2009, el año del pánico
Bruce Sterling es un escritor estadounidense, especializado en el género de la ciencia ficción. Es considerado uno de los fundadores del movimiento cyberpunk junto con William Gibson. Para Sterling 2009 va a ser y está siendo ya el año del pánico. Ya sabemos que la realidad supera a la ficción. La novedad en estos tiempos de crisis es que la realidad incluso supera a la ciencia ficción. La traducción es de Ismael Valladolid, editor de La media hostia.
Bruce Sterling
El auténtico siglo XXI ya ha comenzado.
Siempre me ha impresionado el comportamiento de la gente durante pánicos masivos. Raramente creerán o reconocerán estar en pánico. En su lugar se asegurarán los unos a los otros que por fin la venda ha sido retirada de sus ojos, y que ven ahora la clara luz del dÃÂa de la racionalidad después de años de espejismos.
Sólo que un espejismo que dura décadas no es un espejismo, es una institución. Y esas, nuestras instituciones, nos están fallando. La gente ya no reconoce su valor. Y no sabe qué creer. Desafortunadamente es parte de la condición humana creer e invertir en cosas que demostrablemente no son ciertas.
Comenzando 2009, nuestras instituciones financieras están envueltas en un pánico masivo e irracional. Eso es malo, pero podrÃÂa ser peor. Muchas otras instituciones respetadas descansan sobre cimientos tan débiles como las hipotecas basura. Como las financieras, son instituciones que son en sàmismas construcciones sociales. Un juego de confianzas asentado sobre el solemne deseo de la gente de creer, financiar, contribuir. Asàque, ¿por qué no entrar en pánico también al respecto de ellas?
Vamos a considerar otras siete reservas de pavor popular potencial. Cualquiera puede entrar en erupción en cualquier momento, desmembrando el frágil equilibrio social que mantenemos creyendo cosas contrarias a los hechos.
1. El clima. La gente aún se comporta como si no pasase nada. Pero cada cientifico en el mundo que no lea a Michael Crichton sabe que sàpasa. El clima tiene una pinta terrible. Algo va mal en el cielo. Las terrorÃÂficas implicaciones aún no están disponibles para el pueblo. Y aunque Al Gore preparó un bonito PowerPoint sobre el tema que le dio un Premio Nobel, Al estaba tomándose el tema a la ligera.
Se ha convertido en un item de la fe fundamentalista mantener que el cambio climático es un bulo grotesco de la izquierda. Aún asÃÂ, dado que la lluvia cae igual sobre justos e injustos, será difÃÂcil reprimir un miedo honesto a las consecuencias. Un miedo que, al haber sido metódicamente oscurecido, emergerá de las nieblas de la superstición con aún más fuerza. No es como la crisis financiera, es una situación que es objetivamente aterradora y que seguirá siéndolo indefinidamente.
2. Propiedad intelectual. A saber, la absurda declaración de que una propiedad fácil de reproducir no debe ser reproducida.
Declarar que la «información quiere ser libre» no deja de ser una postura ideológica. Una situación mundana donde la información no puede ser otra cosa sino libre, y donde la información digital no puede ser monetizada, es estrambótica y aterradora. Y ningún banquero, ningún economista, tiene ninguna pista sobre qué hacer en estas condiciones.
La propiedad intelectual tuvo sentido y solió funcionar cuando las condiciones de la producción lo favorecÃÂan. Ahora no lo hacen. Si es tan sencillo copiar una pelÃÂcula, hay que tolerar los grises del uso justo. Si resulta fácil copiar un millón de veces la pelÃÂcula dándole a un botón, nuestra superestructura económica se va al carajo. Nuestra creencia en este tipo de «propiedad» se vuelve absurda.
Imaginar que invertir en propiedades ya no tiene valor es extraño, aunque nos las hemos apañado para que ocurra. Pero nuestra sociedad se construye también sobre el supuesto valor monetario de irrealidades. De hecho las economÃÂas más avanzadas del planeta están optimizadas para ganar mucho a partir de prácticamente nada. Las consecuencias globales definitivas de esta abyecta situación podrÃÂan superar el colapso del Comunismo.
3. Monedas nacionales. ¿Qué tienen que ver esas reliquias numismáticas con la economÃÂa global de hoy en dÃÂa? No existe la moneda nacional ni lo remotamente suficientemente fuerte como para resistir la persecución de los especuladores. Todas son burbujas en potencia hinchándose.
Cuando el efectivo es el rey, ¿qué pasa cuando las fuerzas del mercado se cargan el efectivo? ¿De verdad pensaban que el papel moneda iba a ser más valioso que las propiedades inmobiliarias, la irreal propiedad intelectual o las acciones en compañÃÂas con beneficios? ¿Alguien cree honestamente que los departamentos del tesoro de su paÃÂs son más creibles que un gran banquero? ¿En qué coño pensaba la gente? ¡A las barricadas!
4. Seguros. Cada año se elevan las cuotas de los seguros que cubren las catástrofes naturales, eludiendo el hecho de que no es posible asegurar lo que hace el planeta con nosotros.
Los seguros cubren el coste de la construcción. Si los costes se disparan, el sistema debe seguirlos. Entonces la gente pierde la fe en la institución del seguro. Porque los seguros no pueden pagar las condiciones de cambio climático. Asàque nos espera vivir todos en un planeta de chabolas.
La mayor parte de quienes viven en este planeta no tienen asegurado su hogar. Viven en una «arquitectura informal». Barrios, chabolas, favelas, squats. Distritos masificados que parecen haber pasado el Katrina todo el tiempo. Y cuando a la gente la echen de sus tan-caras y tan-aseguradas casas, es allàadonde tendrán que ir.
A menos que sean americanos, en cuyo caso vivirán en sus coches.
¿Cómo podrán pagar los americanos que se han quedado sin hogar su seguro de coche si ahora no tienen dirección fija? Además, las compañÃÂas que fabrican coche se han venido abajo desde que se conoció el colapso de Enron. De hecho el 2009 va a ser una especie de Enron planetario. Enron fue el eterno fantasma durante el banquete de la BushonomÃÂa. Los magnates de Enron eran realmente la princesa del cuento contemporáneo de la innovación en los negocios, heraldos de lo que vivimos ahora.
5. Los viejos. Nada es tan predecible hoy como el cambio demográfico. Obviamente nos estamos encontrando con hordas de ancianos. Pero nadie se enfrenta a este tema. Seguimos negando que existe. Esperamos que ocurra un milagro. Por ejemplo, que a todos los viejos deje de interesarles votar al mismo tiempo.
Incluso los viejos que llevan toda la vida ahorrando en 2009 ya no tienen nada. Pero no hay una forma razonable de convencerles de que el esfuerzo de una vida no sirvió para nada. La inflación está lista para destrozar a las personas con ingresos fijos. Los viejos, supuestamente la parte calmada y serena de nuestra sociedad, tienen todo el derecho a sentir pánico. No va a servir un beso de buenas noches.
6. El sistema Westfaliano. ¿Por qué las grandes potencias están perdiendo la guerra en Afganistán? Ni siquiera es un estado-nación, y aún asàse las apaña contra cualquiera que llegue. ¿Por qué fingimos que seguimos teniendo naciones? Naciones de mentira, naciones fallidas, no-naciones. ¡El post-estado Europeo!
Sin banderas, sin moneda. Porque la gente ya no tiene que creer en efigies. ¿Por qué permanecen? El beneficio de creer en las naciones es escaso. Un cavernÃÂcola chabolero de un estado fallido como Somalia encontrará la vida de pirata más atractiva que el trabajo duro para conseguir propiedades. El estado-nación falla, por arriba y por abajo. La guerrilla global y los pancarteros de Davos son primos.
7. Ciencia. Tener un presidente creacionista no es un problema. El culto al suicidio es el actor polÃÂtico más efectivo hoy en dÃÂa. Claramente a los millones de fundamentalistas en el mundo les gusta crear sus propias realidades.
El estándar de la evidencia y la prueba cientÃÂfica ya no resulta llamativo social ni polÃÂticamente. No es necesariamente un retorno a la cueva de la fe, más bien un algoritmo para la anarquÃÂa ontológica. Atacando el empirismo, el mundo descarta todas las buenas razones para creer que algo es real.
Si se desacredita la ciencia, ¿qué rigor intelectual le queda a la polÃÂtica? Pon juntos un poquito de aquày un poquito de allÃÂ, pon una ideologÃÂa encima como el Bolivarismo venezolano y la peculiar mezcla de espÃÂas, petróleo y Ortodoxia rusa. Combate sin estrategias, con la táctica del meollo, y cambia el mundo mientras tanto. Recógete salvajemente de una crisis de pánico y lánzate a la siguiente. Cree en todo lo que te susurran. Esconde y cierra todo lo que puedas. EspÃÂa las llamadas telefónicas, los emails y las páginas web que visitan los que podrÃÂan saber algo.
Si todo esto te lleva a un miserable estado final, encerrado con tus niños en un alberge firmemente agarrado a tus lingotes de plata, entonces podrás felicitarte de ser la vanguardia de la civilización.
Asàque 2009 va a ser un año escuálido, rehenes de nuestro propio planeta, algo que va más allá de una simple crisis financiera, donde la mano invisible del mercado, antes sirviente hoy maestro homicida, nos paseará a través de un conjunto miserable de instituciones, corporaciones, burocracias, profesiones y academias luchando con los ojos vendados, reventando vÃÂvidamente nuestros cerebros por ningún motivo evidente.
Podemos hacerlo mejor.
Visto en Seed Magazine.
Actualización: Gracias a C. MartÃÂn por la correción.
humanismo economia mundo 2009
Bruce Sterling
El auténtico siglo XXI ya ha comenzado.
Siempre me ha impresionado el comportamiento de la gente durante pánicos masivos. Raramente creerán o reconocerán estar en pánico. En su lugar se asegurarán los unos a los otros que por fin la venda ha sido retirada de sus ojos, y que ven ahora la clara luz del dÃÂa de la racionalidad después de años de espejismos.
Sólo que un espejismo que dura décadas no es un espejismo, es una institución. Y esas, nuestras instituciones, nos están fallando. La gente ya no reconoce su valor. Y no sabe qué creer. Desafortunadamente es parte de la condición humana creer e invertir en cosas que demostrablemente no son ciertas.
Comenzando 2009, nuestras instituciones financieras están envueltas en un pánico masivo e irracional. Eso es malo, pero podrÃÂa ser peor. Muchas otras instituciones respetadas descansan sobre cimientos tan débiles como las hipotecas basura. Como las financieras, son instituciones que son en sàmismas construcciones sociales. Un juego de confianzas asentado sobre el solemne deseo de la gente de creer, financiar, contribuir. Asàque, ¿por qué no entrar en pánico también al respecto de ellas?
Vamos a considerar otras siete reservas de pavor popular potencial. Cualquiera puede entrar en erupción en cualquier momento, desmembrando el frágil equilibrio social que mantenemos creyendo cosas contrarias a los hechos.
1. El clima. La gente aún se comporta como si no pasase nada. Pero cada cientifico en el mundo que no lea a Michael Crichton sabe que sàpasa. El clima tiene una pinta terrible. Algo va mal en el cielo. Las terrorÃÂficas implicaciones aún no están disponibles para el pueblo. Y aunque Al Gore preparó un bonito PowerPoint sobre el tema que le dio un Premio Nobel, Al estaba tomándose el tema a la ligera.
Se ha convertido en un item de la fe fundamentalista mantener que el cambio climático es un bulo grotesco de la izquierda. Aún asÃÂ, dado que la lluvia cae igual sobre justos e injustos, será difÃÂcil reprimir un miedo honesto a las consecuencias. Un miedo que, al haber sido metódicamente oscurecido, emergerá de las nieblas de la superstición con aún más fuerza. No es como la crisis financiera, es una situación que es objetivamente aterradora y que seguirá siéndolo indefinidamente.
2. Propiedad intelectual. A saber, la absurda declaración de que una propiedad fácil de reproducir no debe ser reproducida.
Declarar que la «información quiere ser libre» no deja de ser una postura ideológica. Una situación mundana donde la información no puede ser otra cosa sino libre, y donde la información digital no puede ser monetizada, es estrambótica y aterradora. Y ningún banquero, ningún economista, tiene ninguna pista sobre qué hacer en estas condiciones.
La propiedad intelectual tuvo sentido y solió funcionar cuando las condiciones de la producción lo favorecÃÂan. Ahora no lo hacen. Si es tan sencillo copiar una pelÃÂcula, hay que tolerar los grises del uso justo. Si resulta fácil copiar un millón de veces la pelÃÂcula dándole a un botón, nuestra superestructura económica se va al carajo. Nuestra creencia en este tipo de «propiedad» se vuelve absurda.
Imaginar que invertir en propiedades ya no tiene valor es extraño, aunque nos las hemos apañado para que ocurra. Pero nuestra sociedad se construye también sobre el supuesto valor monetario de irrealidades. De hecho las economÃÂas más avanzadas del planeta están optimizadas para ganar mucho a partir de prácticamente nada. Las consecuencias globales definitivas de esta abyecta situación podrÃÂan superar el colapso del Comunismo.
3. Monedas nacionales. ¿Qué tienen que ver esas reliquias numismáticas con la economÃÂa global de hoy en dÃÂa? No existe la moneda nacional ni lo remotamente suficientemente fuerte como para resistir la persecución de los especuladores. Todas son burbujas en potencia hinchándose.
Cuando el efectivo es el rey, ¿qué pasa cuando las fuerzas del mercado se cargan el efectivo? ¿De verdad pensaban que el papel moneda iba a ser más valioso que las propiedades inmobiliarias, la irreal propiedad intelectual o las acciones en compañÃÂas con beneficios? ¿Alguien cree honestamente que los departamentos del tesoro de su paÃÂs son más creibles que un gran banquero? ¿En qué coño pensaba la gente? ¡A las barricadas!
4. Seguros. Cada año se elevan las cuotas de los seguros que cubren las catástrofes naturales, eludiendo el hecho de que no es posible asegurar lo que hace el planeta con nosotros.
Los seguros cubren el coste de la construcción. Si los costes se disparan, el sistema debe seguirlos. Entonces la gente pierde la fe en la institución del seguro. Porque los seguros no pueden pagar las condiciones de cambio climático. Asàque nos espera vivir todos en un planeta de chabolas.
La mayor parte de quienes viven en este planeta no tienen asegurado su hogar. Viven en una «arquitectura informal». Barrios, chabolas, favelas, squats. Distritos masificados que parecen haber pasado el Katrina todo el tiempo. Y cuando a la gente la echen de sus tan-caras y tan-aseguradas casas, es allàadonde tendrán que ir.
A menos que sean americanos, en cuyo caso vivirán en sus coches.
¿Cómo podrán pagar los americanos que se han quedado sin hogar su seguro de coche si ahora no tienen dirección fija? Además, las compañÃÂas que fabrican coche se han venido abajo desde que se conoció el colapso de Enron. De hecho el 2009 va a ser una especie de Enron planetario. Enron fue el eterno fantasma durante el banquete de la BushonomÃÂa. Los magnates de Enron eran realmente la princesa del cuento contemporáneo de la innovación en los negocios, heraldos de lo que vivimos ahora.
5. Los viejos. Nada es tan predecible hoy como el cambio demográfico. Obviamente nos estamos encontrando con hordas de ancianos. Pero nadie se enfrenta a este tema. Seguimos negando que existe. Esperamos que ocurra un milagro. Por ejemplo, que a todos los viejos deje de interesarles votar al mismo tiempo.
Incluso los viejos que llevan toda la vida ahorrando en 2009 ya no tienen nada. Pero no hay una forma razonable de convencerles de que el esfuerzo de una vida no sirvió para nada. La inflación está lista para destrozar a las personas con ingresos fijos. Los viejos, supuestamente la parte calmada y serena de nuestra sociedad, tienen todo el derecho a sentir pánico. No va a servir un beso de buenas noches.
6. El sistema Westfaliano. ¿Por qué las grandes potencias están perdiendo la guerra en Afganistán? Ni siquiera es un estado-nación, y aún asàse las apaña contra cualquiera que llegue. ¿Por qué fingimos que seguimos teniendo naciones? Naciones de mentira, naciones fallidas, no-naciones. ¡El post-estado Europeo!
Sin banderas, sin moneda. Porque la gente ya no tiene que creer en efigies. ¿Por qué permanecen? El beneficio de creer en las naciones es escaso. Un cavernÃÂcola chabolero de un estado fallido como Somalia encontrará la vida de pirata más atractiva que el trabajo duro para conseguir propiedades. El estado-nación falla, por arriba y por abajo. La guerrilla global y los pancarteros de Davos son primos.
7. Ciencia. Tener un presidente creacionista no es un problema. El culto al suicidio es el actor polÃÂtico más efectivo hoy en dÃÂa. Claramente a los millones de fundamentalistas en el mundo les gusta crear sus propias realidades.
El estándar de la evidencia y la prueba cientÃÂfica ya no resulta llamativo social ni polÃÂticamente. No es necesariamente un retorno a la cueva de la fe, más bien un algoritmo para la anarquÃÂa ontológica. Atacando el empirismo, el mundo descarta todas las buenas razones para creer que algo es real.
Si se desacredita la ciencia, ¿qué rigor intelectual le queda a la polÃÂtica? Pon juntos un poquito de aquày un poquito de allÃÂ, pon una ideologÃÂa encima como el Bolivarismo venezolano y la peculiar mezcla de espÃÂas, petróleo y Ortodoxia rusa. Combate sin estrategias, con la táctica del meollo, y cambia el mundo mientras tanto. Recógete salvajemente de una crisis de pánico y lánzate a la siguiente. Cree en todo lo que te susurran. Esconde y cierra todo lo que puedas. EspÃÂa las llamadas telefónicas, los emails y las páginas web que visitan los que podrÃÂan saber algo.
Si todo esto te lleva a un miserable estado final, encerrado con tus niños en un alberge firmemente agarrado a tus lingotes de plata, entonces podrás felicitarte de ser la vanguardia de la civilización.
Asàque 2009 va a ser un año escuálido, rehenes de nuestro propio planeta, algo que va más allá de una simple crisis financiera, donde la mano invisible del mercado, antes sirviente hoy maestro homicida, nos paseará a través de un conjunto miserable de instituciones, corporaciones, burocracias, profesiones y academias luchando con los ojos vendados, reventando vÃÂvidamente nuestros cerebros por ningún motivo evidente.
Podemos hacerlo mejor.
Visto en Seed Magazine.
Actualización: Gracias a C. MartÃÂn por la correción.
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