuestro sistema Constitución-Comunidades Autónomas-Leyes de Educación. Lo mismo es la pretensión de que se rotule en la lengua particular o que se requiera el dominio de esta lengua para según qué trabajos. También lo es la obligación de conocer la lengua.
Es legal, pero ¿es conveniente? Hay quien piensa que para atender al público en una ventanilla en Cataluña no debería ser necesario que el funcionario sepa catalán. ¿Para qué, si todos los catalanes saben -la Constitución lo manda- castellano? Exigir el conocimiento del catalán sería discriminar a trabajadores que no conozcan la lengua. Un catalán podría trabajar de funcionario en Murcia, pero un riojano no podría hacerlo en Galicia.
El uso de una lengua no es una acción privada, sino social y, por tanto, con muchas componentes de bien público. En particular, una lengua está sujeta a lo que se denomina “externalidades de red”, donde las acciones individuales independientes y privadas no garantizan la eficiencia económica, y donde es necesaria una cierta coordinación sobre el uso de las redes para hacerlo. Las propiedades del uso del euskera o del valenciano-catalán dependen de la facilidad o preferencia por la expresión en esa lengua y también dependen de su uso posible en las esferas públicas o privadas. En los negocios privados la gente vota con dinero (entre otras cosas), en la cosa pública, se decide políticamente con los votos.
Para usar una lengua u otra no hay más razón que la preferencia personal. Un gallego no tiene por qué explicar su preferencia por hablar gallego más que un español su preferencia por no hablar, por ejemplo, inglés cuando por fin nos decidamos a poner esa lengua como oficial en toda Europa. Para decidir qué uso público dar a las lenguas no hay más que el delicado equilibrio político.
Hasta ahora los casos de abuso o discriminación en la exigencia de una lengua (y tenemos a muchas personas y medios de comunicación que buscan muy activamente y señalan tales abusos) han supuesto un problema de convivencia mucho menor que lo que creo hubiéramos tenido con un modelo alternativo.
En particular, decir que un catalán no debe quejarse por tener que hablar castellano cuando trata con la administración catalana porque, total, sabe castellano, supone tratar peor a los españoles que ya han hecho el mayor esfuerzo por la convivencia al aprender el idioma común.
No estoy diciendo que me parezcan bien todas las normas sobre las lenguas, lo que digo es que el sistema de competencias actuales permite un desarrollo normativo más acorde con las preferencias de los ciudadanos que ningún otro y que, en particular, evitará los abusos más que otros. Si los vascos encuentran abusivo que se pida el conocimiento del euskera para ejercer de cirujano, los partidarios de no hacerlo tendrán un motivo más para ser votados.
Viernes, 29 de Enero de 2010

El guardián del monopolio intelectual

Hoy nos ha llegado la noticia de la muerte de Salinger, el autor de The Catcher in the Rye (El guardián del centeno). Creo que fue el primer libro que leí cuando llegué a Chicago, regalo de una amiga de cuya mano conocí también los mejores lugares para oír Jazz y Blues en esa ciudad.

Me gustó el libro, mucho. El estilo directo y sin artificios que abunda en la literatura usamericana alcanza en este libro una de sus más altas cotas. Pero hoy se ha muerto el autor, no el libro. Salinger publicó poco y siempre fue muy celoso, no solo de su vida privada, a la que tiene derecho, sino de la vida de las ideas creadas por él, a lo que alguna legislación también le concede derecho.

El sueco Fredik Colting escribió una secuela del libro, titulada 60 años después: saliendo del centeno. El libro se publicó en el Reino Unido, pero en los EEUU se topó con una jueza que impidió su publicación ante la demanda impuesta por Salinger. Por culpa de esta interpretación exagerada de la propiedad, que se extiende al mundo de las ideas (véase mi entrada de hace unos días), se ponen límites a la difusión de una obra. Cuál pueda ser el cálculo coste/beneficio que hay detrás de esta manera de legislar se me escapa. Salinger no habría publicado menos de lo que lo ha hecho de haberse permitido la secuela.

De manera similar, si se hubiera prohibido en su día la publicación de El Quijote de Avellaneda habríamos perdido una obra sin ningún beneficio a cambio. Cervantes, en el prólogo a la segunda parte de su Quijote admite incluso -si no recuerdo mal- que la aparición de del impostor le sirvió de estímulo adicional.

Siguiendo con el tema del monopolio intelectual, ¿quién me hubiera dicho que iba a estar casi al 100% de acuerdo con Juan Carlos Rodríguez Ibarra, y para más inri quitándole la razón a uno de los escritores más respetables que tenemos? Su artículo en El País no tiene desperdicio por lo bien que señala el absurdo en el que se empeñan las editoras con el tema de los cánones.

Martes, 26 de Enero de 2010

Una semana de eventos

Esta semana hay dos eventos de interés en Madrid. Lástima que no estaré para verlos.

Por una parte tenemos la presentación del libro La Conspiración Lunar ¡Vaya Timo! de Eugenio Manuel Fernández, autor del estupendísimo blog Ciencia en el XXI. Tendrá lugar el día 29 de enero a las 20:00 horas en la librería Aquí la Ciencia en la calle Acuerdo, 10.
Por la otra, el sábado día 30 tendrá el primer encuentro de escépticos en el pub. Será en The Clover Douse (calle Almansa, 85) a las 19:30 y hablará Ismael Pérez Fernández, el autor del no menos estupendo blog Homínidos, sobre Astrología.
Puede que alguien piense que son temas menores, desde un punto de vista científico.
-”¿Quién cree en esas cosas si no es por falta de educación?” Podrá decirse.
No lo veo tan sencillo. Gente muy educada participa de esas creencias. Desvelar por qué ocurre y qué fallos metodológicos se presentan en este tipo de temas puede ayudar mucho a librarnos de esas y otras creencias que tal vez tengamos de manera igual de infundada.
Cuando en clase enseño el método científico todos lo entienden muy bien. Son capaces de aprenderlo y repetirlo en el examen. Son capaces incluso de discutir sobre paradigmas, falsacionismo y cosas así.
Si embargo, si solo enseño eso, no sabrán aplicarlo a casi nada y dirán cosas como que el método científico no se aplica a la Astrología (o a la Homeopatía) y se quedarán tan anchos. Según mi experiencia, insistir en los fallos y sesgos a los que se llega por no aplicar la lista de cuidados del método científico es tal vez más importante, pedagógicamente hablando, que insistir en los aciertos.
Sobre todo esto podremos aprender mucho en ambas charlas.
Lunes, 25 de Enero de 2010

La Teoría de los Juegos. La Historia Más Lúdica Jamás Contada. Y parte 17.

La fuerza del equilibrio
Llevo ya demasiadas partes de esta Historia Más Lúdica Jamás Contada y hay que darle fin. A las otras historias les di un orden bastante cronológico, pero esta se me ha desordenado un poco y se han mezclado los órdenes temporales con los ejemplos más o menos interesantes. Es lo que pasa cuando uno tiene demasiadas cosas en la cabeza.
En cualquier caso, seguirá habiendo entradas sobre juegos, su teoría y su metodología, pero quisiera acabar la serie que debería contener las ideas suficientes para que cualquiera se haga una composición de lugar adecuada de esta ciencia. El final será una pequeña reflexión sobre la fuerza del equilibrio.
Yo me saqué el carné de conducir pocos meses antes de irme a hacer el doctorado a los EEUU, en donde me compré un coche y empecé a conducir. Allí se conduce más despacio y con más respeto que en España y es difícil encontrar coches mal aparcados. La razón de esto es doble. Por una parte, la gente es más respetuosa con las normas de circulación (y las normas en general). Por la otra, es más fácil ser pillado in fraganti y pagar por la falta o delito.
A partir de aquí podemos especular si la gente es más civilizada por temor a las multas o el legislador ha sido capaz de imponer un sistema de multas porque la gente es más civilizada. Téngase en cuenta también que cuando la mayoría de la gente cumple las normas es más fácil castigar al que no lo hace. El caso es que la situación es un equilibrio al que se adaptan gentes de todo el mundo que viven en los EEUU.
Cuando volví a España (a Madrid, más concretamente), era respetuoso con las normas de circulación, pero poco a poco, el equilibrio español me iba llevando por su camino. Si quería no conducir muy rápido, tenía que ir por el carril derecho de las autopistas, pero entonces era una desesperación de vehículos demasiado lentos. Si quería evitarlos yendo por el carril de la izquierda, siempre había una recua de coches detrás presionando para que fuera más rápido.
En lo tocante a aparcar, pasaba algo parecido. Yo, buen ciudadano, buscaba un sitio legal, pero en el tiempo que empleaba para encontrarlo veía decenas de coches impunemente mal aparcados. Al final, uno sucumbía ante el mal ejemplo. Pero como no estaba acostumbrado a este equilibrio, no controlaba la situación. Al parecer, algunas infracciones están más toleradas que otras, y un mal aparcamiento en un tipo de circunstancias sale impune mientras otro mal aparcamiento en otras circunstancias no. Aprender cuáles eran los tolerados y cuáles no me costó un par de multas bien merecidas. Afortunadamente, la situación ha mejorado bastante y ahora no se me queda cara de tonto cuando respeto las normas.
Algo parecido nos pasa cuando vamos a un país todavía con menor educación vial que el nuestro. La primera impresión es que todo es caos y que todo está permitido. Los nativos, sin embargo entienden que hay unas cuantas reglas que, contra toda apariencia, se respetan. Estas reglas pueden tener la forma de “el vehículo más grande tiene preferencia, a no ser que el otro esté ya tan estropeado que una abolladura más no le importe demasiado”.
Viernes, 22 de Enero de 2010

¿Somos dueños de nuestras ideas?

La Comisión Nacional de la Competencia ha realizado un informe en el que señala que las sociedades de gestión de la propiedad intelectual constituyen, cada una en su ámbito, un monopolio. Esta es una verdad de Pero Grullo, al ser cada una única en su sector y al no haber libertad de entrada. El informe ha dado lugar a varias reacciones.

Pablo Hernández, subdirector general de la SGAE, dice:

“A veces llega uno a pensar que existe un lobby interesado en reducir la posibilidad de negociación de la SGAE”.

No sé si existe el lobby, pero reducir la posibilidad de negociación de un monopolio siempre es bueno. De hecho, en algunos países europeos hay posibilidad de elegir sociedad de gestión sin mayores problemas. Claro que luego estas sociedades no gastan tanto en abogados y en palacios como la SGAE.

En defensa de las sociedades sale, cómo no, nuestra ministra de cultura, que nos suelta esto:

“No podemos aprovecharnos del trabajo de los demás sin su conocimiento, ni poner en cuestión que somos dueños de nuestras ideas.”

Ambas cosas son falsas, a nada que se hable en serio de ellas y que no sean una metáfora de algo distinto. Vayamos por partes.

“No podemos aprovecharnos del trabajo de los demás sin su conocimiento”. Podemos y lo hacemos todo el rato con todo tipo de trabajos. Supongo que querrá decir que no podemos pedirle a alguien que trabaje en contra de su voluntad (que será voluble según lo que se le pague a cambio). Yo nunca le pediré a un escritor que escriba ni a un cantante que cante si no lo quiere hacer. En este punto creo que todos estamos de acuerdo, defensores del monopolio intelectual y defensores de la competencia intelectual.

“Somos dueños de nuestras ideas”. No es verdad más que en un sentido metafórico que nada tiene que ver con la gestión de los derechos de propiedad. Somos autores de las ideas que creamos y somos dueños de ellas mientras no se las comuniquemos a alguien y ese alguien haya entendido la idea o la tenga descrita de una manera que pueda ser entendida por alguien más. Tales de Mileto no es dueño del teorema de Tales, ni Beethoven lo es de sus sinfonías, ni Vargas Llosa de cada una de las frases, párrafos o capítulos su último libro. No hay manera física de apropiarse de una idea, y las imposibilidades físicas crean sus propias leyes. Estas personas son (o fueron) autores de las ideas y, como tales, deben ser reconocidos.

Si, además, queremos imponer un sistema de restricciones a la circulación de las ideas, será porque económicamente sea bueno, por ejemplo, porque da más incentivos a los autores, pero no porque la idea sea propiedad como lo es la de los bienes que he comprado o construido y que nadie puede disfrutar sin quitármelos o sin comprármelos.

Sobre el nulo incentivo que suponen las leyes de monopolio intelectual a la creación de ideas ya he hablado en las demás entradas sobre el monopolio intelectual y sobre la traba enorme que ponen a su difusión, también.